Álvaro Valverde: la vida que se escapa
El poeta placentino Álvaro Valverde - alberto valverde
poeta de feria

Álvaro Valverde: la vida que se escapa

Se publica «Un centro fugitivo», antología del poeta placentino

madrid Actualizado:

Álvaro Valverde es uno de los nombres más propios de su quinta poética, la del 59, y uno de los poetas de trayectoria más seria y rigurosa e intransferible de nuestra lírica de hoy. Además de un par de novelas, Álvaro ha firmado poemarios imprescindibles de los últimos veinticinco años.

Ahí están títulos como «Las aguas detenidas», «Una oculta razón» (Premio Loewe), «Mecánica terrestre» y «Desde fuera». Por ello, hora era de que se editase una antología de garantías que recogiera lo mejor y más fundamental de su obra poética, que no es poca. Así ha sido, y la feliz idea ha corrido a cargo la editorial La isla de Siltolá, dentro de su colección Arrecifes. El título, «Un centro fugitivo» y el editor igualmente de total solvencia, el también poeta Jordi Doce.

El propio Doce nos sitúa y presenta a Valverde: «Su poesía se inscribe por voluntad propia en un linaje de poesía meditativa que, entre nosotros formalizaron Unamuno y Machado, pero que sólo con Cernuda adquirió conciencia plena de su horizonte de expectativas.... y de los hitos que, dentro de la tradición española (Manrique, cierto Garcilaso, Aldana...) permitían incorporar sin excesiva rudeza los logros del romanticismo anglo-germánico».

Las huellas del tiempo

Estas características eran apreciables en «Las aguas detenidas» (1989) donde también se entreveraban las saludables esencias de Juan Ramón, Zambrano, Claudio Rodríguez, incluso el Colinas de «Astrolabio», como sugiere Jordi Doce. Aquella trascendencia ha ido abriendo paso a un poeta de aliento elegíaco, complacido en dibujar las huellas del tiempo, el paso de las estaciones, ese mundo siempre herido de melancolía, de fatalidad, surcado de espinas.

isla de siltolá
isla de siltolá

Del mismo modo se puede apreciar últimamente en la obra de Valverde una vuelta «al poema breve, impresionista, cercano en ocasiones al espíritu del haiku», como subraya Doce.

Con sus versos, Álvaro Valverde habla por nosotros, nombra y renombra, certifica el demoledor paso del tiempo sobre los humanos y las cosas, echa sus redes y pesca para nosotros, los lectores, lo inasequible, lo que se ha ido, lo que fue.

Como concluye Jordi Doce: «El prodigio de la poesía radica precisamente en esto. Que solo el poeta dotado de una voz y un mundo personal, distintivo, es capaz de hablar en nuestro nombre, mostrar en qué radica nuestra vida. Pocos entre nosotros ha sabido ejercer este magisterio como Álvaro Valverde, y hacerlo con su rigor, su apego a lo real, su hondura expresiva».

«Un centro fugitivo» que Valverde pone en el mapa de la vida, en la ruta del hombre.