T. S. Eliot abandonó a Vivienne Haigh-Wood tres años después de casarse. ABC

Una biografía de la mujer de Eliot relata su penosa historia de amor

¿De qué vale ser un poeta famoso si tu mujer te deja por otro? De un tema excelente, si se juzga por la contumacia con que ese suceso se ha venido repitiendo a lo largo de la historia. El caso de T. S. Eliot es uno más entre tantos, pero el hecho de que su mujer, Vivienne, tuviera una historia con Bertrand Russell y luego acabara loca parece del suficiente interés como para justificar una biografia, la escrita por Carole Seymour-Jones.

LONDRES. José Manuel Costa, corresponsal
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Aparentemente, Thomas y Vivienne, a quien la «intelligentsia» aristocrática de Londres consideraba una personalidad algo vulgar, se encontraron en 1915, durante un baile en el Savoy. Eliot había comenzado a frecuentar la bohemia elegante de la capital un poco aburrido de los «tés cubistas» con Ezra Pound o Wyndham Lewis en Oxford, donde estaba como profesor invitado de filosofía.

Ella, Vivienne Haigh-Wood, era una joven francamente guapa y de familia adinerada con una especial fascinación por todo lo estadounidense, desde el base-ball hasta el baile o el «kinema». No es raro que quedara impresionada con el «príncipe» norteamericano, un hombre de sexualidad bastante problemática que despertaba un intenso y extenso interés entre las mujeres.

El matrimonio que surgió de ese encuentro parecía algo forzado y existe toda una escuela dispuesta a demostrar que el pobre Eliot fue «cazado» por Vivienne de mala manera. Sin embargo, todo da a entender que el escritor se ofuscó él solo, atraído quizás por la disponibilidad y la riqueza de su prometida.

De hecho, cuando el 29 de junio de 1915 se casaron por lo civil en los juzgados de Hampstead, tan solo tres meses después de haberse conocido, la pareja ni siquiera se había planteado donde iban a vivir, y mucho menos de qué.

De hecho, el viaje de novios fue una catástrofe sexual y afectiva que incluyó escenas como Eliot durmiendo en una hamaca de la terraza mientras su mujer se dedicaba a destrozar la habitación.

Aquí es donde entra en acción otro nombre famoso, el filósofo aristócrata Bertrand Russell. La historia es genial, porque Vivienne y Russell se sintieron inmediatamente atraídos y le propusieron a Thomas que el matrimonio compatiera el piso de Russell en Bury Street, algo que a Eliot le pareció un don caído del cielo y que en realidad degeneró en una tragicomedia de enredos con protagonistas de altura.

Todo esto duró unos tres años que concluyeron cuando Russell decidió abandonar a Vivienne, una sola entre sus muchas novias, y ésta se dedicó a las drogas y a todo tipo de amoríos, que Eliot contemplaba impávido, pero cada vez más molesto, hasta que decidió solicitar el divorcio en 1933, aunque ya llevaban casi medio año separados. En 1938 y tras un fugaz y accidentado encuentro en 1935, Vivienne fue recluida en el manicomio de Northumberland House, donde murió de un ataque al corazón en 1947.