Los galos y los lectores vuelven a echar de menos a Goscinny en «Astérix y los pictos»
Una viñeta de «Astérix y los pictos» - abc

Los galos y los lectores vuelven a echar de menos a Goscinny en «Astérix y los pictos»

Por primera vez, dos nuevos autores firman una aventura de los dos irreductibles guerreros

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Lo que parecía imposible se ha hecho realidad: Astérix y Obélix vuelven a repartir tortazos entre los romanos y a zamparse jabalíes sin medida, pero sin ninguno de sus dos creadores a los mandos. Uderzo, de 86 años, dio permiso para que dos nuevos autores se encargaran del guión y el dibujo de la trigésimo quinta aventura de los galos. Ellos son, respectivamente, Didier Conrad y Jean-Yves Ferri, que fueron escogidos tras una exhaustiva selección. Hoy ha salido a la venta su primera entrega, «Astérix y los pictos».

Ambos son franceses, como debe ser en una historia que tiene tanto que ver con la idiosincrasia gala. La historia que desarrollan continúa la tradición de los viajes de los protagonistas en ayuda de algún pueblo oprimido por el imperio latino. En este caso es Escocia la tierra que acoge los mamporros, y los pictos, los pobladores que pelean valientemente por defender sus tradiciones.

Como en el caso de «La gran zanja», hay una pareja de tortolitos enamorados en peligro, y un feísimo jefe dispuesto a realizar cualquier fechoría, incluso a aliarse con las huestes de Julio César, con tal de hacerse con el poder de todos los clanes y casarse con la desgraciada chiquilla enamorada del apuesto guerrero.

Los típicos tópicos

¿Y el resultado? Pues, como no podía ser menos, salen a relucir todos los tópicos del país visitado, desde el monstruo del lago Ness hasta el whisky, las gaitas, las faldas masculinas, los tartanes o el salmón en papillote. Esto ocurría también en Hispania, Egipto, Suiza, Córcega, Bretaña... No lo hace mal el nuevo encargado de idear la línea argumental y los chistes, pero de nuevo se echa de menos, y mucho, el fino humor y la inteligencia de René Goscinny.

Aunque esto ocurre en realidad desde su muerte en 1977. Él era un auténtico maestro a la hora de sacar punta a cada situación, de hacer juegos de palabras e hilarantes paralelismos entre la época pretérita y la actual. Las diez aventuras siguientes de los galos, firmadas por Uderzo en solitario, nunca estuvieron a la altura de los anteriores.

En cuanto al dibujo, hay que reconocer que Didier Conrad ha hecho una gran labor. Se trata del mismo ilustrador que ya abordó la infancia de otro personaje de Goscinny, Lucky Luke, en «Kid Lucky», y consigue reproducir a la perfección los rasgos de Astérix y de los habitantes de su pequeño poblado. También se ve que ha estudiado a fondo los movimientos y gestos de los personajes.

Recordamos que la polémica surgió con las declaraciones de Sylvie Uderzo, hija del famoso dibujante: «Los peores enemigos de Astérix son hoy los financieros que controlan el negocio, la antítesis de los valores que encarnaron los personajes originales. Mi padre les vendió la empresa que había creado con Goscinny. Y son ellos los que van a seguir comerciando los personajes, utilizando a otros creadores para seguir comerciando con la leyenda que otros crearon».

Por cierto, Uderzo si firma al alimón con Conrad la imagen de la portada del libro.