Chesterton: feo, católico, sentimental... y peleón
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Chesterton: feo, católico, sentimental... y peleón

Se publica «Sobre el concepto de barbarie», su furibundo libelo antigermanófilo

manuel de la fuente
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Feo (bueno, más bien grandón: 1,93 m. de altura, 130 kg. de peso), católico (aunque bautizado anglicano), y sentimental (admirador del pasado, feligrés de la tradición)... y peleón, con una lengua triperina y unas palabras afiladas como la cimitarra de un jenízaro otomano, polemista a conciencia, crítico siempre, inspirador de la Liga Distribuista (ni capitalismo ni socialismo, sino todo lo contrario), periodista, poeta, narrador, (para Borges tan importante como Kafka), creador del genial sacerdote y detective Padre Brown, Gilbert Keith Chesterton fue también en la I Guerra Mundial un convencido antigermanófilo, pues tenía a los alemanes como la encarnación del mal y creía que la Gran Guerra era una «lucha de civilizaciones y religiones, para determinar el destino moral de la Humanidad».

En tal sentido, escribió «Sobre el concepto de barbarie» en 1915, que en España se publicó con prólogo de Unamuno (algunas de cuyas frases reproducimos abajo), como en esta nuevo edición del libelo chestertoniano que rescata la colección Espuela de Plata (Ed. Renacimiento), que ha sido preparada por Emilio Quintana, profesor del Instituto Cervantes de Estocolmo. La gran traducción es de Héctor Oriol, realizada también en 1915.

Príncipe de las paradojas

El profesor Quintana presenta a los lectores de ABC a este hombre al que se llamó el «príncipe de las paradojas». «Chesterton fue uno de los mejores escritores reaccionarios ingleses del siglo XX. Forma parte de una tradición que tiene su origen entre los grupos católicos ligados al Oratorio de Birmingham, a la figura del Cardenal Newman. En esta Galaxia Newman están otros como Hillaire Belloc, Tolkien, Evelyn Waugh, R. H. Benson, C. S. Lewis, etcétera. Para ellos, la imaginación literaria es una forma de relacionar el drama de la vida con la verdad de la Fe. Escribió muchísimo, de lo bueno, de lo malo y de lo regular. Últimamente tiene muchos seguidores nuevos, pero algunos lo abrazan acríticamente, y de esta forma no le hacen ningún favor, a pesar de su buena fe».

Mucha marcha... intelectual

No parece, además, que el afilado escritor inglés fuera de los que se callaran. Le iba la marcha... intelectual, al menos. «Le gustaba debatir, era un polemista. Se tiró casi toda la vida discutiendo en público, especialmente con George Bernard Shaw. Le gustaba llevar la contraria a todo el mundo, sobre todo a los descubridores de crecepelo intelectual. Para Chesterton, el mundo moderno era una broma de mal gusto, una calamidad contraria al sentido común que tenía mala salida».

Aunque España no participó directamente en la Gran Guerra, el país se dividió entre aliadófilos (Unamuno) y convencidos germanófilos (Pío Baroja), hasta el punto de que nuestro huso horario, por ejemplo, nos liga hoy al meridiano de Berlín, no al de Londres. «Los aliadófilos estaban más entre los progresistas, y los segundos entre los más conservadores, excepto algunos futuristas que estaban encantados de que los alemanes bombardearan las catedrales góticas. Entre los aliadófilos, casi todos eran defensores de Francia, pero había un pequeño grupo de anglófilos, gente que vivía sobre todo en los puertos de mar que tenían comercio con Inglaterra (Santander, Las Palmas, Huelva...). Los que defendían la política oficial de la neutralidad de España, por lo general eran germanófilos vergonzantes. Y luego estaba Baroja, que estaba a favor del Káiser porque pensaba que limpiaría España de moscas, frailes y carabineros».

Alemania a debate

Hoy, Europa vuelve a sentir el dominio alemán, el debate está servido: «El ataque de Chesterton a Alemania es frontal, una descalificación absoluta de la Kultur prusiana. A Alemania la considera una nación bárbara enemiga de la civilización. El gran acierto de Chesterton es la separación que hace entre civilización y progreso tecnológico. Sobre el concepto de barbarie va más allá de un panfleto. Chesterton trasciende la contingencia bélica y delimita de forma clara los límites de su pensamiento moral. A Chesterton le habría gustado que aquella Alemania fuera como una Suiza grande, el país de los idilios de Gessner, de las terracotas biedermeier, de la arcadia neoclásica de Goethe. Pero lo que anuncia es Auschwitz. ¿Hoy? Seguramente preferiría que Angela Merkel hubiera nacido en una granja de vacas cerca de Karlsruhe. Y estaría fascinado por Ratzinger. Pero su causa contra Alemania me parece que termina con las palabras de Primo Levi en «Si esto es un hombre»: «Destruir al hombre es difícil, casi tanto como crearlo: no ha sido fácil, no ha sido breve, pero lo habéis conseguido, alemanes».