Margaret Atwood: «No puedo evitar ser un faro moral»
Margaret Atwood, en Bilbao - EFE

Margaret Atwood: «No puedo evitar ser un faro moral»

Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2008, abre camino en el festival literario de Bilbao

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A sus casi 74 años, la escritora canadiense Margaret Atwood es la reina de Twitter. Escribir en esta red social le produce un efecto similar a hacerlo en la puerta interior de un baño público o en la corteza de un árbol. Nada más pisar Bilbao propaga su fascinación por «Puppy», el florido perrito guardián de Jeff Koons junto al Guggenheim, y en cuanto vuelva al hotel piensa subir fotos de la Alhóndiga. El viejo almacén de vinos remozado por Philippe Starck acoge estos días el festival literario «Gutun Zuria», del que Atwood es la estrella principal. Pero la premio Príncipe de Asturias en 2008 no termina de entender el fenómeno del culto. «Querer conocer al escritor del libro que te ha gustado es como querer conocer a la oca después de disfrutar un paté», le gusta decir.

-Se ha anticipado a los grandes problemas de la nueva modernidad. ¿Se considera una visionaria, como dicen?

-A veces ocurre, pero no tengo una bola de cristal (sonríe). Es lo que parece. Pero simplemente soy una persona que supone cosas y tiene suerte. Surge de leer muchos periódicos, ver las tendencias. También presto mucha atención a los anuncios.

-¿Y de su idilio con Twitter?

-También. Pero ahí hablo de lo que ya ha ocurrido; empecé por accidente. Sigo los descubrimientos científicos (su padre era biólogo y su hermano es neurofísico). Leo «National Geographic» y «Scientific American Magazine». Las nuevas investigaciones te indican cómo es el ser humano. Hace tiempo se hablaba de que había que congelarse para despertar un día con un nuevo cuerpo. Pero sabes que eso no ocurrirá porque, una vez que te congeles, tu familia se gastará toda tu pasta y no pagará para mantenerte en hielo.

-¿La realidad virtual ha transformado mucho su imaginación?

-Cada nueva tecnología cambia las posibilidades del argumento. Por ejemplo, en «La chica del dragón tatuado» (en español «Los hombres que no amaban a las mujeres»), que es un libro muy feminista escrito por un hombre, su fuerza se basa en la capacidad infinita de esa chica en usar la tecnología. No se podía haber escrito en 1980. Cada tecnología nueva, incluso la aparición de la píldora, lo cambia todo. Todo debe ser repensado. ¿Qué papel juega Twitter en un escritor? Depende: hay quien lo odia, le parece una pérdida de tiempo. Es comprensible. Aconsejo que, si no estás cómodo, no lo uses. Yo estoy en Twitter porque soy muy curiosa.

-Reniega de ser un icono literario, pero alimenta a diario a un batallón de 390.000 seguidores.

-¿Qué es un icono? Es una estatua de un santo. Algo inanimado, normalmente de madera. Evidentemente no quiero. Estaría muerta, y ¡yo estoy viva! Los iconos generan iconoclasia, pero eso desvirtúa la realidad. Twitter es un proceso de exploración. Como si tuvieras tu propio canal de radio. No es una buena idea decir «yo soy maravillosa», pero sí que otros son maravillosos, hablar sobre sus libros, mostrar sus páginas web. Forma parte del proceso de exploración de una persona viva.

-¿Cree que el escritor debe ser un faro moral de la sociedad?

-Una novela siempre es un documento moral. Por el idioma, porque puedes hablar de plantita como flor o como mala hierba. O puedes decir puta o mujer de vida licenciosa. Cuando escribes no puedes evitar que tenga una implicación moral, dependiendo de cómo se desarrolla la historia. Pero es el lector el que determina, no importa lo que yo ponga. Unos interpretan de una manera y otros de otra. Si tú a Karl Marx le hubieras dicho que el estalinismo iba a ser el resultado de sus libros, le hubiera aterrado. No puedes predecir el resultado de lo que predicas. Es una pregunta redundante, el autor no puede evitarlo. A veces, para justificarse a sí mismo o para crear belleza. Pero eso también es una declaración moral.

-Se crió en Quebec, donde existe un fuerte movimiento independentista, como en el País Vasco. ¿Diría que está en la naturaleza del hombre querer separarse del otro?

-Sí. Todo depende de la geología y de la economía. Si un grupo quiere separarse, tiene que pensar en cómo conseguir el dinero, cómo podrá defenderse. Supongamos que nos quedáramos en una posición débil, que hace que las empresas grandes vengan de fuera y lo compren todo. Hay que pensar cómo salvaguardar la cultura. Los anglosajones siempre pensamos en eso, porque compartimos con EE.UU. el idioma. Pero en Canadá no solo hay dos actores (el separatista y el unionista). El tercer grupo son los indígenas, en el norte de Quebec, la nación del lago Wolf, que cada vez más alzaban su voz y protestaban por haber sido ignorados, en mi opinión, durante demasiado tiempo. Los indígenas también tienen un idioma aparte y una cultura ancestral, y decían a los separatistas que, si os vais de Canadá, nos separamos de vosotros… También reivindican su cultura y el control de sus propios recursos. Y tenían razón. Es una negociación continua.

-¿Se considera una gran feminista, como dicen?

-Yo no respondo hasta que alguien me defina qué es feminista.

-Por ejemplo, ¿defiende hoy las cuotas en partidos y empresas?

-Es una mala idea. Pero la cuestión de la mujer se ha tratado durante miles de años. Si tiene alma, si puede ir a la universidad, si puede votar o si puede vestir pantalones en el colegio. Cada esfera dependía de la era. Pero ¿y el salario igualitario? Eso sigue sin estar resuelto. O el aborto, todavía es un tema muy candente en EE.UU., así que ¿en qué medida eres o no feminista?

-¿Hay alguna gran mujer de la Historia, además de Penélope, que le gustaría retratar en sus libros?

-De lo que no tengo escrito no puedo hablarle. Es un secreto profesional (ríe entre dientes).