«En España pensáis que los islandeses somos los héroes de la crisis»
El escritor islandés Hallgrímur Helgason, este jueves en Madrid - efe

«En España pensáis que los islandeses somos los héroes de la crisis»

El escritor Hallgrímur Helgason presenta su novela más polémica, «La mujer a 1000º». Una mirada ácida sobre las guerras y la sociedad actual capitalista a través de los ojos de una anciana que vive en un garaje en Reikiavik

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«Vivo sola en un garaje, y solo tengo a mano un ordenador portátil y una vieja granada de mano. Es comodísimo». Así arranca la última y polémica novela de pintor, columnista y escritor islandés Hallgrímur Helgason, que lleva por nombre «La mujer a 1.000º» (publicado en castellano por Lumen y en catalán por Edicions 62). Es solo el principio de un relato corrosivo, humano, trágico y al mismo tiempo con mucho sentido del humor.

El voluminoso libro, de casi 650 páginas, es una ácida mirada hacia la guerra, «porque cambio completamente la vida de la protagonista»- y también hacia la sociedad actual, quebrada por el capitalismo. El texto es la narración en primera persona de Herra, una anciana de 80 años que viene en un garaje recostada en una cama de hospital debido a un enfisema pulmonar. Carcomida su alma por los recuerdos y el cuerpo por un cáncer que se ha negado a remitir, ha decidido cuándo y cómo quiere morir: el 14 de diciembre, incinerada a 1.000 grados. Vive sola, con la única compañía de un ordenador portátil, una ventana al mundo exterior que le permite asomarse a una Europa herida por la crisis.

El libro surgió después de que Helgason realizara una llamada de teléfono para ayudar a su mujer en una campaña electoral. Al otro lado del hilo telefónico surgió la voz de una anciana que le explicó «que vivía en un garaje y cómo mantenía contacto con la gente, porque que no podía moverse de la cama. Daba clases de islandés a personas de otras parte del mundo, como Indonesia. También me habló sobre la vida en general. Era muy divertida. Me fascinó. Además le gustaba la literatura, aunque nunca había oído hablar de mí», bromea Helgason, autor, entre otros libros, de la novela «101 Reikiavik», llevada al cine y que fue protagonizada por Victoria Abril.

Entre la realidad y la ficción

Hablaron durante horas. Años después, el escritor quiso retomar aquella conversación pero la mujer había muerto y al investigar su vida descubrió que era la nieta del primer ministro de Islandia, el único nombre real que se mantiene en la novela. «Eso no se puede variar y todo el mundo lo sabe». Sin embargo, hubo a quien no le gustó la intromisión en la vida privada de esta mujer, cuyo padre fue miembro de las SS durante la II guerra mundial, un secreto de Estado que alió a la luz en 1988, provocando el consiguiente escándalo. «La familia fue al ministerio de Cultura y quiso denunciarme por vulnerar los derechos de propiedad intelectual. Pero ninguna ley afirma que existan derechos de autor sobre la historia de una persona. El caso fue sobreseido», explica. «Pero entiendo que no estén contentos». No fue la única voz que se levantó contra el libro, al que también atacaron «por contener un lenguaje demasiado sexual».

«La familia quiso denunciar por vulnerar los derechos de propiedad intelectual»Con las dos autobiografías, la de la nieta del primer ministro islandés y la del padre de esta -publicadas ambas en Islandia-, el escritor ha tejido una novela, «50% realidad y 50% ficción», en la que muestra a una mujer «que no estaba amargada. Vivía el aquí y el ahora. Tenía recursos y se podía adaptar a una realidad nueva. A pesar de su edad, conocía muy bien la tecnología». El autor reconoce que adaptó algunos rasgos de ella que no son reales. «En mi libro es más masculina. Si ve la portada del libro se parece a Karl Lagerfeld», bromea.

Los efectos de la guerra

La protagonista, Herra, vuelve una y otra vez a la II guerra mundial en este relato novelado. «Me vi obligado porque los peores momentos de su vida los vivió entonces. Transformó su existencia. El hecho de que su padre luchara con los nazis afectó el resto de su vida». Pero reconoce que aquí ha incluido mucha ficción para elevar el tono dramático de la novela. La acción salta en el tiempo pero también en el espacio, Islandia, Dinamarca, Alemania, Polonia, Argentina, París... «Aunque siempre se sintió un poco sola -nadie entendió por lo que pasó-, vivió en muchos países y le gusta hacer generalizaciones sobre la gente que ha conocida». Lo que incluye una durísima definición de los ingleses. «Quizá por eso no han traducido mi libro al inglés», se ríe.

«Los islandeses están orgullosos de tener una presidenta lesbiana»En un constante ir y venir del pasado al presente, de la guerra a ese garaje en Reikiavik, la protagonista, «una mujer adelantada a su tiempo, que fue feminista antes de que existiera ese término», también critica la situación por la que atraviesa Islandia: la crisis económica, los bancos, el abandono de los ancianos como trastos viejos en un garaje y un gobierno presidido ahora por una mujer lesbiana. «Me puse en el lugar de una mujer que con cierta edad ve las cosas con prejuicios de persona mayor. Yo no estoy de acuerdo con eso, pero me resultó incómodo escribirlo porque tengo amigas que pertenecen al círculo más próximo de la primera ministra. Lo cierto es que los islandeses están muy orgullosos de tener la primera presidenta lesbiana. La situación los homosexuales en mi país es muy buena, quizá la mejor del mundo. La gente tiene una mente muy abierta».

Una sociedad muerta

Cronista político, cuando se le pregunta por la situación por la que atraviesa Islandia se vuelve más locuaz. «La luna de miel ha terminado porque hemos vuelto a los viejos tiempos. El pasado mes se celebraron las elecciones y los partidos que fueron responsables de la crisis han ganado las eleccciones. Creo que la gente o está cansada de la crisis o de estar enfadados... Quieren volver a la vida anterior. Para mí es un poco como tener nostalgia de Stalin. No tiene sentido. Tras el llegó la democracia, las elecciones y cuatro años después la gente quería que volviera el antinguo régimen comunista. Que volviera la antigua elite dirigente. Estaban cansados de tener que pensar y tomar decisiones políticas todos los días».

«Antes de la crisis la sociedad islandesa estaba muerta»«En Islandia -explica-, los cuatro años anteriores a estas últimas elecciones fueron maravillosos porque la gente estaba tan enfadada que era muy activa políticamente. Tenían blogs, se reunían, querían una nueva constitución... Antes de la crisis financiera no ocurría nada. La sociedad islandesa estaba muerta, solo trataba de ganar dinero. Después de la crisis llegó un partido que limpio todo eso y nos permitió salir de ella. Quizá por eso la gente se ha permitido el lujo de volver a votar a aquellos que nos llevaron a la crisis. No lo entiendo. Aquí en España pensáis que los islandeses somos los héroes de la crisis, que la hemos superado. Lo hicieron bien durante cuatro años, pero ahora... Nadie es perfecto», bromea.