La novelista francesa Katherine Pancol
La novelista francesa Katherine Pancol - SYLVIE LANCRENON

Katherine Pancol: «Mi éxito fue tan grande que los críticos empezaron a fusilarme»

La escritora francesa, que ha vendido millones de ejemplares con la trilogía de «Los ojos amarillos de los cocodrilos», regresa al panorama editorial español con nueva saga: «Muchachas»

INÉS MARTÍN RODRIGO
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Leonardo da Vinci defendía que la simplicidad es la sofisticación definitiva y Nabokov hablaba del divino detalle como clave de la literatura. A medio camino entre una tesis y otra se encuentra la obra de Katherine Pancol (Casablanca, 1954), autora de la trilogía de «Los ojos amarillos de los cocodrilos», una de las sagas más vendidas en los últimos años en nuestro país (más de 700.000 ejemplares desde su publicación en 2011, según su editorial en España).

Convertida ya en un fenómenos literario, lejos quedan ya los días de periodismo en los que Pancol tuvo ocasión de entrevistar a Lady Di y más lejos aún están los cursos de escritura que se vio obligada a tomar después del efímero éxito de su primera novela, publicada cuando contaba tan solo con 18 años.

Con permanente gesto agradable y un estilo solo propio de quien se sabe elegante, la escritora se trasladó a París desde su retiro en Normandía para recibir a ABC con motivo de la inminente publicación en España de «Muchachas» (La Esfera de los Libros), su nueva trilogía y uno de los platos fuertes de la rentrée en nuestro país. En ella, la novelista narra la historia de un grupo de mujeres (y hombres) que se mueven entre Nueva York, París, Borgoña, Londres o Miami, con el maltrato como telón de fondo y una aparentemente velada crítica social.

- ¿Por qué optó por un título tan español como «Muchachas»? (la novela se ha publicado bajo ese nombre, sin traducción, en todos los países en los que se ha editado)

- El título es un guiño a España, un país con el que he tenido una relación muy buena. España ha sido el detonador fundamental para las ventas en el extranjero. Estaba escribiendo y, en un momento dado, se me cayó el lápiz; me agaché a recogerlo y al levantarme se me ocurrió. Tenía un profesor español que siempre decía que las «muchachas» eran estupendas y me acordé de él.

- Ha optado, de nuevo, por una trilogía. ¿Por qué?

- Desde el principio tuve claro que quería algo corto y sin animales (cocodrilos, tortugas y ardillas copaban los títulos de su anterior saga), pero cuando quise darme cuenta llevaba escritas 800 páginas e iba solo por la mitad de lo que quería contar. Llamé a mi editor y me dijo que siguiera, así que cuando terminé tenía 1.400 páginas. Estudiamos el libro para ver por dónde podía cortarse y encontramos dos puntos, por lo que pudimos convertir «Muchachas» en una trilogía.

- En este primer volumen está muy presente el maltrato a la mujer. ¿Quería que fuera una denuncia social?

«Escribir sobre el maltrato a la mujer fue lo más duro de todo»- Es una reivindicación humana. El maltrato está demasiado generalizado y es importante hablarlo, contarlo, que la gente sepa que ocurre cerca de nosotros. Por ejemplo, el mismo día que se jugaba la final del Mundial de Brasil, Boko Haram secuestraba a 60 niñas y nadie dijo nada. Escribir sobre el maltrato a la mujer fue lo más duro de todo. Con esos personajes se hace muy raro tener dentro de ti a toda esa gente. Me tuve que meter en la mentalidad del hombre, llegar a discernir ese punto tan sutil que separa la violencia de la no violencia. Todas las mujeres a las que entrevisté tenían una falla tectónica por donde puede entrar esa violencia. Es muy difícil explicar lo sutil que es ese punto en el que ella casi le muestra que debe pegarle. Tras la publicación de la novela en Francia, recibí cartas de mujeres maltratadas e incluso alguna me dijo que había dejado a su marido… ¡Bien!

- Al entrevistar a todas esas mujeres para la elaboración de la novela, ¿volvió a ponerse en el papel de periodista?

- Realmente no, porque tienes que buscar una empatía con ellas casi psicológica. Localizar a las mujeres fue muy fácil, por desgracia. En Francia, una mujer muere a manos de su marido cada dos días. Es algo muy duro, muy difícil. Lo mejor es que se hable en los medios, que haya conciencia pública. Lo peor es el silencio cómplice.

- En «Muchachas» se cuelan varios personajes de «Los ojos amarillos de los cocodrilos».

«Escribir un libro es como una sinfonía»- Los personajes que aparecen vinieron al libro para dar un poco de felicidad, incluso a mí misma, porque la historia en Borgoña es tan dura que casi los necesitaba para poder darle otro ritmo a la novela. Es como una sinfonía: la historia empieza en Nueva York, con todo lo dulce, lo bonito, y luego llega la parte amarga… Escribir un libro es como una sinfonía.

- En mayo se estrenó en España la película, protagonizada por Emmanuelle Béart. ¿Qué le pareció?

- Me gustó el reparto, pero no la puesta en escena. La libertad que tienes escribiendo un libro no la tienes escribiendo un guión.

- ¿Cuál es su método de trabajo, cómo escribe?

