PANTALLAS
La incineración y otros retos para Frankenstein en el siglo XXI
FUEra de campo
En nuestro hoy en día, al doctor Frankenstein le darían el Nobel y a su monstruo, una subvención. ¿Qué aporta hoy este mito?
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Iniciar sesiónHoy todo el mundo sabe que el monstruo de Frankenstein nació en 1816 y tiene pasaporte suizo; lo dio a luz Mary Shelleyen una elegante mansión cerca del lago Lemán, y parece ser que el padre no era exactamente el poeta Percy B. ... Shelley, pareja de Mary, sino un médico italiano, Luigi Galvani, cuyas teorías sobre la aplicación de electricidad a los cuerpos muertos, conocidas como galvanismo, tenían como resultado aparente la impresión de revivirlos a causa del baile grotesco que producía el chisporroteo en los cadáveres.
Al cine llegó Frankenstein ya muy mayor, casi con cien años, y en un cortometraje de 13 minutos dirigido por J. Searle Dawley en 1910, aunque realmente su entrada triunfal fue en 1931 con el director James Whale y en el glorioso cuerpo del actor Boris Karloff.
Se han hecho casi un centenar de películas sobre él, el monstruo, y lo han encarnado, con perdón, una gran cantidad de actores después de Boris Karloff, como Lon Chaney, Bela Lugosi (en los ratos que no era Drácula), Christopher Lee (también draculiano), los paródicos Fred Gwynne (el padre con tornillos de ‘La Familia Munsters’) y Peter Boyle (el amoroso monstruo de Mel Brooks en ‘El jovencito Frankenstein’), Robert de Niro, Aaron Eckhart y, el último, Jacob Elordi, el de la película de Guillermo del Toro, por solo citar a los que más cobraron.
Sobre este personaje, el cine español ha tenido pocas cosas que decir, aunque alguna de ellas de cierta relevancia. Jesús Franco le dedicó dos películas, ‘La maldición de Frankenstein’ y ‘Drácula contra Frankenstein’, que, en fin…, Y luego está ‘Remando al viento’, deGonzalo Suárez, en la que recrea la noche de su nacimiento en Villa Diodati, en Suiza, y el capítulo realmente hipnótico en el que aparece en ‘El espíritu de la colmena’, de Víctor Erice, que lo interpreta el actor José Villasante.
¿Hay algo que pueda reanimar su cadáver en la actualidad? Pues, rotundamente no
En fin, todo esto no son más que unos cuantos datos sobre lo que ha recubierto de celuloide el corpachón de Frankenstein, pero, ¿qué hay en su interior? Y, sobre todo, ¿hay algo que pueda reanimar su cadáver en la actualidad? Pues, rotundamente no. Veamos:
Frankenstein es un monstruo del siglo XIX que proyectó sus ‘mensajes’ de modo metafórico sobre el siglo XX, la responsabilidad científica, la precaución de ponerse en el lugar de Dios, la dependencia de la criatura frente a su creador, la sensibilidad del creador para guiar la independencia de su criatura, la buena educación, el sentimiento de abandono, el desamparo, la rebelión y la venganza, además de los sentimientos de rechazo social que sufre el monstruo por ser ‘diferente’ y no sentir el trato humano que cree merecer.
Casi ninguno de estos ‘mensajes’ tienen un efecto especial en el siglo XXI, en nuestra sociedad del bienestar, en la que nuestras teorías de buena convivencia (las prácticas son otra cosa) nos enseñan a no rechazar al diferente, al desamparado, al ‘monstruo’, sino más bien a abrazarlo, comprenderlo y ayudarlo. En nuestro hoy en día, al doctor Frankenstein le darían el Nobel y a su monstruo, una subvención. Y eso valdría, sí, para una película, pero sería más de corte crítico social y la podría dirigir, por poner un par de malos ejemplos, Ken Loach o Fernando León de Aranoa.
Por otra parte, hay un detalle que no es menor y que, por ser altamente inapropiado y en algunos casos inoportuno, le sugiero al lector que lo tome entre la frivolidad y la broma. ¿De dónde se supone que lograría hoy el doctor Frankenstein los cadáveres para sus experimentos?
Es incuestionable que la incineración sería un gran problema, pues se ha impuesto mayoritariamente a la inhumación, con lo que el pobre y ‘locatis’ doctor se vería convertido más en un ladrón de urnas que en un ladrón de cadáveres. Y se me dirá que eso tal vez ocurra en las áreas urbanas, pero no en los pueblos muy del interior… Vale, pero, ¿cuánto duraría un tipo con la pinta del doctor Frankenstein brujuleando y husmeando tumbas por alguna pedanía de La Mancha antes de que lo tiraran al pilón?
Realidad virtual
No, definitivamente el monstruo de Frankenstein no es del siglo XXI y no puede encontrársele bien remendado en nuestra actualidad, a pesar de que el remiendo sea una de las técnicas en las que más ha avanzado la ciencia y la medicina (también en otras disciplinas que no vienen al caso, pongamos la política). Tal vez tendría algún sentido cinematográfico la criatura como realidad virtual o con remiendos de inteligencia artificial...
Aunque, ¿dónde se quedarían sus sentimientos de soledad, de pertenencia, de abandono o de humillante rechazo? Y más aún, ¿qué actor se prestaría a encarnar a un monstruo sin cuerpo real, sino digital, de origen más bien robótico y con una inteligencia que respondiera al estilo del ChatGPT? Francamente, no se nos ocurre ninguno ahora que Nicolas Cage ha hecho un intento (parece ser que infructuoso) por no aceptar cualquier papel que le pongan delante.
El cine de nuestro siglo ya ha acabado con los monstruos del siglo anterior y los ha convertido en víctimas, en enfermos, en pobre gente. Le ha pasado a los zombis, que son modestos e infectados; o a los marcianos, a los que hay que recibir y comprender; o a los vampiros, tan educados, vegetarianos y familiares, como los Cullen de ‘Crepúsculo’… Y, naturalmente, al monstruo de Frankenstein, un pobre tipo que no tiene donde caerse muerto.
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