Ricardo Menéndez Salmón (i) y Javier Gomá (d) - ÁNGEL DE ANTONIO

La eternidad de un arte efímero

Las obras expuestas en el nuevo centro nacieron para servir a las palabras de un periódico. Dos escritores, Javier Gomá y Ricardo Menéndez Salmón, inspiran hoy en ellas su pensamiento

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¿Ysi el museo se abriese como un libro? ¿Cómo podríamos leerlo? Hemos invitado a dos escritores a hojear el nuevo Museo ABC, paseando por sus páginas(natural, porque páginas fueron lo que hoy se muestra en las vitrinas) y a compartir su impresión personal con los lectores. Impresión... No hay rincón en el que deje de sonar un eco de tinta.

El museo nació de un periódico y el novelista Ricardo Menéndez Salmón no deja de apreciar un manso oleaje de pequeñas historias que acaba en estos dibujos: «Yo veo narración en cada ilustración. Tal vez es una deformación propia, pero creo que estas historias hoy demandan ser contadas». Hubo una vez un dibujante que miraba...

Al filósofo Javier Gomá le interesa encontrar en el museo, tan singular por dedicarse a la ilustración gráfica, lo que humildemente los artistas realizaban con un fin menos grandilocuente que otras obras: «Tal vez estos dibujos no se habrían valorado hace 50 años, en beneficio del gran formato. En la obra sobre papel el artista es más audaz o experimental, incluso más íntimo. Antes se consideraba que este arte era instrumental; podía ser interesante, pero hoy cobra importancia, la ilustración no es ya un arte ancilar».

—Siempre se le resta prestigio a la obra de encargo.

—Eso ha ocurrido solo desde el romanticismo. Pero el paradigma romántico está en declive —subraya Gomá— y el encargo forma parte de la historia del arte con mayúsculas. El encargo del Papa Julio II a Miguel Ángel para la Sixtina no causó ningún problema o escrúpulo al artista, que no lo consideraba una merma de su genio. Sófocles estrenaba sus obras para las dionisiacas con reglas muy estrictas. Siempre ha sido así».

Para Menéndez Salmón, es una cuestión de clima o contexto: «Me pregunto si muchas de las obras alimenticiasnos seguirían mereciendo ese calificativo si no supiéramos que obedecían a un encargo. Aquí me resulta inevitable, por ejemplo, pensar en las ilustraciones del periodo 36-39. La distancia entre la cartelería prorrepublicana o profascista española y la cartelería probolchevique o proplanquincenal es mínima, por no decir inexistente. Pero en el marco de un museo periodístico, unas y otras se leen de forma distinta que en el entorno de un museo autoral».

O puede que ya no, porque el tiempo corre en la misma dirección y en lejanía son otros los matices que importan. Hay un detalle hermoso que prueba cómo la historia de ABC se ciñe a la de España. Las portadas republicanas del diario incautado por la República fueron inmediatamente integradas en la colección y cuidadas por los editores al término de la contienda. No fueron asumidas como una vieja cicatriz, eso se palpa en la exposición. El costurón de aquellas dos Españas cuya matanza fue común se restaña un poquito en aquel amor al arte, convertido en lección de convivencia.

¡Hay tantas historias inesperadas que se reflejan en las aguas de papel! Menéndez Salmón invoca «cuestiones sociales como en los dibujos de Juan Gris sobre la Conquista del pan, que imagino remiten al clásico de Kropotkin, o cierta ridiculización de la Iglesia que se cuela sutilmente en algunos dibujos, son casos claros donde habla la época, como en esas caras de dos niños besando la mano del cura en la aldea en 1907. Lo que demanda este museo es ver cada obra con ojos abiertos. Decía Borges que lo primero que hay que mirar en un libro es el año en el que fue escrito, y aquí hay que tener esto también muy presente». El museo puede ser como un libro...

Menéndez Salmón habla del nuevo espacio: «Me interesa mucho. Es un museo de escala humana, integrado en un Madrid de calles estrechas, que encuentras de pronto como una explosión que integra un edificio que por dentro parece bastante clásico, por los materiales, el blanco, la madera, y por fuera sorprende al insinuar ese aspecto escamado y metálico del espacio de entrada, con los focos de luz y el patio. Ahí el museo invita a compartir la plaza con una mansada de viviendas normales, porque no es un edificio exento, sino que hay cierta vocación de integrarse en la vida del barrio».

Gomá hace un poco de contrapunto musical: «Es muy singular. Hoy los museos los hacen las Administraciones o algún mecenas, pero es muy poco frecuente que nazca de un medio de comunicación, y no uno cualquiera, sino uno que ha mantenido su presencia e influencia en la sociedad actual desde hace más de un siglo, lo que permite repensar o seguir toda la historia del siglo XX y parte del XXI a través no de las fotos —y no seré yo quien diga que la foto es realista necesariamente, porque posee elementos artísticos e interpretativos grandes—, pero en la ilustración gráfica ese elemento subjetivo se acentúa todavía más. ¡Si había una revista que se llamaba La Ilustración Española

—¡Era la competencia de Blanco y Negro aquel 1891!

—Sí, claro, pero se puede decir que quien realizó el lema de La Ilustración Española no fue La Ilustración Española,sino el ABC. Además, ¿qué otra institución generadora de opiníon pública tiene cien años en España y, además, es capaz de fundar un museo? Aquí es donde se demuestra que ilustración y literatura fueron siempre de la mano y este centro nos habla de esas vidas paralelas.

Gomá interroga: «¿Hasta qué punto hablamos de un museo de arte español? Para mí, es un gran museo complementario al Reina Sofía. Si me permitís la comparación musical, el Reina Sofía es la música sinfónica del arte español del siglo XX, mientras que el Museo de ABC es la música de cámara, más íntima, más sencilla, más experimental».

Tercia el novelista: «Quizá, en el fondo, la cuestión de la impurezaremita a la cuestión de los géneros y toda su constelación de prejuicios adquiridos. Esto es: la impureza del cuarteto de cuerda frente a la sinfonía, la del spot frente al largometraje, la del graffiti frente al muralismo, el relato frente a la novela, etcétera...»

Los artistas de periódico dieron utilidad a sus dibujos y, tiempo después, han ganado este museo, que Gomá define como «contemporáneo por lo que tiene de frontera, porque el periódico es efímero y es hermoso ver las obras aquí, que fueron útiles», engrosando un archivo que hoy es una colección impresionante de 200.000 obras de arte.