El Barco de Vapor, cuarenta años a toda máquina

La emblemática colección infantil lleva vendidos 52 millones de ejemplares desde sus comienzos, en 1978

MadridActualizado:

En 1978, que terminaba aprobando Constitución, la televisión, el cine, la música y la literatura vivían el fin de la censura tras cuarenta años de férreo control. En las radios sonaba «Vivir así es morir de amor», de Camilo Sesto, y «La de la mochila azul», de Pedrito Fernández; a las pantallas llegaban «Grease» y «Tiburón 2», y los niños de aquel año asistían al estreno televisivo de «Los Teleñecos» y «Orzowei».

Este fue el caldo de cultivo cultural, en plena ebullición, en el que la editorial SM, que hasta ese momento se centraba en los libros de texto, alumbraba su colección más famosa: El Barco de Vapor. «Supuso un cambio de paradigma», señala Gabriel Brandáriz, gerente editorial de literatura infantil y juvenil de SM. «Por primera vez en nuestro país -continúa-, la literatura infantil adquirió un corpus de colección. Marcó un camino».

Así nacía la primera colección literaria española dirigida a niños que estaba segmentada por edades y por temáticas. Las series blanca, azul, naranja y roja cubrían una franja de edad desde los 6 a los 12 años. Cincuenta y dos millones de ejemplares vendidos a lo largo de estos cuarenta años le han dado la razón. Estas cuatro décadas han estado marcadas por autores ya consagrados como Laura Gallego, Jordi Sierra i Fabra, Roberto Santiago o Ricardo Gómez y libros inolvidables como «Fray Perico y su borrico», «El pirata Garrapata» o «El Pampinoplas», que se mantienen entre los más de cuatrocientos títulos vivos del catálogo de El Barco de Vapor.

Varias generaciones han quedado unidas, pues, a lo largo de esa dilatada historia literaria. Ese tiempo le otorga en el presente un barniz de nostalgia irresistible para los padres que leyeron esos libros en su infancia y que ahora ven cómo sus hijos los rescatan de las estanterías de casa o los traen del colegio, donde la colección sigue siendo un referente a la hora de recomendar lecturas para sus alumnos. «Me hace mucha gracia ver cómo mi hijo de siete años viene con el mismo libro que leía yo cuando era pequeño. Les gusta lo mismo a los niños de ahora que a los de hace 37 años», explica Brandáriz.

Pero esa añoranza no convierte a El Barco de Vapor en cosa del pasado, sino del presente y del futuro. La selección entre los más de dos mil manuscritos que pujan cada año por entrar a formar parte de la colección sigue las mismas premisas que se establecieron al fundarla: «Que tenga calidad literaria y que veamos que la gráfica también tiene trayectoria, porque es una parte que para nosotros tiene mucho peso. Por otra parte, que tenga un valor formativo, pero sin moralinas; que tenga un poder transformador que genere en los niños un espíritu crítico, que les haga pensar, pero que no les dé las respuestas de forma obvia. También tiene que ser una historia motivadora y cercana, y que nos haya enganchado», resume este especialista.

De este modo, «los que fuimos lectores y ahora nos hemos convertido en prescriptores de nuestros hijos -prosigue- podemos tener la tranquilidad absoluta de que, aunque se haya renovado formalmente, la base de los libros es exactamente igual que hace cuarenta años. Hemos recogido el testigo».

Los galardones

Con el objetivo de fomentar la creación literaria, la colección organiza de forma anual, además, los premios El Barco de Vapor. Los doscientos manuscritos que se suelen presentar en cada edición lo hacen en el más absoluto anonimato. «Abrir la plica siempre es una sorpresa. A veces porque son autores que conoces y otras, porque son totalmente desconocidos. Ese fue el caso de Laura Gallego, de Ricardo Gómez o de Puño», señala el experto.

Precisamente, este último autor ha sido el ganador de 2018 con su libro «La niña invisible», que narra la lucha por la igualdad de una pequeña en la prehistoria. ¿Son estos galardones entonces un reflejo de su tiempo? Brandáriz responde: «Los conflictos de los personajes, su motivación, las historias pivotan siempre sobre los mismos arquetipos, pero luego son esas preocupaciones sociales las que le otorgan a un libro esa pátina de actualidad. Unos pasan y otros trascienden, como la reivindicación del papel de la mujer en la sociedad que refleja “La niña invisible”. Es importante abordar todo este tipo de temas en la literatura infantil, y también no hacerlo desde la moralina o lo “collejil”, pero los niños no pueden estar aislados de lo que pasa a su alrededor».