La autora bielorrusa Svetlana Alexievich, fotografiada en Minsk en 2014 - REUTERS

Svetlana Alexievich, Premio Nobel de Literatura

La autora bielorrusa ha sido galardonada por la Academia Sueca por su «obra polifónica», «un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo»

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Svetlana Alexievich (Frankivsk, 1948) ha sido galardonada con el Premio Nobel de Literatura 2015, según ha anunciado Sara Danius, secretaria permanente de la Academia Sueca, en Estocolmo.

La Academia ha asegurado que el ha decidido otorgar el galardón a la autora bielorrusa por su «obra polifónica», que le hace un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo. «Es maravilloso recibir este premio», dijo Alexievich en una primera reacción al canal sueco SVT. La autora añadió que se sentía orgullosa de estar ahora en una lista de escritores a la que pertenece Boris Pasternak, a quien en su momento las autoridades soviéticas le impidieron recoger el Nobel de Literatura. La bielorrusa es la decimocuarta mujer en ser distinguida con galardón de la Academia Sueca, dotado con 8 millones de coronas suecas (algo más de 860.000 euros) y que será entregado el 10 de diciembre en Estocolmo.

Alexievich es una maestra del reportaje literario, género con el que relata con toda su crudeza el fracaso de la utopía soviética. Como si fuera una arqueóloga, Alexievich se sumerge con la ayuda de cientos de entrevistas en los acontecimientos más traumáticos que han marcado la vida del «homo soviéticus», como la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Afganistán, la catástrofe de Chernóbil y la desintegración de la URSS. De hecho, en noviembre Debate publicará en España «La guerra no tiene rostro de mujer», estremecedor relato, conformado como crónica periodística a través de las voces de sus protagonistas, de la experiencia de las mujeres que combatieron en la Segunda Guerra Mundial.

Problemas con Putin

La autora bielorrusa no se queda anclada en el pasado, sino que documenta de manera muy crítica el derrotero que han tomado desde 1991 países como Rusia, a cuyo presidente, Vladimir Putin, acusa de llevar a su país al medievo con su «culto a la fuerza». De padre bielorrusa y de madre ucraniana, Alexievich nació el 31 de mayo de 1948 en el oeste de Ucrania, aunque posteriormente su familia emigró a la vecina Bielorrusia.

Trabajó como profesora de historia y de lengua alemana, aunque pronto optó por dedicarse a su verdadera pasión, el reportaje, y, de hecho, en 1972 se licenció en la Facultad de Periodismo de Minsk y ejerció como redactora en varios diarios de su país. Su primer libro, el mencionado «La guerra no tiene rostro de mujer» (1983) -hasta ahora inédito en España-, le costó un varapalo de las autoridades soviéticas, que le acusaron de naturalismo y pacifismo, duras críticas en esos tiempos que impidieron su publicación.

Víctimas y testigos

Aunque ingresó en 1984 en la Unión de Escritores de la Unión Soviética, no pudo publicar hasta la llegada de la Perestroika en 1985 el primer libro de su ciclo «El hombre rojo. La voz de la utopía». Traducida a más de veinte idiomas, el libro narra el inconmensurable coste de la victoria sobre la Alemania nazi en la Gran Guerra Patria (1941-45), como se conoce en esa zona del mundo, la Segunda Guerra Mundial.

Aunque la mayoría de los soldados soviéticos fueron hombres -cerca de un millón de mujeres sirvieron en el Ejército Rojo-, las mujeres sufrieron tanto en el frente de batalla como en la retaguardia como madres, hijas y hermanas. Ese mismo año se publicó también «Últimos testigos», relatos que fueron muy alabados por la crítica como precursores de la «nueva prosa bélica» y que recoge las voces de aquellos que vivieron de niños (6-12 años) la contienda.

Chernóbil

La Guerra de Afganistán, acontecimiento que precipitó la desintegración soviética, es el protagonista de «Los chicos del zinc» (1989), pero desde el punto de vista de los veteranos y de las madres de los caídas en el país centroasiático. Para escribir esa obra, Alexievich dedicó cuatro años a viajar por la Unión Soviética e incluso visitó Afganistán, pero su publicación estuvo rodeada por la controversia, ya que la escritora fue acusada de profanar la memoria de los héroes de la guerra.

Una vez consumada la caída de la URSS, Alexievich dio una nueva vuelta de tuerca en su investigación sobre el fracaso de la utopía comunista con «Hechizados por la muerte», un reportaje literario sobre el suicidio de aquellos que no soportaron el fracaso del mito socialista (1994). «Voces de Chernóbil», publicado a principios de este año en España, documenta las vivencias orales sobre el trauma que supuso la mayor catástrofe nuclear de la historia de la humanidad (1986) y que puso de manifiesto la amenaza que el fallido proyecto soviético representaba para el resto del mundo.

El «homo sovieticus»

Alexievich cerró el ciclo sobre el «homo sovieticus» con «Tiempo de segunda mano», publicada en 2013, un año en el que sonó como una de las favoritas al Nobel (ese mismo año logró el Premio de la Paz que otorga el gremio de libreros alemanes). En su opinión, el título de ese libro alude a que los soviéticos viven de prestado, ya que no estaban preparados ni para la Revolución Bolchevique, ni para la Perestroika, ni para la pesada carga de libertad que trajo la caída del sistema comunista.

«El homo sovieticus nunca ha tenido experiencia de libertad o democracia. Creímos que nada más derribar la estatua de (el fundador del KGB, Félix) Dzherzhinski, seríamos Europa. La democracia es un trabajo duro que lleva generaciones», dijo entonces. La escritora rememora el viejo debate entre Alexandr Solzhenitsin -«el campo de trabajo hace al hombre más fuerte»- y Varlam Shalámov, quien opinaba que «el campo destruye al hombre, ya que al salir ya no puede seguir viendo, pues cree que el mundo entero es un GULAG».

Los interlocutores de Alexievich están atenazados por un profundo «sentido derrotista», no tanto por la decepción que supuso la caída de la Unión Soviética, sino por el fin de un gran imperio. Comparada a menudo con Solzhenitsin y con el polaco Ryszard Kapuscinski, la bielorrusa, autora de tres piezas teatrales y de 21 guiones para cine, prepara ahora una nueva novela que se aleja de su ciclo rojo: el amor.

A lo largo de su carrera, Alexievich ha recibido múltiples galardones, como el mencionado Premio de la Paz de los libreros alemanes (2013), el Premio del Círculo de Críticos de Estados Unidos (2005), el premio Kurt Tucholsky al «coraje y dignidad en la escritura», el Andrei Sinyavsky a «la nobleza en la literatura», el ruso independiente «Triunfo», el Leipzig «a la mutua comprensión europea», el Premio Médicis francés o el National Book Critics Circle Prize de Nueva York. La flamante Nobel de Literatura es, además, Oficial de las Artes y las Letras de la República Francesa.