Franco en unas maniobras en 1954, junto al almirante jefe de la VI Flota
Franco en unas maniobras en 1954, junto al almirante jefe de la VI Flota - fnff

Franco, retrato sin veladuras

Stanley G. Payne y Jesús Palacios publican una biografía personal y política del general

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«Ningún Rey ha tenido nunca en España tanto poder como el que concentró en sus manos el general Franco, ni siquiera Felipe II, y por eso siempre rechazó el título de regente». Así presenta Jesús Palacios a los lectores de ABC «Franco. Una biografía personal y política», obra que ha realizado con el gran hispanista norteamericano Stanley G. Payney que Espasa distribuirá en librerías dentro de unas semanas.

Durante la República, por la que no sentía ninguna simpatía, Franco fue leal y nunca alentó insurrecciones –aunque sí conoció algunos planes–, pues rechazaba la violencia partidista, insistía en la obediencia a la ley y abogaba por la reforma de la Constitución y la promoción de los intereses católicos. Jamás quiso entrar en política hasta la primavera de 1936 (cuando primero aceptó presentar su candidatura en la repetición de las elecciones en Cuenca, y luego desistió por presiones de José Antonio Primo de Rivera). Franco no decidió sumarse al golpe militar hasta el asesinato de Calvo Sotelo. Para entonces, la República había dejado de ser, a juicio de los autores, democrática.

A lo largo de toda su vida, nunca formuló ideología propia, sino que utilizó las de otros. Compartía algunas ideas de Falange (la recuperación del Imperio, su idea de nación y sus aspiraciones de justicia social, no el radicalismo de su revolución nacional-sindicalista). De los monárquicos tomó el principio del poder frente a la forma de gobierno republicana. Y de los carlistas, aunque él era legitimista, su ultracatolicismo y su antiliberalismo. Pero jamás compartió sus idearios por completo. De ahí el eclecticismo del Movimiento Nacional, lo cual contribuyó a desmontarlo con facilidad con la Ley para Reforma Política de 1976.

Político cauto

Siempre fue un político cauto que prefería dejar que los problemas se pudrieran, pero efectuaba los cambios que las circunstancias le iban imponiendo aunque no le gustaran. Razón por la cual se mantuvo en el poder casi cuarenta años y llegó a gozar de la protección de Churchill y de los norteamericanos, quienes le consideraban un mal menor, cosa que frustró el proyecto de restaurar la democracia a través de una Monarquía constitucional y parlamentaria como promovía Don Juan de Borbón, el Rey de derecho.

Como militar fue competente, aunque nunca un estratega genial, y demostró sobradamente su valentía y dotes de mando ya durante sus años juveniles en Marruecos. Ascendió con rapidez: fue el capitán, el comandante y luego el general más joven del Ejército. En lo personal, era muy austero, abstemio y parco en el comer, un católico convencido y devoto hombre de familia. Hombre no muy culto. Fue amante de la caza, la pesca, los toros y el cine.

Perteneció a la época de los grandes dictadores: Mussolini, Stalin, Hitler, pero era, según los autores, el «más normal de todos». En sus decisiones no hubo sadismo, aunque sí una «paranoia limitada». Jamás hizo ejecutar a ninguno de sus colaboradores, ni tenía raptos de furia, así como tampoco aberraciones emocionales o una vida amorosa agitada.

Entre las novedades que aporta esta biografía, cabe destacar algunas. Durante la Guerra Civil normalmente no ordenó el bombardeo de ciudades republicanas (aunque sí los sufrieron Madrid, Barcelona y Guernica), siendo su estrategia más humana que la de los aliados durante la II Guerra Mundial, en la que sí quiso participar entre 1940-41. Ordenó la preparación de un plan para invadir Portugal en 1940. Y estableció una alianza secreta con De Gaulle para que España tuviera la bomba atómica, cosa que el famoso accidente de Palomares hizo imposible en 1966.

«En ellas no había sadismo, pero sí una paranoia. Fue el dictador más normal de todos»

En fin, para Jesús Palacios, éste es el retrato «más objetivo y equilibrado que se haya realizado hasta el momento, porque hemos tenido pleno acceso a los archivos que guarda la Fundación Nacional Francisco Franco, así como al Archivo General de la Guerra Civil de Salamanca y a los del Ministerio de Asuntos Exteriores, entre otras instituciones españolas y extranjeras. Además de revisar la exhaustiva bibliografía y los trabajos más recientes, hemos contado con numerosos testimonios. Por ejemplo, las entrevistas con Carmen Franco, quien nunca antes había hablado sobre la vida personal, familiar y sentimental (que también la hubo, pues antes de casarse con Carmen Polo tuvo escarceos con otras dos muchachas) de su padre. Creemos haber desmontado muchos mitos alrededor de la figura más controvertida de nuestra Historia reciente».