Pablo Méndez, singular y osado editor de Vitruvio
Pablo Méndez, singular y osado editor de Vitruvio - abc

Pablo Méndez: «Vivamos como dijo Miguel Hernández, entre pena y pena, sonriendo»

El poeta y editor de Vitruvio, un hito de la poesía española, publica un nuevo y conmovedor poemario «¡Oh, siglo veinte»

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Con veinte años decidió ser editor. Poeta ya lo era desde los dieciséis. Su editorial, Vitruvio, una referencia osada y abierta de la poesía española de hoy, ha llegado a los quinientos ejemplares con la publicación en su deliciosa colección Baños del Carmen de la «Poesía Completa» de Dámaso Alonso que, aunque ustedes no lo crean, no existía como tal en un solo volumen. Pablo Méndez les abre las puertas de su poesía («Oh, siglo veinte» es su poemario más reciente) y de su vida. Gracias, maestro. Gracias, compañero.

-Cuentan las leyendas que no nació con un pan bajo el brazo, sino con un puñado de endecasílabos.

-No fui un niño poeta, eso no, sin embargo a los dieciséis años no pensaba en otra cosa, fue una maravillosa obsesión, con veinte decidí que me dedicaría sólo a la poesía, y hasta hoy.

-También cuentan que usted no tiene televisión, sino que pasa las noches viendo una imprenta.

-Tengo televisión pero la verdad es que la veo muy poco, algún partido de fútbol (otra magnífica forma de poesía) alguna película y alguna serie, poco más.

-¿Qué fue antes, el poeta o el editor?

-Fue antes el poeta, publiqué mi primer libro en 1993, «Palabras de aire», pecados de juventud que diría Dámaso Alonso. La editorial empezó su andadura en 1995, en 1994 publiqué mi segundo libro, «Una flecha hacia la nada». Pero mi amor por los libros surgió al mismo tiempo que mi amor por la poesía, se complementan.

-¿Y sus padres qué decían de su pasión por las letras?

-Mi padre es un buen lector y también poeta, que yo escribiera le gustó siempre, sin embargo sobre el proyecto editorial tuvo serias dudas hasta hace unos años. Sin embargo, mi madre lo vio de otra forma y en los primeros años de la editorial me llevaba las cuentas y los temas fiscales que para mí eran un enorme galimatías, la echo de menos todos los días, la verdad.

-Encima, se apunta que no era un buen estudiante, que sólo pensaba en versos. Han pasado 25 años y sigue igual.

-Mal estudiante, incapaz total de hacer cosas que no me gustan, y así sigo.

-Es la historia de un amor, que decía el bolero. Era un niño «difícil», pero en éstas que llegó un ángel llamado Federico.

-Me gustan tantos poetas... tantos... pero Lorca es especial, cuando lo descubrí con quince años me cambió la vida, lo leí entero de forma obsesiva, hoy me sigue deslumbrando ese universo erótico, pasional, sencillo y mágico de Federico.

-Usted no necesita crowfounding... ¿O sí? ¿Cómo se las apaña? Se puede vivir siendo editor de poesía, además usted no es de los de quejarse ni de los que mendigan subvenciones.

-No, nunca me oirá quejarme, adoro mi trabajo, hago lo que más me gusta y vivo muy bien, soy feliz rodeado de libros, de poesía, de poetas, y trabajo muchísimo eso sí, son veinte años sin parar. Con respecto a las subvenciones, tiene razón, en veinte años no hemos pedido ninguna, respeto a los que lo hacen por supuesto, pero no sé... ¿Se imagina «La Regenta» publicada con una subvención de uno de los gobiernos de la Restauración?

-La pregunta del millón, que usted sí que sabe de esto, aparte de tu pupila azul, ¿qué es la poesía? ¿Y vale para algo?

-La poesía es tener las manos llenas sin saber nunca que tenemos en ellas exactamente... Me encanta esta pregunta porque no hay forma de responderla más que con ella misma, es decir, haciendo poesía. Y vale para todo, o sea para nada, lo más hermoso no debe valer para nada.

-«Oh, siglo XX» es el título de su libro más reciente. Menudo siglo, más que para escribir poesía es para escribir una crónica de sucesos.

-Tremendo, intenso, apasionado... yo siempre digo que tiene tantos genios como malas noticias...

-Sus versos parecen ponerle chinitas a nuestras botas, a nuestro corazón. Sí, estamos vivos, pero...

-...pero nos pueden las circunstancias, y vivimos como podemos, como nos dejan, lo mejor es vivir como dijo Miguel Hernández: entre pena y pena sonriendo...

-¿La poesía siempre tiene que ser tristona? ¿Los poetas nacen tristes o se hacen?

-Hay cierta tristeza en contemplar la belleza, en escribirla, al fin y al cabo el crepúsculo es un continuo camino hacia la oscuridad, la primera forma de decadencia... sin embargo como no podía ser de otra forma hay poetas alegres, tristes, divertidísimos, aburridos, maniáticos, seductores...

-Cuentan también que escribe en una legendaria cabaña de la sierra.

-Sí, tengo una casita en Segovia que es mi pequeño paraíso, allí escribo con más determinación y disfruto de la Naturaleza, me encanta, hoy mismo he mirado en Internet para saber si este fin de semana me lloverá.

-¿España es un país de juglares o de payasos?

-Juglares que quisieran ser payasos, payasos que sueñan ser juglares, a veces parece que no hay nadie haciendo lo que realmente quiere... pero también hay auténticos genios haciendo maravillas, trabajando, construyendo... ya lo dijo de maravilla Blas de Otero: es mi país y no lo cambio por ninguno...

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