Imagen interior de la librería El Bosque de la Maga Colibrí
Imagen interior de la librería El Bosque de la Maga Colibrí - ABC
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El Bosque de la Maga Colibrí: los niños son los mejores lectores

Esta librería de Gijón, especializada en literatura infantil y juvenil, acaba de recibir el premio Serondaya de Innovación Cultural por su proyecto cultural de promoción de la lectura. Hablamos con Lara Meana, su artífice

MadridActualizado:

¿Por qué decidiste ser librera?

Mi primer trabajo, el verano que cumplí catorce años, fue en una caseta de la Feria del Libro de Gijón. Desde entonces, mi padre siempre dijo que yo acabaría teniendo mi propia librería. Yo me dediqué a contradecirle durante muchos años: estudié Psicología, hice trabajo comunitario como voluntaria en Guatemala, di clases de inglés y finalmente me hice bibliotecaria, que era otra manera de ejercer el oficio. No quería abrir una librería porque no tenía claro el modelo. Me gustaba la función pública y me interesaba sobre todo la promoción de la lectura. Hasta que me enamoré de la LIJ (literatura infantil y juvenil) y pensé en un proyecto que uniese ambas pasiones: una librería especializada con fondos seleccionados en base a criterios de calidad que ofreciese también servicios de promoción lectora.

¿Cuál es tu sección favorita de la librería?

Más que una sección bibliográfica, que supongo que es a lo que se refiere realmente la pregunta, mi sección favorita es nuestro Teatro del Bosque. Un espacio amplio donde pasan las cosas más interesantes: las exposiciones de ilustración, los encuentros con autores y editores, los recitales de poesía, los talleres de animación lectora y teatro con grupos grandes de niños y jóvenes, los cursos de formación de profesorado, ilustradores y escritores. También es el lugar donde se reúne nuestro Bosque de Lecturas: un grupo de docentes que se junta una vez al mes desde hace siete años para poner en común lo que ocurre cuando se llevan los libros al aula. El Teatro del Bosque es el espacio donde seguimos aprendiendo sobre los libros y sus oficios, sobre la lectura y los lectores

Si tuvieras espacio infinito, ¿qué añadirías?

Pues no lo sé. Creo que tener un espacio finito -y yo no me puedo quejar- te ayuda a afinar la selección al máximo. Supongo que ampliaría las secciones dirigidas a adultos. Aunque también tengo que reconocer que, puestos a pedir, me encantaría tener un patio al aire libre como el de la librería Casa Anita de Barcelona. Aunque entonces también tendría que encargar un tiempo mediterráneo…

¿A qué autor/a, ya fallecido/a, te habría gustado invitar a un club de lectura?

Sin duda, a Roald Dahl, uno de mis autores favoritos por su valentía e irreverencia. Me encantan sus libros, tanto para niños como para adultos.

¿Y actual?

De los actuales, me encantaría conocer a Tomi Ungerer. Y charlar con Shaun Tan: aparte de que sus libros siempre son un desafío para mí, le escuché una vez en una conferencia en la Feria de Bolonia y me dejó fascinada.

¿Tu libro favorito?

Esta pregunta es la más difícil de todas. De nuevo tengo que quedarme con dos. «Orgullo y prejuicio» es la novela que más veces he leído en los últimos veinticinco años, y sigue sorprendiéndome por su ingenio y su sentido del humor. De literatura infantil, creo que mi libro favorito es «Todos sus patitos», de Christian Duda y Julia Friese. Lo uso siempre como ejemplo de lo que es un buen álbum ilustrado y sigue conmoviéndome.

¿Cuál es la mayor sorpresa que te ha deparado un lector?

Los lectores me sorprenden continuamente, en especial los más pequeños. Con ellos aprendo a leer mejor cada día. Me descubren aspectos de los libros que yo no había visto, claves en los textos que se me escapan, detalles en las ilustraciones que aportan significados nuevos a la lectura. Con frecuencia son mejores lectores que nosotros. Incluso aunque aún no sepan leer textos.

