Pérez-Reverte: «Twitter tiene un lado peligroso que me desagrada»
Arturo Pérez-Reverte - IGNACIO GIL

Pérez-Reverte: «Twitter tiene un lado peligroso que me desagrada»

El escritor «enfriará» su relación con la red social, donde se igualan las opiniones de «cualquier descerebrado, animal, majara o talibán» con las de un premio Nobel

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El escritor Arturo Pérez-Reverte, que tiene 800.000 seguidores en Twitter, va a «enfriar» su relación con esta red social y dejará de usarla de forma tan asidua, porque tiene un «lado peligroso» que le desagrada. En una entrevista en Efe Radio para el programa literario «Entre comillas», que conduce Marta Robles, explicó que no va a dejar de tuitear del todo, pero que se propone «enfriar relaciones con Twitter». Entre otros motivos, porque le dedica varias horas semanales que prefiere emplear en otras tareas y porque se le da «demasiada importancia» a lo vertido en internet cuando a veces son «comentarios de barra de bar» que no le gusta ver como titulares a modo de «tormentas tuiteras».

Pérez-Reverte se plantea hasta qué punto le merece la pena «discutir con alguien que no ha leído lo que estás diciendo, que se está guiando por algo retuiteado y fuera de contexto» o con quienes rebosan «osadía» sin saber de qué hablan y «crean polémicas absolutamente artificiales».

Al escritor cartagenero no le gusta tampoco que en internet se igualen las opiniones de «cualquier descerebrado, animal, majara o talibán» con las de un premio Nobel: «Ese igualitarismo de la Red, que es bueno pero también es malo, impide discernir el mensaje interesante de lo que es pura basura "internetera"», dice Pérez-Reverte.

Si va a abandonar parcialmente Twitter «no es por resentimiento», puesto que le ha ido muy bien y ha conseguido unos 800.000 seguidores. No obstante, tiene «un lado peligroso» por esa «falta de discriminación del mensaje que está creando estragos». Pérez-Reverte opina que internet es un mal filtro para pulsar la opinión de la calle y que solo es una herramienta útil para quien acude con preparación cultural previa. También le fastidia que circulen artículos con su firma y sea difícil combatir esas suplantaciones.

El escritor expone que todos ahora leemos menos literatura por estar al tanto de internet, incluso un «lector pertinaz, contumaz y empedernido», como él se confiesa, ha cambiado la rutina de leer hora y media antes de dormir.