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El continente sonoro

Desde el próximo jueves, el Festival de Granada dedica su nueva edición a Iberoamérica

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El Festival Internacional de Música y Danza de Granada tiene a su favor el paisaje. La Alhambra y el Palacio de Carlos V en primer lugar, donde se cuenta que en 1883 tuvieron lugar los primeros conciertos sinfónicos que mediado el siglo XX sirvieron de inspiración al actual certamen. En ese mismo recinto están el Teatro del Generalife y el Patio de los Arrallanes. El primero es ahora un espacio moderno, recientemente restaurado para un más cómodo trabajo de los artistas y una más agradable estancia de los espectadores; el segundo, sin embargo, preserva la impresión de lo frágil a la sombra de una arquitectura esculpida en el detalle de la filigrana.

Pero hay otros lugares, varios de ellos en la propia ciudad. La Abadía del Sacromonte, el Monasterio de San Jerónimo, el Hospital Real y la Catedral, entre los históricos; el teatrito del Hotel Alhambra Palace, el de Caja Granada o el de Isabel la Católica, como ejemplo de recintos más convencionales. Todos reunidos confirman que en el Festival de Granada la vista importa tanto como el oído, y que el deambular es tan importante como el reposo.

Entre lo extraordinario, la Orquesta Venezolana Simón Bolívar, que llega con Gustavo Daumiel

Hace tiempo que la organización del evento quiso potenciar esta idea y se propuso convertir la programación en una ruta musical en la que cada concierto fuera una estación y donde la visita momentánea tuviera tanta importancia como la visión general y en perspectiva de un horizonte que tiene sus ondulaciones. Una de ellas se llama FEX y corresponde a una ampliación que se extiende por la ciudad y la provincia con conciertos y espectáculos de todo tipo que difunden las artes escénicas por los rincones más insospechados. Otra corresponde a los Cursos Manuel de Falla, entre los que asoma un mensaje fundamental como es el de la música latinoamericana al hilo del inicio de las conmemoraciones relativas al Bicentenario de las Independencias de las Repúblicas Iberoamericanas.

Con este argumento se ordena la ruta de las cerca de cuarenta convocatorias que se prevén en la programación principal y con la que se espera hallar el reflejo de 600 millones de habitantes que, compartiendo el español y el portugués, se unen en una compleja, mestiza y compartida historia cultural. Una razonable cronología obliga a la llegada de Colón al continente americano, acontecimiento que desde 1492 ha suscitado una enorme variedad de matizaciones a la búsqueda de un término que sea conciliador de las partes. La postura tradicional, la cronológica, la pluralista, la hispanista… debaten desde entonces una expresión adecuada para denominar aquel hecho.

La música no ha sido ajena y las propuestas más radicales que abogan por mantener la pureza de estilo en el repertorio importado y en el autóctono se unen a otras en las que ambos se superponen. Algo de esto explicarán el Ensemble Plus Ultra y His Majestys Sagbutts & Cornetts, dirigidos por Michael Noone en su ciclo «Al Oriente por Occidente», o el grupo cubano Ars Longa y sus proyectos alrededor del Renacimiento en la Nueva España y el mestizaje del Barroco americano. Incluso, los programas del Ensemble Residencias en recuerdo del tiempo del exilio español y del actual.

Hermanamiento profundo

Más cosas, pues el mapa de la música es paralelo al de la danza, y más homogéneo. Esta materia troncal la imparten el Boston Ballet y su programa Black and White evidente desde el título, el brasileño Grupo Corpo de Belo Horizonte, el Ballet Argentino con un programa dedicado al tango, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco, y el Ballet Nacional de España con repertorio clásico español. Porque a través de la música, del concierto, es donde se adivina la adecuación a los tiempos. A la historia pertenecen los grandísimos intérpretes que en otros momentos visitaron el Festival marcando actuaciones puntuales y extraordinarias. Salvo destellos, se ha impuesto la buena calidad media y con ella una cierta homogeneidad.

Hace tiempo que la organización se propuso transformar la programación en una ruta musical

Entre lo extraordinario está la Orquesta Venezolana Simón Bolivar que llega con Gustavo Dudamel para insistir en su afición latinoamericana. Al lado, aparece la Orquesta del Estado de México con Enrique Bátiz defendiendo el repertorio vernáculo y otro con ritmos indómitos y mestizos. La Orquesta de Gran Canaria y su titular Pedro Halffter trascienden lo obvio a través del misticismo de Parsifal, de la Atlántida de Falla y el ballet Panambí de Ginastera. Del mismo modo que algo de cordial tiene el proyecto de la Sinfónica de Galicia con Víctor Pablo Pérez y zarzuelas de dos mundos, la cubana, Cecilia Valdés, y andaluza, La tempranica.

Pero hay un hermanamiento argumental más profundo, propio de este tiempo de fronteras sin aduana en donde se funden los géneros, los gustos, los estilos y en el que, apurando, todo vale, incluido el guiño a lo popular. Por eso el tenor granadino José Manuel Zapata, en un conato de inauguración del Festival, cantará en homenaje a Gardel y al tango, música que también inspira al dúo formado por el flamenco Miguel Poveda y el bandeonista Rodolfo Mederos. Sin olvidar el cierre con Joan Manuel Serrat recordando a Miguel Hernández. Además de la esperada y soberana cita de Daniel Barenboim y su Staastskapelle Berlin al margen de toda doctrina. No hay regla sin excepción.