Muere el poeta Leopoldo María Panero
El poeta Leopoldo María Panero - abc

Muere el poeta Leopoldo María Panero

El loco y genial escritor falleció anoche, a los 65 años, en un hospital de Las Palmas de Gran Canaria mientras dormía

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El poeta Leopoldo María Panero falleció anoche, a los 65 años, en el Hospital Psiquiátrico Juan Carlos I de Las Palmas de Gran Canaria, donde vivía en régimen abierto. «Murió como si se le hubieran apagado sus órganos, estaba suavemente dormido», explica Charo Fierro, editora del genial escritor en Huerga y Fierro.

Panero será incinerado mañana en el Tanatorio San Miguel de Las Palmas de Gran Canaria, donde su cuerpo será velado a partir de las 14:00 horas de hoy. El cadáver del poeta permanecerá en el tanatorio algo más de 24 horas, hasta que se proceda a incinerarlo, algo que está programado para las 16:30 horas de mañana

Fueron Huerga y Fierro quienes anunciaron la muerte de Panero a través de este mensaje de Facebook: «Amigo Leopoldo María Panero, siempre has sido un extraordinario poeta, fiel y amigo de tus amigos. Allí donde estés que sepas que te echaremos de menos. Te queremos Descansa en paz».

Sus editores se enteraron del fallecimiento del poeta por un mensaje del doctor Segundo Manchado sobre las 00:15 horas de la noche del miércoles. Tal y como cuenta su editora, Panero, «estaba bien. Además, ayer salió del hospital. Cenó e incluso habló con algún autor. Dentro de su malditismo, todos hemos perdido la genialidad de Leo. Era el fortín de todos».

Y es que el loco y genial creador formaba parte de una familia volcada en las palabras. Poeta fue su padre, Leopoldo Panero, su hermano, Juan Luis Panero, y su sobrino, Juan Panero. Hijo de la escritora y actriz Felicidad Blanc, era también hermano de «Michi» Panero, al que Nacho Vegas dedicó una canción.

Poeta maldito y marginado, estaba tutelado en régimen abierto en el Hospital Psiquiátrico Insular de Las Palmas de Gran Canaria (hoy Juan Carlos I) o como él lo llama en una de sus obras «el manicomio del Dr. Rafael Inglot». «Yo no sé si Leopoldo María Panero está loco o si miente cuando afirma que un poeta tiene que ser asesino para salvar la vida (...) si no está loco, y eso no lo saben ni en Canarias, al menos es uno de los más queridos habitantes de la antología de Castellet», señalaba en 2002 Tulio Demicheli en las páginas de este periódico.

«Cinco minutos de convivencia con él podían despertar todos sus demonios»«Es una gran pena. Venía sistemáticamente a la Feria del Libro de Madrid desde hace seis o siete años. Para él era un enchufe, saltar, venir a la Península. No quería volver a Las Palmas», recuerda Charo Fierro. La editora considera que la poesía de Leopoldo María Panero te hacía «estar siempre al borde de los sentimientos». «Llegaba a emocionar tanto como a maldecir. Era cruel y tierna, era esa lucidez llevada al extremo».

Un ser de «infinita ternura»

Desde el punto de vista personal, Charo Fierro destaca del poeta, al que ella y Antonio Huerga conocían desde la época de la Movida madrileña, su «infinita ternura». «Era tierno, indefenso, obediente, dócil, meticuloso, atento... Pero cuando percibía que le iba a llegar un gesto de ternura se rebelaba. A ella le llamaba Challo, pues tenían una relación muy especial, ya que «Antonio era más el padre tirano». «Leo quería protección, pero no quería recibir muestras de afecto. Cinco minutos de convivencia con él podían despertar todos los demonios que tenía dentro. Era casi el hermano del diablo en la convivencia. Vamos a echarle mucho de menos».

El pasado año se recopilaron en «Poesía completa» todos los poemarios que Leopoldo María Panero publicó entre 2000 y 2010, en los que cedía la palabra al silencio, el vacío, la muerte. «En la infancia vivimos y, después, sobrevivimos», proclamaba el autor en la película«El desencanto» (1976), dirigida por Jaime Chávarri. De ese «después» daba cuenta precisamente su poesía.

«Pero no sólo de ese, sino también del después de la muerte del Sujeto y, por supuesto, de la Literatura y de la propia Poesía. Y es que, tras la llegada de la modernidad, esta no ha hecho más que sobrevivirse a sí misma», escribía Luis García Jambrina en ABC, para quien «nadie como Panero ha sabido encarnar mejor este final de época o de un mundo en el que nos encontramos; de ahí su carácter póstumo, apocalíptico y radical».

Por eso, hoy más que nunca, resuenan sus versos:

«En la arena/

yace un muerto/

es lo mismo/

yacer entre palabras».

Y también sus palabras: «Más allá de donde aún se esconde la vida, queda un reino, queda cultivar como un rey su agonía, hacer florecer como un reino la sucia flor de la agonía: yo que todo lo prostituí, aún puedo prostituir mi muerte y hacer de mi cadáver el último poema».

En otoño podremos volver a disfrutar de su poesía, pues Huerga y Fierro publicará «La rosa enferma», libro inédito de Leopoldo María Panero. «Como tiene esa obra tan rotunda, el legado que deja es para que todo el mundo nos inspiremos en sus ráfagas de genialidad y grandeza», concluye Charo Fierro, quien además recuerda una de sus últimas frases: «Yo en la vida siempre he vivido en el infierno».