Julio Llamazares: «La literatura tiene que dar calambre»
Julio Llamazares, en el estudio de su casa - ernesto agudo

Julio Llamazares: «La literatura tiene que dar calambre»

El escritor publica su nueva novela, «Las lágrimas de San Lorenzo»

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Es una de las noches más bellas y ensoñadoras del año. El 10 de agosto es la noche de San Lorenzo, cuando esa lluvia de estrellas anual nos conmueve el corazón, y hace que esas llamadas lágrimas corran por nuestras mejillas, seamos pequeños, medianos o veteranos en la vida.

Esa asamblea de felicidad veraniega que es esa vigilia es el eje de la nueva novela de Julio Llamazares, titulada, precisamente, «Las lágrimas de San Lorenzo» (Alfaguara), una reflexión, según el propio escritor, «sobre la Naturaleza y el paso del tiempo». Y unas cuantas gotas de melancolía que brotan del alma de su protagonista, un profesor cincuentón de vuelta de todo, que vuelve a reunirse con su hijo que camina ya hacia la adolescencia, melancolía de tiempos que quizá, por pasados, fueron mejores.

-No publica a menudo, ¿es por pura autoexigencia?

-Más que exigente lo que soy es lento, no sé escribir de otra forma. Supongo que podría escribir más rápido, pero yo no escribo como un medio para algo, para mí escribir es mi manera de estar en el mundo y de entender la vida, y eso me lleva tiempo

-¿El pasado puede ser el paraíso perdido de nuestra felicidad?

-La memoria es la única patria de todas las personas que hemos renunciado a todas. Esa es una de las ideas de la novela, si es que en literatura se puede hablar de ideas más que de sugerencias. Para un escritor, la patria es su memoria, la patria son esos lugares a los que deseas volver porque allí has sido feliz, y creo que la patria no tiene nada que ver con la falsa idea del patriotismo vinculada a tierras y fronteras.

-Pero a veces hasta podemos reinventarnos ese pasado a nuestro antojo.

-Cuando hablo de la memoria no hablo de una memoria abstracta, de una idea fija, objetiva, verdadera e inmutable. La memoria, si es precisamente algo, es maleable, cambiante, es como una nube en la cabeza. De hecho, los libros de memorias son los más ficticios que existen, porque la ficción es la verdad transmitida a través de la mentira. Suelo recordar una frase de Lobo Antunes que dice que la imaginación es la memoria fermentada. La memoria se compone de experiencias personales, colectivas, soñadas, leídas, vividas que cuando fermenta y se corrompe suelta un vaho como pasa con las hojas en los bosques al pudrirse, y ese vaho es la imaginación, de ahí surge todo.

-¿Los abuelos, los padres y los hijos ven las mismas estrellas en esa noche de San Lorenzo?

-Ven las mismas estrellas pero de forma diferente. Hay una edad en la que las estrellas vuelan y te hacen volar, y otra edad en que te llenan de melancolía. Como dice uno de los protagonistas, «pasamos la mitad de la vida perdiendo el tiempo y la otra mitad queriendo recuperarlo». Eso es esta novela, una reflexión sobre el tiempo, sobre la Naturaleza y el paso del tiempo

-El tono de esta novela es especialmente poético.

-La literatura es la música de las palabras, pero no la música por capricho, sino porque esa música es lo que genera una atmósfera de ensoñación. El escritor debe introducir al lector en un duermevela, en una ensoñación que hace que se aparte de la realidad y entre en otra. Eso se consigue a través de la música de las palabras, y eso lleva tiempo. Lo que diferencia la escritura de la literatura es la existencia o no de poesía, y entiendo aquí la poesía como magia de las palabras, no como género literario. Cualquier libro, sea novela, sea libro de viajes o sea lo que sea que no tenga poesía no es literatura. La poesía es lo que convierte un texto en literario o no, esa poesía es la que busco cuando escribo, se trate o no de una novela

-Estas páginas huelen al lúpulo y a las buganvillas ibicencas.

-El objetivo del escritor siempre debe ser hacer que el lector sienta lo mismo que él cuando escribe. Cuando escribo, si hace frío quiero que el lector sienta frío, y si hay tomillo que lo huela, y que los búhos asusten a los niños en el bosque. El objetivo de la literatura es provocar una conmoción, la literatura tiene que dar calambre, leer un libro tiene que ser como meter los dedos en un enchufe, que remueva cosas en tu pensamiento y tu memoria y te provoque otra novela en tu interior.

-¿Cuál es su verdadera relación con Ibiza?

-Todas las novelas son autobiográficas no porque cuenten la vida del autor sino porque reflejan su alma. Ibiza es un lugar que quiero mucho y donde he sido feliz siempre que he estado. Es la misma idea anterior de la patria, la patria es donde te encuentras bien no dónde pone el carnet de identidad. Además su carácter de isla, y por tanto algo ajena al paso habitual del tiempo enlaza con el eje de la novela. Hablo de una isla que no es la del glamur, las discotecas, el lujo, hablo de la isla real de la gente que vive siempre allí. En realidad, el verano es como si hubiera tres meses de Sanfermines. Las islas tienen algo especial, no vas corriendo a todos los lugares, las islas limitan la ambición, porque no puedes ir mucho más allá, ni mucho más lejos, y el primer paso para la felicidad es precisamente limitar la ambición.

Hecho está. Solo basta ponerse a contar estrellas.