El escritor británico Jonathan Coe, en Barcelona
El escritor británico Jonathan Coe, en Barcelona - inés baucells

Jonathan Coe: «Se puede encontrar el origen del humor inglés en El Quijote»

El autor británico anuda comedia y espionaje para interrogarse sobre la identidad inglesa en la novela «Expo 58»

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Más allá de los McEwan, Amis, Kureishi y Barnes, del dream team de las letras británicas que empezó a acaparar elogios y parabienes en la década de los ochenta,Jonathan Coe (Birmingham, 1961) es el vivo retrato del perfecto escritor inglés. O, mejor aún, del perfecto inglés. Elegante, ingenioso y mordaz, Coe es tan rematadamente inglés que acaba de publicar una novela, «Expo 58» (Anagrama), en la que se pregunta qué diablos es eso de ser inglés.

Un divertidísimo y elocuente interrogante con el que el autor de «¡Menudo reparto!» y «El club de los canallas», distinguido heredero de Tom Sharpe y Evelyn Waugh, enreda comedia y espionaje, sátira fina y Guerra Fría, y manda Thomas Foley, personaje que ya aparecía brevemente en la no cómica «La lluvia antes de caer», a la Exposición Universal de Bruselas de 1958 para coordinar la gran aportación británica a la exposición. Esto es: la reproducción de un típico pub inglés.

—¿Podría ser una exposición universal como la de Bruselas la perfecta metáfora para explicar las relaciones entre países?

—Nunca me he tomado demasiado en serio las ferias, así que lo primero que pensé es que sería una novela cómica. No podía ser de otra manera, con todos esos países concentrados y proyectando identidades falsas de sí mismos. Es una idea muy carnavalesca, una mascarada. Y eso me hizo pensar en comedia y espionaje, algo que ahora no es muy común, pero que en esa época era muy frecuente. Ahí tienes «Con la muerte en los talones», por ejemplo, una de mis películas favoritas.

—De hecho, la idea en sí ya es bastante irónica: escribir sobre las relaciones de los europeos ahora que la idea de Europa empieza a…

—¿Tambalearse? Sí, eso es. Es un libro sobre idealismo e ingenuidad, cualidades que veo muy evidentes en todo el concepto de la exposición. La gente tenía fe en la tecnología, creía en las naciones conviviendo en paz después de la guerra… Hay algo bonito en todo eso, algo que quería recordar a la gente. También que los ingleses siempre han estado un par de años por delante del resto en términos de ironía.

—Puede que en términos de ironía sí pero, en todo lo demás, la Inglaterra que presenta el libro es un país bastante anticuado. Ahí están, por ejemplo, la idea de realizar una exposición sobre la historia del retrete o la banda militar como respuesta al recital alemán de Stockhausen.

—En efecto. Mientras investigaba pronto me di cuenta de que, a nivel de diseño, música, moda… Bueno, en todos los aspectos culturales, Inglaterra estaba por detrás. Y eso me recordó a mi niñez en Birmingham, donde los cincuenta fueron también los sesenta y los setenta. La revolución sexual tardó mucho en llegar a las provincias, así que veíamos el resto de Europa como algo muy avanzado.

—Parece casi imposible hablar de la identidad inglesa sin echar mano del humor y la ironía.

—Es algo central. Si preguntas a cualquiera sobre la identidad inglesa probablemente obtendrás una respuesta graciosa. Los ingleses somos mucho más absurdos de lo que la gente cree.

—Es curioso que diga esto, porque recuerdo que el año pasado, cuando vino al festival Primera Persona para charlar con David Nobbs, acabó diciendo en realidad el humor británico conecta directamente con «El Quijote».

—Es mi teoría, sí. Mi escritor favorito, Henry Fielding, hizo en 1734 una obra, «Don Quixote In England», en la que añadió: «escrito a la manera de Cervantes». Eso alumbró una tradición entera de humor inglés, tanto en la novela como en el teatro. Así que sí, se puede encontrar el origen del humor inglés en Don Quijote, siguiendo la pista de ese hombre que nunca pierde la dignidad ni el heroísmo, incluso cuando está actuando de un modo absurdo.

—¿Qué tiene que decir a todos esos lectores que esperan otra novela «seria» como «La lluvia antes de caer»?

—Me encuentro en una posición muy difícil, ya que tengo novelas de éxito en muchos países pero en cada país es una novela diferente. España y Alemania son los únicos en los que «La lluvia antes de caer» es el más exitoso. En Inglaterra, Alemania o Francia prefieren mis sátiras políticas. Pero a mí me gustaría escribir otro libro melancólico e introspectivo, ya que creo que son mis mejores libros, pero ahora mismo estoy escribiendo una sátira política muy contemporánea.

—En cualquier caso, el humor de «Expo 58» es mucho más sutil que en «La espantosa intimidad de Maxwell Sim», su anterior novela.

—Eso creo, sí. Al final, el libro trata sobre la identidad nacional, el matrimonio, la confianza y la traición, sí, pero también es un divertimento. Como lector y espectador, cuando leo cosas terribles en los periódicos me desespero por encontrar algo divertido, aunque solo sea para recordarme que la vida puede ser algo gozoso y agradable.

-¿Son la ingenuidad y el idealismo los rasgos comunes que comparten todos sus protagonistas?

—Casi todos los hombres de mis libros son versiones exageradas de mí mismo. Por eso que prefiero escribir sobre mujeres. Cada vez me digo: «voy a hacer un personaje fuerte y dinámico», pero siempre fracaso y acabo escribiendo sobre soñadores, solitarios, ingenuos… Aún así, prefiero escribir sobre personas normales y aburridas. Me hace sentir más en contacto con la humanidad. La idea del héroe no excita a mi imaginación. Por eso menciono a James Bond en el libro: es la antítesis de Thomas. Y por eso mismo no creo que nadie se atrevería a encargarme una nueva entrega de la saga Bond, como ha ocurrido con Sebastian Faulks y William Boyd, ya que mis personajes nunca tienen el control de nada.

—Hace un momento ha dicho que estaba trabajando en una novela política muy contemporánea...

—Sí, está ambientada en la actualidad, en la Inglaterra de David Cameron, y trata sobre aspectos de la vida contemporánea como el culto a la celebridad, los medios de comunicación, la austeridad, el crecimiento de las desigualdades. Creo que es mi libro más político sobre Inglaterra en mucho tiempo. Son cinco historias, y todas son que terror, un género de nunca había utilizado pero que, no sé, me parecía adecuado para hablar de la Inglaterra actual. Pero tranquilos: no quiero decir que me esté convirtiendo en Stephen King.