Xavier Casals: «La injusticia conduce al caos y el caos agudiza la injusticia»

Xavier Casals: «La injusticia conduce al caos y el caos agudiza la injusticia»

El historiador analiza el nuevo populismo español en «El pueblo contra el Parlamento»

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¿Vox populi, vox Dei? Poner interrogantes a la máxima latina puede parecer provocador cuando el populismo cuestiona las instituciones y ocupa plazas públicas. En «El pueblo contra el Parlamento» (Pasado & Presente), el historiador Xavier Casals se pregunta qué está sucediendo para que el debate de la calle asedie el Congreso: un populismo, de derecha e izquierda, multiplicado por las redes sociales. Su crónica va de Ruiz Mateos a los indignados, pasando por Gil y Gil, Mario Conde, el juez Garzón, la Plataforma ultra de Anglada, las CUP’s independentistas o Bildu.

–¿Qué ingredientes tiene el discurso populista?

–Tiene como blanco el establishment político y financiero, denuncia un presunto secuestro de la expresión popular o los derechos ciudadanos por élites oligárquicas y eventualmente corruptas que carecen de legitimidad. Contrapone «los de abajo» y «los de arriba», el «pueblo» y las «élites» y exige una regeneración política amplia o radical. Algunas consignas son muy directas, como «¡No hay pan para tanto chorizo!».

–¿En qué ha fallado la clase política?

–Ha sido incapaz de ampliar cauces de participación (listas abiertas, diputados adscritos al territorio, más proporcionalidad en el reparto de escaños); ha tendido a convertir los partidos en entes burocráticos y autónomos, con financiación opaca y sospechosa; ha sido impotente para consensuar soluciones a problemas relevantes (desde los desahucios a la inutilidad del Senado). Su ejemplaridad ética ha decaído al aflorar casos de corrupción, mientras su decisión de rescatar entes financieros con recursospúblicos resulta incomprensible a muchos ciudadanos al considerar que va en detrimento del interés general.

–Se habla continuamente de populismo de derechas pero prolifera en estos momentos un populismo de izquierdas y otro judicial con el juez Garzón...

–Asistimos a la eclosión de populismos de derecha e izquierda en forma de movimientos sociales como lo son el 15-M o formaciones de signo diverso. Agrupaciones transversales con afán inclusivo (como por ejemplo Foro, Plataforma) o valores (Unión, Progreso y Democracia, Solidaritat, Compromís), pivotan sobre dos banderas (identidad y protesta) e intentan proyectarse como movimientos cívicos y evitan hacerlo como partidos. El populismo –al margen de su ideología– pretende refundar la democracia acortando distancias entre políticos y ciudadanos. El de izquierdas plasma una democracia asamblearia y eventualmente sin liderazgos. La democracia plebiscitaria se expande: Garzón apoya que los ciudadanos elijan a los miembros del Congreso General del Poder Judicial.

–¿Qué supone desplazar el debate político, que pase del Parlamento a la calle?

–En primer lugar, que la actividad política ya no se limita a los canales institucionales, que no parecen capaces de incorporar inquietudes de sectores sociales significativos. En segundo,que los grandes partidos deben reinventarse: cuando la crisis pulverizalos tiempos políticos (hoy una legislatura es una eternidad) y las ansias de participación aumentan, estos se manifiestan renuentes a los cambios. En tercer lugar, una tensión creciente entre la «legitimidad auténtica » –de procedencia ignota– que se abroga la «calle» y la deslegitimidad que se atribuye al Parlamento (pesea ser electo). Un presunto divorcio entre «el país real» y el «legal».

–¿El lema «España nos roba» y las consultas independentistas son formas de populismo?

–Las consultas populares por la independencia celebradas del año 2009 al 2011 reflejaron la eclosión de un populismo plebiscitario: las organizó la ciudadanía a nivel local y al margen de los partidos. El «España nos roba» refleja que el nacionalismo catalán y la reacción defensiva española que ha generado revisten discursos de eficiencia económica. Así, si desde sectores catalanes se denuncia el «expolio» de Madrid, desde otros de la capital se denuncia el «despilfarro» autonómico, en especial catalán. Uno llama a luchar contra el enemigo externo (las élites de un supuesto Estado depredador) y el otro contra un enemigo interno (las élites nacionalistas despilfarradoras y desintegradoras del Estado).

–¿Por qué se «italianiza» la política española?

–Por la conversión del escándalo en arma política cotidiana compartida por los partidos; la judicialización de la vida política y que la agenda de ésta última tiendan a crearla los medios de comunicación. Se imponen mensajes populistas estridentes que radicalizan los discursos de los grandes partidos.

–¿Se puede pensar que las redes sociales potencian esa sensación de que todos podemos opinar sobre todo?

–Conforman en el mundo virtual la democracia anhelada en el real: la «plaza electrónica» es horizontal, de interacción inmediata, transparente y con una participación que depende del interés personal. De ahí que se intente recrear esta democracia en la esfera pública, como reflejó el 15-M.

–¿Qué nos espera en el futuro? ¿El caos puede ser peor que la injusticia?

–El horizonte dibuja una implosión del sistema político estatal y autonómico. Cuanto mayor sea su inmovilismo de los dos grandes partidos, mayor impacto tendrán los discursos populistas que preconicen un afán directo de hacer tabla rasa de la viejapolítica. Grecia e Italia constituyen serios avisos. ¿Caos o injusticia? La injusticia puede conducir al caos y el caos puede agudizar la injusticia.