«Cuando me pongo a escribir, no tengo una idea preconcebida, la historia va surgiendo»- Escribo en pequeños cuadernos, donde voy tomando notas que pego en la pared y voy uniendo unos con otros hasta conformar los personajes. Cuando me pongo a escribir, no tengo una idea preconcebida, la historia va surgiendo sola. Antes paso mucho tiempo con los personajes, les conozco muy bien y les creo a partir de puzles de muchas personas. Con trocitos muy pequeños que vienen de diversos sitios, de pronto te aparece un personaje fantástico. Con un personaje real, estaría limitada, aunque tengo espías en todos lados, desde Miami a Cuba. Necesito la realidad, la uso como clavos con los que voy enrollando la tela.

- Deduzco que trabaja de una manera un poco intuitiva. Pero también hay un equilibrio entre el escritor de estructura y el autor impulsivo.

- Creo mis personajes, hago una ficha completa, los trabajo y doy estructura. Pero he leído mucho, así que la estructura de escribir la tengo en la cabeza. Uso a los personajes como dados: los lanzo sobre un tablero y veo lo que sale. No tengo un plan establecido de principio a fin, de ahí que los finales sean agotadores porque cada personaje quiere contar su propio final.

- Alguna vez ha dicho que la escritura sirve para ver lo que queríamos olvidar.

«La palabra escrita puede curar, tiene esa capacidad sanadora»- Con esa frase me refería a una escena que presencié y que me llevó a escribir «Muchachas»: un hombre pegó en público a su mujer en un bar y nadie dijo ni hizo nada. No podía olvidar aquella escena. Después, mientras escribía, logré poner distancia con la historia y al final llegué a la conclusión de que la palabra escrita puede curar, tiene esa capacidad sanadora.

- Publicó su primera novela a los 18 años. ¿Qué ha aprendido desde entonces?

- Después de mi primer libro seguí cursos de escritura y no aprendía nada, sólo me dio más seguridad. Incluso en Columbia me dijeron que uno tiene que escribir como es.

- ¿Y qué me dice de la fama? ¿Le ha cambiado?

«En mi familia solo había tres libros y tres discos»- Yo no he cambiado con la fama. Los que cambian son quienes te rodean. El mayor inconveniente es que ya no soy anónima, pero sigo yendo en metro y en autobús, y hasta hace bien poco tenía un Clío (ahora, eso sí, confiesa tener un Audi). Cuando empecé como periodista, no me imaginaba como novelista. De hecho, en mi familia solo había tres libros y tres discos. He hecho de todo, algún día contaré mi vida, porque es una novela. Realmente estoy en muchos de mis personajes, ahí me puedes encontrar.

- Tuvo una infancia muy dura y ahora es una escritora que goza de reconocimiento mundial. ¿Cree que tendemos a sobreproteger a los más pequeños?

- A mis hijos les he sobreprotegido muchísimo y, en el fondo, yo soy más fuerte que ellos. Yo salí de una situación muy mala, tuve una infancia muy dura, pero hay muchos que no salen. Pero, si quieres a tus hijos, es muy difícil encontrar el punto intermedio.

- Cubrió la boda de Guillermo de Inglaterra y Catalina de Cambridge. ¿Echa de menos el periodismo?

- No, porque cuando era periodista no hacía más que lo que yo quería, y ahora mismo hago lo que quiero también con mis libros. Tuve mucha suerte, porque tuve un redactor jefe que comprendió que sería incapaz de hacer algo que no me gustara.

- Hábleme de su especial relación con el mundo de la moda.

«Inès de la Fressange y Jean Jacques Picart son personajes en la nueva saga»Inès de la Fressange- Con el mundo de la moda he tenido mucha suerte. Me ha ayudado mucho Chanel, Gaultier, Inès de la FressangeJean Jacques Picart lanza a todos los nuevos modistos en Francia y la jefa de prensa de Chanel me dijo que tenía que ir a verle porque él era quien sabía cómo funcionaba todo entre los jóvenes… ¡Resultó que era fan de Hortense (una de las protagonistas del libro)! Al final, Picart e Inès de la Fressange han terminado convertidos en personajes en la segunda y la tercera parte de la trilogía.

- ¿Por qué se fijó en Jacqueline Kennedy para escribir una novela?

- Es un personaje muy interesante, tuvo seis o siete vidas, es un personaje de novela en sí mismo. Era una mujer muy complicada, pero no quería que se supiera, de ahí que proyectara esa imagen, pero no era ni mucho menos perfecta. Es muy raro que una persona que llega a un cierto grado de fama sea un cretino, que detrás no haya nada. Si profundizas, siempre encuentras algo.

- Ha hecho felices a millones de lectores, pero tiene muy enfadados a unos cuantos críticos.

- Los críticos me dan exactamente igual. No es mi problema, allá ellos. Empezaron a fusilarme con «El vals lento de las tortugas». El éxito fue tan grande que no pudieron tragarlo. En París hay muchos códigos, clanes, y debes elegir el código en que te mueves. A mí me gusta estar sola, lo he decidido, no me gustan los clanes. Incluso con mi familia, por eso no he conseguido estar casada mucho tiempo.

- La soledad es el estado ideal para el escritor.

- Sin duda.

- Pero usted no parece una persona muy solitaria.

- Ahora estoy de vacaciones, no escribiendo. Cuando escribo vivo y respiro el libro, nada más. Tengo mucha gente en la cabeza.

- ¿Por eso ha huido a Normandía?

- No me aburro. Tengo el triángulo que forman París, Normandía y Nueva York.