Lionel Shriver: «Hemos reemplazado el sexo por la comida»
Lionel Shriver, ayer en Barcelona - efe

Lionel Shriver: «Hemos reemplazado el sexo por la comida»

La autora estadounidense aborda la obesidad y la pérdida de peso en «Big Brother», una nueva sátira sobre las familias disfuncionales

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«¡No queremos ver sexo en la televisión, queremos ver comida!», asegura Lionel Shriver (Carolina del Norte, 1957), apuntalando uno de esos titulares que tan bien lucen y con el que la autora estadounidense cierra simbólicamente el círculo de «Big Brother» (Anagrama; «Germà Gran» la traducción al catalán de L’Altra Editorial). Y es que es en las primeras páginas de esta obra con la que la autora de «Tenemos que hablar de Kevin» aborda temas tan poco literarios como la obesidad mórbida y la pérdida de peso donde empieza a forjarse esa idea de la comida como obsesión, sustituto y rasgo identitario definitorio. «En muchos aspectos hemos reemplazado el sexo por la comida. El sexo se ha vuelto demasiado accesible. Estamos aburridos, y la comida es ahora lo prohibido», señala Shriver.

Queda claro que «Big Brother», la nueva novela de la más perversa de las escritoras americanas, tiene que ver con la comida, pero Shriver va mucho más allá y lo que en realidad busca es rastrear uno de las dilemas milenarios —«la satisfacción no es satisfactoria; lo que realmente queremos es el deseo», asegura— y seguir retratando con pulso despiadado unas relaciones familiares repletas de desmanes y disfunciones. «No he conocido ninguna familia que sea funcional», señala Shriver, quien relata aquí la historia de Pandora, una mujer de éxito profesional y fragilidad emocional que tendrá que hacerse cargo de su hermano Edison, un pianista de jazz frustrado al que su hermana reencuentra acuciado por un problema de gordura extrema.

Reflejos familiares

Una historia para la que Shriver, empeñada en ahondar en aquello de lo que no se habla, no ha tenido que ir muy lejos: su propio hermano falleció en 2009 por complicaciones derivadas de la obesidad mórbida. «Big Brother», apunta, es su manera de imaginar qué hubiese ocurrido si, en vez de morir en el hospital, su hermano se hubiese mudado a vivir con ella tras una operación de reducción de peso. «Así es como funciona para mí la ficción: cosas que han estado a punto de pasar y que, aunque no han pasado, no he podido quitarme de la cabeza. El libro, en cierto modo, es una exploración de lo que habría ocurrido», añade.

«Big Brother» es también una manera satirizar y poner por escrito las obsesiones de una sociedad marcada por la eterna insatisfacción. «Se supone que tenemos que estar hambrientos. Así está diseñado, y ahí está la gran ironía: la satisfacción no es satisfactoria. El placer viene del deseo de querer algo. Y cuando lo consigues, te sientas y te aburres», explica.

El libro, añade la autora, «no tiene que ver solo con las dietas, sino con una relación profunda con nosotros mismos y nuestros apetitos». Así, el apetito voraz de Edison «no es un problema logístico de si come más o menos, sino un problema emocional». «Edison intenta compensar las cosas y se castiga a sí mismo», explica la autora de «El mundo después del cumpleaños». De ahí que, ante todo, Shriver plantee en «Big Brother» hasta qué punto estamos obligados a asumir las vidas de nuestras familias. «Si asumes una responsabilidad, luego no la puedes devolver», señala.

Aclamada como punzante y oscura cronista de las miserias cotidianas, a Shriver le ha decepcionado especialmente que «Big Brother» haya sido rechazada precisamente por «la gente que tiene un serio problema de peso». «No quieren leer este libro porque yo no estoy gorda y se supone que no puedo saber lo que implica estar gordo. Es casi un problema racial, y es algo muy frustrante», relata.