Jean Echenoz recrea la leyenda de Emil Zátopek en «Correr»

El escritor francés novela la vida de un atleta checo a la sombra del régimen comunista

BARCELONA Actualizado:

A Jean Echenoz (Orange, 1947) no le interesa lo más mínimo el deporte, pero para poder escribir «Correr» (Anagrama) tuvo que leerse «unos 4.000 números» de «L'Equipe». «Solo miraba la sección de atletismo», puntualiza un autor que, como ya hiciera en «Ravel», bucea de nuevo en la vida de otro personaje asombroso para reconstruir su biografía en clave de novela. Y el elegido en esta ocasión ha sido Emile Zátopek; el atleta de fondo más importante de todos los tiempos; un joven checo que, pese a no mostrar ningún tipo de interés por el deporte, acabaría convertido en un icono universal del atletismo.

Su proeza, aún no superada, fue ganar tres medallas de oro —en 5.000 metros, 10.000 metros y maratón— en los Juegos Olímpicos de Helsinki, aunque el interés del autor de «Me voy» por el personaje va más allá de lo estrictamente deportivo. «Emil empezó a correr por obligación cuando los nazis invadieron Checoslovaquia y continuó corriendo bajo otro régimen autoritario», explica Echenoz dando a entender que, en efecto, «no se puede hablar de Zátopek sin tener en cuenta el contexto histórico en que se movió». Porque Zátopek se movió, sí, pero no tanto como le hubiese gustado.

Y es que, convertido en un icono soviético, en «la prueba de que el socialismo podía crear a los mejores deportistas», apunta Echenoz, su éxito fue también su condena. «Correr era lo que le daba sentido a su vida, pero también lo que se la robaba», explica Echenoz, quien relata en «Correr» como el régimen socialista, temeroso de que el atleta decidiese «escapar» aprovechando alguna de las muchas invitaciones que recibía de la Europa occidental o de Estados Unidos, limitó sus desplazamientos y tergiversó sus declaraciones. «Fue un rehén del sistema», sentencia Echenoz. El propio escritor revela que, cuando terminó el libro, descubrió que habían utilizado a Emil para firmar una carta en la que el régimen se regocijaba públicamente de la muerte de un enemigo del régimen.

Con el apodo de «la locomotora humana» y convertido sin querer en un atleta de Estado, Zátopek nunca dejó de correr con su estilo imposible y esa cara como tensada por cables de acero. Incluso cuando lo alejaron de las pistas y le mandaron a limpiar las calles de Praga, Emil seguía corriendo. Contra el régimen, contra sí mismo y contra su propio pasado. «Su carrera se puede entender como una manera de escapar», añade Echenoz.

Moldear la realidad

«No es una biografía, ya que nadie podría llegar al fondo de lo que era Zátopek», matiza el francés. Aún así, su mano moldea realidad y ficción para anudar atletismo y socialismo y relatar desde sus inicios en una fábrica de zapatos a su destierro a unas minas de uranio por apoyar públicamente a Alexander Dubcek pasando por su fulgurante éxito deportivo. «Hay que buscar al personaje, pero sin convertirse en un esclavo», asegura.

Amante de las vidas ejemplares y memorables, Echenoz firma con «Correr» la segunda entrega de una trilogía que arrancó de la mano del compositor Maurice Ravel y echará el cierre, entre rayos y centellas, con Nikola Tesla.