La escritora Siri Hustvedt, en una imagen de archivo
La escritora Siri Hustvedt, en una imagen de archivo - efe

Siri Hustvedt: «Soy un ejemplo de que las mujeres no pasan desapercibidas en la literatura»

La escritora estadounidense aborda las oscuras dobleces del mercado del arte en «El mundo deslumbrante», su última novela, con la que fue finalista al Man Booker Prize 2014

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«No se nace mujer: llega una a serlo», escribió Simone de Beauvoir (1908-1986) en «El segundo sexo», publicado en 1949. Más de medio siglo después, la identidad femenina sigue siendo cuestionada y ciertos tópicos parecen instalados en el imaginario colectivo sin fecha de caducidad. Esa es, al menos, la teoría de la escritora Siri Hustvedt (Northfield, 1955), que vive bajo la sombra de ser la (actual) esposa de Paul Auster (Newark, 1947). En su última novela, «El mundo deslumbrante» (Anagrama), la estadounidense se vale de un personaje fascinante (Harriet Burden, artista del Nueva York de los 80) para denunciar las oscuras dobleces del mercado del arte y, de paso, esbozar un sensato alegato feminista.

—¿Qué buscaba explorar a través de un personaje como Harriet Burden?

—Quería explotar las oposiciones clásicas de masculinidad y feminidad. Sigue siendo cierto que la masculinidad se asocia con la razón, la mente y la cultura y la feminidad con la emoción, el cuerpo y la naturaleza. Es una artista y una intelectual. También es apasionada, madre de dos hijos, y, a diferencia de muchos personajes literarios femeninos, no la impulsa el amor, sino la ambición. Está desesperada porque se reconozca su trabajo y se embarca en un experimento para demostrar el sesgo perceptual, ocultando su identidad a través de tres jóvenes artistas.

—¿Qué dice de nosotros, como sociedad, ese tipo de engaño?

—Es interesante porque demuestra cómo todos juzgamos el mundo a través de nuestras expectativas. Nuestras experiencias pasadas y los factores contextuales dan forma a nuestras percepciones. El engaño nos obliga a enfrentarnos a los límites de nuestra comprensión de lo que en realidad existe en nuestro campo de visión.

—¿Lo tenía todo planeado o la historia fue evolucionando mientras escribía?

—La forma de la novela se hace eco de su temática: vemos lo que esperamos ver. La percepción es activa y creativa, no pasiva. No hay una visión única de la historia de Harry. Disfruté escribiendo a través de voces y personajes diferentes. Fue liberador, placentero y como si sufriera trastorno de personalidad múltiple, pero sin perder el control.

«Me considero feminista. Me cuesta trabajo imaginar que alguien no lo sea»

—¿Qué mensaje encierra la novela, que las mujeres deben esforzarse más que los hombres si quieren prosperar?

—No hay un «mensaje» detrás de la novela. Hay una miríada de perspectivas y argumentos dentro del libro, cada uno de los cuales intenta lanzar al lector sobre sí mismo. Era la estrategia que usaba el Kierkegaard cuando escribía bajo seudónimo. Hay una deuda explícita a Kierkegaard y su ironía en la novela. No creo que las «mujeres» sean una entidad monolítica. Los prejuicios contra las mujeres se producen a pesar de sus características particulares. Su trabajo se devalúa simplemente porque son mujeres. Eso es sexismo.

—¿Cree que, hoy en día, sigue siendo más difícil para las mujeres lograr reconocimiento?

—Mi obra ha sido traducida a más de treinta idiomas. «El mundo deslumbrante» estuvo en la lista de finalistas al Booker este año, el primero que se incluía a escritores estadounidenses. Soy un ejemplo de que las mujeres no pasan desapercibidas en la literatura. El problema es mucho más complejo que eso. En occidente, la denigración de las mujeres escritoras se debe, a menudo, a factores inconscientes. Es difícil, para la mayoría de la gente, dejar de lado los estereotipos. Además, la cultura ha invertido mucho más en héroes intelectuales masculinos que en femeninos.

—¿Se considera feminista? ¿Cuál es, en su opinión, el verdadero significado del término feminismo?

—Por supuesto, me considero feminista. Me cuesta trabajo imaginar que alguien no sea feminista. ¿El feminismo no es, simplemente, una declaración de la libertad humana?

—«El mundo deslumbrante» hace que nos cuestionemos no sólo lo que vemos, sino cómo lo vemos. ¿Cómo podemos ser consciente en el día a día?

—Todos los días hacemos juicios precipitados sobre las personas y las cosas. Debemos examinar nuestras respuestas instantáneas al mundo y preguntarnos si siguen estando justificadas.

—Ha escrito mucho sobre el hecho de que en nuestro interior hay muchas versiones masculinas y femeninas.

—Todos nacemos de un hombre y una mujer. Estamos hechos de otros y crecemos entendiéndonos a través de los ojos de los demás. En términos biológicos, sigue siendo un misterio qué son la masculinidad y la feminidad, además de las diferencias reproductivas obvias entre los sexos. Es cierto que, dentro de nosotros, tenemos voces de hombres y mujeres. En «El mundo deslumbrante» juego con esos significados para crear lo que Harry llama «polifonía hermafrodita».

—Escribe ficción y no ficción, pero... ¿por qué debemos leer novelas?

—Es una gran pregunta. La novela trata de las vidas de gente en particular. A través de sus vidas, tenemos experiencias emocionales e intelectuales que de otro modo no podríamos experimentar y las protegemos mediante lo que yo llamo «el marco estético». Las emociones que vivimos a través de la novela, sin embargo, nunca son ficticias. Las emociones son reales y las experiencias imaginarias que obtenemos a través de ellas afectan a nuestras vidas.

—¿Sus libros forman parte del mundo tal y como lo conocemos o más bien se asientan en un terreno que le es familiar, pero no es exactamente real?

—Depende del libro. «El mundo deslumbrante» tiene muchas fuentes literarias, incluido el teatro griego, emociones puras. Peter Brook dijo algo muy hermoso acerca de lo que perseguía en su trabajo. Dijo que buscaba «la cercanía de lo cotidiano» unida a «la distancia del mito», porque «sin la cercanía uno no puede moverse» y «sin la distancia uno no puede sorprenderse». Es una descripción bastante acertada de lo que yo busco en mi trabajo: lo profundamente íntimo y familiar, que nunca es banal, pero transformado por el pensamiento, el lenguaje, y el sentimiento en una obra que trasciende la vulgar realidad.

—¿Cuál es la clave para escribir una gran historia?

—Urgencia en la escritura.