Julia y Javier se ponen transitivos

FEDERICO MARÍN BELLÓN
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10TEXTO

El star systemnació gracias a gente como Julia Roberts, a seres privilegiados que asoman su rostro a una pantalla y, sin hacer nada especial ni ser los más guapos, consiguen que al público le entren ganas de ir a verlos. A falta de otras certezas, quedó claro que ellos tenían la sartén y los contratos por el mango. Julia ni siquiera ha necesitado participar en una sola obra maestra o completar una actuación «de Oscar». Luego hay actores como Javier Bardem, quien tuvo que sudar hasta la última gota de talento para que su aspecto brutote no eclipsara al genio que lleva dentro. La ventaja del primer genotipo es que luce casi en cualquier circunstancia. Javier no. Si el guión no está a la altura o el proyecto no le entusiasma, le sale el ramalazo cristinobarcelona.

«Come, reza, ama» es la segunda película de Ryan Murphy, creador televisivo de moda gracias a las arriesgadas series «Nip/Tuck» y «Glee». Aquí juega más sobre seguro, en teoría, y trata de ofrecer al público un pastel romántico al uso —sólo falta que repitan eso de «amar es no tener que decir nunca lo siento»—, con el aliciente de traerse ingredientes exóticos al paso de Julia por Roma, la India y Bali. Tanto vuelo siempre genera algún retraso y el recorrido termina por hacerse largo. Pero qué quieren. Come, reza y ama, que no es poco.