¿Y la situación más extraña que has vivido?

Un padre, recién divorciado, empieza a traer a su hija de cinco años a los talleres semanales de la librería. Al final de cada taller, los niños se llevan siempre uno o dos libros en préstamo de nuestra biblioteca, para compartir en familia. Después de tres semanas, cuando la niña entra a la actividad, el padre se queda comentando conmigo lo mucho que le han gustado los libros que ha leído con su hija. Me confiesa que no había vuelto a leer desde que dejó el instituto, salvo las revistas de música que colecciona. Me pide un libro para él. Yo doy vueltas por la librería pensando qué darle a alguien que no ha leído literatura en veinte años. Me decido por «Maus», el cómic de Spiegelman. A la semana siguiente vuelve, hablamos del libro. Me pide algo de narrativa. Pasa otra semana y me dice que ha oído hablar de Paul Auster y le apetece leer algo suyo. Se compra «La trilogía de Nueva York». Y así va pasando el tiempo y tengo un lector ávido con el que conversar cada semana. Un lector que descubrió el placer de leer compartiendo lecturas con su hija. Meses más tarde viene a la librería acompañado de su nueva pareja. En un momento en que él está distraído, ella me susurra: «Verás, es que él se pasa las noches leyendo y yo me aburro como una ostra. No he vuelto a leer desde el instituto. ¿Me puedes recomendar algún libro para mí? Me gustan las historias de amor…».

Si no estuvieras al frente de una librería, ¿qué estarías haciendo?

Además de ser librera, me dedico también a hacer otras cosas. Trabajo para distintas editoriales, doy cursos de formación de profesorado y talleres de animación lectora, traduzco, edito, escribo. Así que supongo que seguiría en este mundo de la promoción de la lectura, pero desde otros campos.

¿Cuál es el mejor recuerdo que guardas de las librerías de tu infancia?

Por mi cumpleaños, mi padre siempre me daba dinero para gastar en Bristol, la librería de mi barrio. Me encantaba ir, que me sacaran una pila de libros y mirarlos uno a uno hasta decidirme. Cuando empecé a leer «cosas raras» (la librera dixit) empecé a frecuentar Paradiso. Con quince años, mi mayor placer era sentarme en el suelo de madera delante de la sección de poesía, escoger varios libros y leer un poema de cada uno para elegir cuál llevarme.

¿Qué consejo le darías a alguien que abriera ahora una librería o que estuviera pensando hacerlo?

Las librerías han de tener personalidad propia, tiene que verse al librero que hay detrás en la selección de fondos. Es un camino contracorriente en un momento en que la cadena de distribución presiona para que las librerías sean un escaparate de novedades, pero es imposible ser un buen librero a la velocidad que dicta el mercado. La supervivencia de una librería está en su especialización o en que tenga un carácter marcado en los libros que habitan sus estanterías.

¿Qué tiene de especial vuestra librería? ¿Por qué hay que visitaros?

A parte de estar en un local particular por su diseño y de tener unas vistas al mar increíbles, creo que los libros que componen nuestro fondo sorprenden a los que nos visitan por primera vez. La pregunta que más suelen hacernos es: ¿de dónde sacáis todas estas joyas? Sobre todo referida a la literatura ilustrada para adultos. Sin embargo, creo que lo que nos diferencia verdaderamente es el contacto con los lectores. No sólo conocemos los libros porque los hemos seleccionado uno a uno; también tenemos la experiencia de haber compartido su lectura con los niños y los jóvenes, o tenemos referencia de personas que lo han hecho y en cuyo criterio confiamos. Y eso hace más fácil acertar cuando recomendamos.

Y la última: ¿qué libro, de reciente publicación, recomendarías a nuestros lectores?

De mis últimas lecturas, el libro que más me ha tocado ha sido «Mi pequeño», de Germano Zullo y Albertine, publicado por la editorial argentina Limonero. Un álbum ilustrado lleno de belleza sobre la relación entre una madre y un hijo a lo largo de la vida.