Paolo Giordano, ayer en Barcelona
Paolo Giordano, ayer en Barcelona - INÉS BAUCELLS

Paolo Giordano: «Las salvajadas del yihadismo son pornografía del horror»

El autor de la exitosa «La soledad de los números primos» revela la fragilidad de un matrimonio en «Como de la familia», su última novela

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Una familia es –aparentemente– feliz hasta que un ausencia la pone frente al abismo. Cuando miramos al abismo, advertía Nietzsche, el abismo mira dentro de nosotros. Eso es lo que le sucede al matrimonio protagonista de «Como de la familia» (Salamandra), la tercera novela de Paolo Giordano. El narrador y su esposa, Nora, viven tranquilos con sus hijos y su creencia de haber desconectado con los tabúes tradicionales, pero toda esa estructura –aparentemente–perfecta y moderna descansa sobre la señora A., una mujer de carácter que es muchas cosas a la vez: cocinera, criada, maestra, abuela, consejera espiritual... Cuando la señora A. enferme de cáncer, los jóvenes esposos conocerán el «horror vacui» de su relación conyugal.

El autor de «La soledad de los números primos» define la familia como un territorio bélico: «Mis experiencias familiares son controvertidas... Pienso que lo mejor es tomar distancia pero, aunque crees otras modalidades de familia, la estructura ancestral seguirá repitiéndose: no es casualidad que personas que se sienten perdidas o maltratadas se integren en sistemas muy jerarquizados o totalitarios».

La jerga de los oncólogos

La señora A. –a la que identifican con Babette, «la del festín»– es el pilar que sostiene la frágil convivencia del matrimonio protagonista: «Ella les mitiga su inseguridad y da la sensación de hacer las cosas bien; cuando muere la joven pareja debe afrontar la responsabilidad de encargarse al cien por cien de sus hijos y de comprobar si sus lazos amorosos eran tan sólidos como creían». Crecido en un mundo laico y licenciado en Física Teórica, Giordano afirma que el puesto en el mundo te lo debes buscar tú, nadie te lo regala: «Sin un sistema espiritual estable estamos perdidos...».

La estabilidad de los protagonistas salta en pedazos cuando el cáncer devora a la señora A. El personaje, señala el escritor turinés, está inspirado en alguien muy importante para él: «Vi cómo aquella señora, fuerte y segura, se desintegró y lo que la acabó de aplastar fue la jerga –agresiva e ininteligible– de los oncólogos, que es tan terrible como el cáncer». Con la detallada descripción de los efectos de la quimioterapia, Giordano denuncia la nula empatía de algunos médicos: «Entiendo que deban distanciarse para abordar cada día tan devastadora enfermedad, pero no puede ser que el paciente sea sólo un organismo movido por causas y efectos: cuando se padece un cáncer hay que ayudar a mitigar el miedo: me parece inhumano».

Cuando la señora A. se va de este mundo, observa el autor, «la pareja deberá aprender a estar triste, porque la enfermedad y la pérdida no dejan de ser unas formas de prepararse para el duelo. El problema es que nadie quiere conocerse a sí mismo».

El lado más perverso de la modernidad

Con el atentado de Túnez en los diarios y las pantallas de televisión, no podemos dejar de aludir a su novela «El cuerpo humano», con la guerra de Afganistán de fondo. Siempre había querido escribir sobre la guerra porque es una experiencia al límite, confiesa: «Pero lo que estamos viendo con los inmigrantes que se ahogan ante Lampedusa –de los que la Europa del Norte no quiere saber nada– o las salvajadas del yihadismo es pornografía del horror y lo peor de todo es que parece que nos estamos acostumbrando…». Cuando conoció la noticia de la masacre tunecina, el hecho le quedó tan grabado que la última noche padeció una pesadilla de terroristas. «Al principio, lo del Estado Islámico quedaba lejos, pero ahora se ha revelado como el lado más perverso de la modernidad».