Crítica de:
'Libro de mis vidas', de Margaret Atwood: tejiendo jerséis y escribiendo novelas
Memorias
A sus 86 años, la autora de 'El cuento de la criada' recorre con humor y lucidez sus múltiples vidas, desmontando los clichés ligados a su carrera
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Iniciar sesiónEn una ocasión, como cuenta Margaret Atwood en su obra recién aparecida 'Libro de mis vidas', que lleva el subtítulo de 'Como unas memorias', la otra gran escritora, Margaret Laurence, de su mismo lugar de procedencia, Canadá, junto a la Premio Nobel de Literatura 2013 ... Alice Munro, se quejaría de que «como tenía hijos, no la trataban como a una autora seria, sino como a una mamá inofensiva que horneaba galletas: como una como una 'simple ama de casa'».
Pero el cliché de Atwood, una autora admirable en todos los géneros que se propusiera, no solo novela, sino también poesía y ensayos, durante mucho tiempo vendría de otra imagen tópica repetida hasta la saciedad: «Yo acabé protestando —dirá— por todo lo contrario: cuando no estaba volando por el aire bajo la forma de un murciélago, afirmaba que era capaz de desmoldar un pastel navideño y tejer varios jerséis de lana a la vez. Se trata de una dicotomía muy antigua: por un lado, una mujer hacendosa haciendo cosas de mujeres; por el otro, una escritora seria con un cuchillo guardado en la manga». A menudo le decían: «Escribe como un hombre».
MEMORIAS
'Libro de mis vidas'
- Autora Margaret Atwood
- Editorial Salamandra
- Año 2025
- Páginas 688
- Precio 27 euros
Margaret Atwood, a través de su obra, de su propia vida y de su activismo en un gran número de causas de su época, siempre desmentiría, uno a uno, todos los prejuicios y lugares comunes. Ahora, la célebre autora de 'Alias Grace', 'El cuento de la criada', 'Ojo de gato' o 'El asesino ciego', entre otras muchas, con el humor y la autoironía deliciosa y festiva, aunque a la vez muy seria y comprometida, que la caracteriza, y con ese coloquialismo tan atractivo y cercano siempre a sus lectores, se puede decir que ha celebrado, en una aparición simultánea, a nivel mundial, sus «múltiples vidas» y sus 86 años, siempre plenos y sin cesar enriquecidos con nuevos desafíos.
Aunque desde su primera obra, 'La mujer comestible', de 1969, muchos la encasillaran 'únicamente' como una 'canónica' militante del feminismo y eso se repitiera en todas las críticas y juicios superficiales de la época («mis entrevistadores, todos hombres, se mostraban o aprensivos u hostiles») ella siempre fue mucho más allá.
Y así lo demuestra confesándose en todas sus etapas, apariciones de obras, polémicas, sucesos políticos y continuas y lúcidas «lecciones de vida» infiltradas en cada uno de sus recuerdos, desde sus inicios, en una infancia en los bosques al norte de Quebec y Ontario, hija de un matrimonio («ratones de campo por naturaleza»), un entomólogo y una nutricionista, volcados por entero en la vida al aire libre, entre mosquiteras y lámparas de queroseno.
El suyo es un autorretrato lleno, como siempre, de brío y clarividencia, ágil y brillante, que sin duda disfrutarán todos los lectores de esta intelectual de ardiente independencia, embriagada, más que nada, de todo lo que sea libertad de pensamiento, lejos de dogmas y censuras.
El suyo es un autorretrato lleno, como siempre, de brío y clarividencia, ágil y brillante
Así lo ha demostrado continuamente, en su cerca de veinte novelas, una decena de magníficos ensayos y numerosos libros de poesía, aunque la fama mundial le llegó más que nada por una distopía: 'El cuento de la criada', una obra nacida en el Berlín de 1984, antes de la caída del Muro, protagonizada por una humilde sirvienta vestida con una capa carmesí y una cofia blanca, que se convertiría en símbolo de la lucha feminista.
Una obra visionaria e inquietante, a la manera de las profecías de Orwell y su '1984', mal entendida en el momento de su aparición, que Atwood vería resucitar treinta años después, adquiriendo una nueva e inusitada vida através de una serie televisiva. «Nada procede de la nada. El pensamiento teocrático puritano no desapareció del todo durante la Ilustración del siglo XVIII. Ninguna nación surge de cero. Si Estados Unidos fuera una dictadura totalitaria ¿qué forma adoptaría? ¿qué bandera ondearía?, decidí que sería una teocracia supuestamente cristiana, con la Biblia alterada y citada de modo que se adaptara a los fines del régimen».
En esta segunda ocasión, con el relato distópico adaptado para una serie, el momento no era uno cualquiera, como contará Atwood: «El estreno fue en 2017, habían transcurrido cuatro meses desde la llegada de Trump a su primer mandato y muchos consideraban que no era una ficción, sino algo que bien podría convertirse en realidad».
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SuscribeteColaboradora de ABC Cultural. Crítico de libros de literatura extranjera.
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