Fernando Pessoa, un genio frustrado, asexual, amante de la astrología y con amigos invisibles desde la infancia
Richard Zenith presenta la biografía definitiva del escritor portugués, creador de heterónimos como Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis, que dejó al morir más de 25.000 papeles con poemas, ideas y proyectos
El escritor que quería escribir todo y de todos a expensa de su propia vida
Carlos Sala
Barcelona
En 1906, un joven Fernando Pessoa de 16 años leía por primera vez el 'Canto a mi mismo' de Walt Whitman. Todavía estaba en Durban, Sudáfrica, donde residía desde que a los 7 años y media había tenido que abandonar Lisboa con su madre ... y su segundo marido, cónsul portugués del territorio. Aquellos versos de «vengo a darme a todos y engrandecer a todos... Todo está en mí, no sé lo que es, pero sé que está en mí», le marcó tanto que por fin entendió lo que había sentido desde niño, que su interior no tenía límites, sino posibilidades, potencias, furias y que en su plan maestro iba a escribir no desde una voz, sino desde todas.
El escritor y editor Richard Zenith presenta 'Pessoa. Una biografía', (Acantilado) una monumental reconstrucción de la inabarcable figura del creador de hasta 72 heterónimos. En cerca de 1.500 páginas, Zenith reconstruye paso por paso la vida de un autor reservado, muy introvertido e individualista, e intenta separarlo del mito del genio alcoholizado y encerrado en su torre de marfil. Desde su más tierna infancia, hasta su muerte a los 47 años por una cirrosis hepática, Zenith logra dilucidar cuál fue su vida real, sus sufrimientos, proyectos y relaciones, más allá de sus personajes y mundos literarios imaginados. «En el original inglés, la biografía se titula una vida experimental, porque eso fue la vida de Pessoa, un experimento más dentro de su creación literaria», afirma el biógrafo en declaraciones al diario ABC.
La vida del poeta arranca con la muerte por tuberculosis de su padre cuando tenía cinco años. A los seis meses, moría su hermano de un año por la misma enfermedad. Encerrarse en sí mismo y en sus lecturas será un canal de supervivencia en una casa en la que también convive con una abuela con demencia que explota de improviso en ataques de ira. «Siempre vivió rodeado por gente mayor. No tenía amigos de su edad. Su mayor influencia será un tío abuelo que le animará a usar su imaginación y crear personajes y amigos imaginarios. Éste será el inicio de sus heterónimos», afirma Zenith.
La biografía se detiene concienzudamente en el siguiente episodio de la vida de Pessoa, su estancia en Durban, Sudáfrica. Allí vivió nueve años y marcará toda su educación sentimental. Estudia en inglés y su mente se impregna de esa musicalidad, que se podrá ver en su portugués. «Sus poemas en inglés no tienen la soltura ni la brillantez de sus obras en portugués, pero éstas no se entienden sin su educación anglosajona», remarca Zenith. En Sudáfrica se dará cuenta por primera vez de las desigualdades de la vida y de los privilegios de género, raza y clase. «Convivía con ingleses blancos, con indios que habían ido allí a trabajar y con los zulús autóctonos y en seguida verá cómo la sociedad está jerarquizada para proteger los privilegios de los blancos. Su pensamiento, siempre a la contra y por completo individualista, viajará de cierto racismo, misoginia y gusto por el totalitarismo de Salazar a postulados más libertarios, pero siempre sospechoso de cualquier dogma o ideal grupal», afirma el biógrafo.
Zenith, que habla un perfecto castellano después de vivir años en Colombia, ahora reside en Lisboa, donde está el Archivo Pessoa. Asegura que su célebre baúl no es simplemente un mito, sino que existió, que Pessoa lo llevó en sus múltiples traslados, pero que pronto quedó pequeño y los papeles se fueron extendiendo por todas partes. «Lo adquirió en 1910, pero la actividad de Pessoa era frenética. No paraba de escribir. La familia lo vendió en los años 70 al gobierno portugués, que lo ha guardado en el archivo. Todavía hay posibilidad de encontrar algunos inéditos, porque en la misma página Pessoa podía escribir una lista de libros que le interesaban, el proyecto de una editorial, y en una esquina un rubai, poemas persas que le encantaba imitar», señala.
El año clave en la vida del poeta fue 1914. En ese año nacerán los tres principales heterónimos de Pessoa, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis. «A los 15 años ya publicaba en un periódico inglés poemas adjudicados a poetas inventados por él, pero en marzo de 1914 será cuando nacerá como una visión Alberto Caeiro y le dará vía libre a todo lo que estaba buscando desde que leyera a Whitman. Se da cuenta que el yo no es más que un vehículo para alcanzar el todos y busca escribir todo y desde todos los puntos de vista. Quería ponerse en la piel de otros y sentir la vida de forma diferente a partir de ellos», explica Zenith.
Inicia entonces su frenética actividad que le lleva incluso a llevar una correspondencia consigo mismo en la voz de otros heterónimos. Pessoa queda como una más de sus voces, pero no la más importante. El problema es que vivir tanto a partir de otros no le da mucho tiempo para protagonizar su propia vida. «Mi biografía, que es una, porque con Pessoa puede haber cientos, quiere centrarse en esa vida que había más allá de los heterónimos. Cuando vuelve a Lisboa ya no sale de Portugal nunca más, pero no vive encerrado. Cada día sale a pasear y observa su alrededor y cada día se para dos o tres horas en bares donde se encuentra con amigos. El mito del hombre separado de la vida tampoco es cierto», asegura.
Lo que es cierto es que nunca tuvo relaciones sexuales y sólo se le conoce una novia, Ofelia, hacia el final de su vida, una relación de tan sólo un año que a pesar de algunos besos fue algo más bien platónico. «Ella estaba muy enamorada, pero él no la correspondía del todo. Para él no era más que un experimento más. No lo hacía de mala fe, quería saber en primera persona lo que era el amor, pero no lo consiguió», asegura Zenith. En cuanto a la sexualidad, la vivió más en su mente que en su cuerpo, a través de heterónimos más sensuales, que hablan de sus múltiples relaciones, como Álvaro de Campos», comenta.
El interés de Pessoa puede decirse que trasciende el cuerpo físico. Por eso, se interesó desde muy joven en la astrología, y entre sus miles de papeles existen cartas astrales suyas, pero también de sus heterónimos. «El leyó a Aleister Crowley, el famoso mago negro inglés, que protagonizó una magia sexual con múltiples contactos carnales. Pessoa era un mago más blanco en este sentido, le interesaba el ritual sexual pero no como práctica en si, sino más en la imaginación», asegura Zenith, quien afirma que en los años 10, mientras practicaba la escritura automática en inglés, la masturbación era un tema que salía una y otra vez.
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El escritor portugués moría el 30 de noviembre de 1935, a la edad de 47 años y sin haber alcanzado la fama ni el respeto literario qué él creía que merecía. No fue hasta los años 50 en que la crítica recupera su inaudito proyecto literario y lo encumbra. «Esto le llenaba de frustración. No entendía por qué nadie parecía entusiasmarle lo que hacía, ni sus amigos. En cierto sentido, se adelantó a su tiempo. La gente creía que esto de los heterónimos sólo era una broma. Pessoa se consolaba pensando que ningún gran genio era reconocido por sus contemporáneos y hablaba que Shakespeare sólo era considerado como un escritor divertido e ingenioso al principio. No fue hasta una generación después que se le consideró el gran autor trágico que conocemos hoy. Él dejó escrito la grandeza que sentía dentro y que reconocerían después y en esto también tuvo razón», concluye Zenith.
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