Leopoldo María Panero, la locura que se hizo poesía
Leopoldo María Panero, en una imagen de archivo - ABC

Leopoldo María Panero, la locura que se hizo poesía

El genial escritor falleció ayer a los 65 años en un hospital psiquiátrico de Las Palmas de Gran Canaria

Actualizado:

En una de las últimas charlas que Leopoldo María Panero (1948-2014) tuvo con Antonio Huerga y Charo Fierro, sus editores en Huerga & Fierro, estos le preguntaron qué era para él la vida. El poeta respondió sin dilación, como si la muerte la esperara en un suspiro: «Yo en la vida siempre he vivido en el infierno». Y la muerte le halló ayer, finalmente. Esa muerte por él tantas veces anunciada, a la que temía más que a su propia locura, le llegó mientras dormía. Suave, como si se le hubieran apagado los órganos. Leopoldo María Panero tenía 65 años y llevaba más de 40 viviendo en psiquiátricos. Como el Hospital Juan Carlos I de Las Palmas de Gran Canaria, donde ahora vivía en régimen abierto y donde ayer falleció. Hoy será incinerado en el Tanatorio San Miguel de la localidad canaria.

«Estaba bien. Además, el miércoles salió del hospital. Cenó e incluso habló con algún autor. Dentro de su malditismo, todos hemos perdido la genialidad de Leo. Era el fortín de todos», cuenta Charo Fierro. Fue ella la que, pasadas ya las doce de la noche, recibió un mensaje del doctor Segundo Manchado, médico personal del poeta, en el que le informaba de su muerte. «Es una gran pena. Venía sistemáticamente a la Feria del Libro de Madrid (allí bebía una Coca-Cola tras otra, una de sus grandes adicciones) desde hace seis o siete años. Para él era un enchufe, saltar, venir a la Península. No quería volver a Las Palmas».

Y es que en Las Palmas le esperaba el «encierro», ese lugar que llegó a definir en una de sus obras como «el manicomio del Dr. Rafael Inglot». Miembro de una familia tan maldita como genial, retratada por Jaime Chávarri en el documental «El desencanto», Leopoldo María Panero nació en Madrid el 16 de junio de 1948. Su padre, Leopoldo Panero, era considerado el poeta oficial del franquismo (su pasado, sin embargo, era de izquierdas). Su madre, Felicidad Blanc, fue escritora y actriz e hizo poco honor a su nombre, manteniendo una relación con Leopoldo que en muchos momentos sobrepasó el odio. Con sus dos hermanos, Juan Luis (también poeta) y «Michi» (agitador cultural) terminó enfrentado y sin relación más allá de la palabra escrita, siempre afilada.

Antes, en su memoria y en el tiempo, a Leopoldo María Panero le habían diagnosticado esquizofrenia. Fue a los diecisiete años, aunque la enfermedad no le privó de su genialidad. Genialidad que le llevó a escribir poesía (deja casi 60 obras), ensayo y narrativa. Sin olvidar su inmesa labor como traductor, una figura que llegó a transformar.

Uno de los nueve novísimos

Pero su poesía, siempre su poesía, llena de tantos abismos como su alma, fue lo que hizo que José María Castellet le incluyera en su famosa antología «Nueve novísimos poetas españoles» (1970). Una poesía que, según Charo Fierro, «te hacía estar siempre al borde de los sentimientos. Llegaba a emocionar tanto como a maldecir. Era cruel y tierna, era esa lucidez llevada al extremo».

La editora, que conocía al poeta desde la época de la Movida madrileña, se queda con su «infinita ternura». «Era tierno, indefenso, obediente, dócil, meticuloso, atento... Pero cuando percibía que le iba a llegar un gesto de ternura se rebelaba. Leo quería protección, pero no quería recibir muestras de afecto. Cinco minutos de convivencia con él podían despertar todos los demonios que tenía dentro. Era el hermano del diablo en la convivencia». Queda su legado y un libro inédito titulado «Rosa enferma», que Huerga & Fierro publicará en otoño. «Esa obra tan rotunda es para que nos inspiremos en sus ráfagas de genialidad y grandeza», remata Fierro.

Esas ráfagas hicieron que ayer muchos le recordaran. Como el editor Jorge Herralde, que definió a Panero como «un grandísimo poeta» del que quedará «el recuerdo del fulgor». Vicente Molina Foix, otro de los «novísimos» de Castellet, dijo que «Panero ha escrito los mejores poemas de su generación» y el editor Chus Visor le definió como «el único poeta maldito en España». Un poeta cuyos versos, surgidos de la locura, resuenan hoy más que nunca: «En la arena/ yace un muerto/ es lo mismo/ yacer entre palabras».