Robert Stone, en una imagen de archivo
Robert Stone, en una imagen de archivo - PHYLLIS ROSE

Fallece Robert Stone, cronista del lado oscuro del Sueño Americano

El novelista, que ha muerto a los 77 años, fue finalista al Pulitzer en dos ocasiones y logró el National Book Award por «Dog Soldiers»

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«Ya no me dejo llevar por la ambición. Sólo quiero cumplir con mi deber, completar mi trabajo». Así confesaba sentirse Robert Stone (1937-2014) en una entrevista concedida a ABC en la primavera temprana de 2013. El novelista estadounidense falleció el pasado sábado en su residencia invernal de Key West (Florida) a los 77 años a causa de una enfermedad pulmonar crónica, según confirmó su agente, Neil Olson. Lo hizo dejando tras de sí una obra que retrató, como pocas, el lado oscuro (¿acaso hubo otro?) del Sueno Americano. Se fue, por tanto, con el deber cumplido. Una aspiración que muy pocos colegas de su generación lograron hacer realidad.

Robert Stone nació en Brooklyn (Nueva York) en 1937, dos años antes de que diera comienzo la Segunda Guerra Mundial, una aproximación premonitoria de cómo el conflicto, la absurda lucha entre semejantes, marcaría su vida y su obra. Hasta los seis años vivió con su madre (su padre les abandonó al poco tiempo de que naciera), una maestra que terminó siendo internada con esquizofrenia (en «Hijos de la luz», una de sus novelas, su protagonista, Lu Anne, es esquizofrénica). Pasó su infancia en un orfanato católico y su juventud estuvo marcada por la rebeldía y cierta ansiedad. Terminó alistándose en la Marina, donde estuvo cuatro años en los que visitó Egipto y la Antártida.

Ya instalado en la agitada década de los 60, Robert Stone comenzó a vislumbrar su futuro como escritor. Y es que, como confesó en la entrevista con ABC, siempre quiso «escribir»: «Era, probablemente, la única cosa que se me daba bien. Admiraba la buena escritura y aspiraba a ella». Cuando terminó de leer «El gran Gatsby» de Francis Scott Fitzgerald se puso manos a la obra y en 1966 publicó «A hall of mirrors», su primera novela. En 1971 partió rumbo a Vietnam, donde ejerció como corresponsal de guerra para un periódico británico. «Viví pocas situaciones de peligro. Fue todo muy confuso. América se había perdido a sí misma. Recuerdo la guerra como la peor de las locuras», confesó a este diario.

Una generación irrepetible

Su experiencia en Vietnam le sirvió de inspiración para escribir «Dog Soldiers» (Libros del Silencio), novela con la que logró el National Book Award y que fue llevada al cine con Nick Nolte como protagonista. Entretanto, se entretuvo en México con Ken Kesey y compañía (drogas incluidas), y alternó en Nueva York con la Generación Beat y los expresionistas abstractos. Según confesó en sus memorias, «Recordando los sesenta» (Libros del Silencio), los integrantes de aquella generación fueron «ruidosos y vanidosos»: «Lo queríamos todo; algunas veces confundimos la autodestrucción con la virtud y el talento, la aniquilación con el éxtasis, la temeridad con el coraje (...) Queríamos morir bien todos y cada uno de los días, ser tipos interesantes y dejar bonitos cadáveres. Qué absurdo… Aprendimos lo que tuvimos que aprender e hicimos lo que pudimos».

Pese a todo, Robert Stone tuvo tiempo de escribir un buen puñado de novelas, reflejo de la locura apocalíptica que se instaló en EE.UU. en los 60 y 70. Sus personajes beben demasiado y se drogan demasiado. Viven demasiado. Sus héroes son nuestros antihéroes, cegados por un hedonismo irrefrenable. Y todo ello con ecos de Conrad, de Greene y hasta de Lowry (aunque su «profeta» era Herman Melville), pero con el poso de una voz propia e intensa, barroca y a veces excesiva, definitoria y definitiva.

Gracias a la labor del fallecido editor de Libros del Silencio, Gonzalo Canedo (con su muerte desapareció la editorial), en España hemos podido disfrutar, en los últimos años, de las mencionadas memorias y «Dog Soldiers» (con prólogo de Rodrigo Fresán), además de «Hijos de la luz». En 2013 Robert Stone publicó su última novela, «Death of a Black-Haired Girl», una declaración, según reconoció ABC, de lo que pensaba «sobre la religión, el amor y las contradicciones de nuestra sociedad». Quizá su muerte sirva para que algún otro editor español la publique en España. Sus (muchos) lectores lo agradeceremos.