CRÍTICA DE:
'Escultura. Arte de ingenio': hacia una escuela genuina granadina
GRANADA
'Arte de ingenio', en el Palacio de los Condes de Gabia, constata la existencia de un foco fértil en torno a esta disciplina en la capital andaluza
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Granada
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Iniciar sesiónPocas dudas puede concitar el trabajo de comisariado y la tesis que sustentan esta espléndida exposición: la conformación, en la última década y en Granada, de una generación de artistas que trabajan la escultura y sus derivas, como la instalación y la instalación ambiental.
Un grupo de creadores, entre los que descuellan nombres con un indudable recorrido, fortuna crítica y unas singularísimas poéticas que se internan en territorios inexplorados, como los de Alegría y Piñero, Pablo Capitán del Río,Álvaro Albaladalejo o las fulgurantes apariciones de Timsam Harding y Hodei Herreros. La decena de autores aquí reunidos comparten un mismo sentido –y sentimiento– de lo escultórico y de los materiales, pero, a pesar de los lazos, todos poseen una acusada personalidad. Autores que se reconocen en un modo de estar y en los procedimientos.
Está sobradamente justificado, por tanto, este intento de cartografía generacional de los comportamientos escultóricos en Granada, un incuestionable foco formativo y un enclave de gran tradición escultórica –piensen en la trascendental escuela barroca granadina–. Además, el ejercicio de señalamiento y descripción se hace con suma brillantez, permitiendo tanto trazar vínculos con el 'genius loci' de la ciudad andaluza, con un sentir estético persistente modulado en cada momento, como con algunas estribaciones de la escultura contemporánea.
Este ensayo generacional nos permite, igualmente, calibrar la importancia de la Facultad de Bellas Artes Alonso Cano de Granada, que, con una generación de escultores como esta –sin olvidar a otros muchos creadores cuyo trabajo discurre por otras disciplinas–, vuelve a vivir un momento dorado, no sólo por la posibilidad de que se forjen voces rotundas y personalísimas, como por la materialización de algo parecido a una escuela.
Muchos de estos artistas han compartido docentes que bien podrían adquirir la condición de maestros, como Víctor Borrego, José Luis Vicario,Antonio Collados, Alfonso del Río o Simón Zabell, auténticos urdidores de vocaciones, los cuales han ofrecido nuevos referentes, conceptos –pienso especialmente en la noción de 'taller'–, metodologías, actitudes y sensibilidades para los materiales.
Esta decena de artistas poseen un dominio apabullante de la técnica, desde los procesos industriales, a veces de gran complejidad, hasta lo artesanal, así como del manejo de materiales de una diversidad pasmosa, fruto de una inmensa curiosidad e infatigable experimentación.
Muchos de ellos, como Capitán o Albaladejo, incorporan los procesos alquímicos, de modo que algunas de sus obras, merced a los materiales y tratamientos, reaccionan a factores ambientales y se hallan 'vivas'. Por lo general, son poco dados a la enunciación del preciosismo, tal vez porque militan en las posibilidades de lo cotidiano, de lo rutinario, de lo anónimo y de lo que ya posee cierta vida.
Muchas de las piezas están envueltas en un misterio, recogimiento –las de Urbano, de auténtica maestría, son ejemplares de esto–, o enigma, poseyendo una vibración y alcance ciertos, pero susurrados y que huyen de literalidades. Así, buscan que lo conocido se enuncie distinto, de modo poético, a veces esquivo, lo cual supone una apertura a las posibilidades de significación.
Otra característica compartida es el virtuosismo, aunque no ha de ser entendido como mero gesto vanidoso. Al contrario, se formula desde cierto desdén para con la capacidad que poseen, como medio para el aprendizaje y para los retos que la materialización de la idea y de los materiales les exigen. Es un virtuosismo de estirpe barroca que debe ser entendido como la facultad de triunfar frente a las dificultades conceptuales y del proceso que se marcan.
Ese virtuosismo se modula de modo diverso, como en los asombrosos palíndromos de Alegría y Piñero o en los procesos técnicos de Elena Vicente, Albaladejo, Capitán, Fernando G. Méndez y Urbano, quienes domeñan y transforman de una manera sorprendente materiales elementales e inimaginables.
Con auténtico ingenio, como defiende el comisario al recuperar el 'Arte de ingenio' (1648) de Baltasar Gracián; justamente, al hablar de retórica hemos de precisar el uso de tropos por parte de Hodei Herreros, como la sinécdoque y la metonimia en su alusión a un cuerpo ausente.
'Escultura. Arte de ingenio'
Colectiva. Palacio de los Condes de Gabia. Granada. Plaza de los Girones, 1. Comisario: Óscar Alonso Molina. Hasta el 11 de enero de 2026. Cuatro estrellas.
La querencia por la complejidad del proceso antes que por la gratuidad y vacuidad del 'tirabuzón' se observa en la factura de no pocas piezas, que tienden a lo industrial, a la no ocultación del material, a lo precario o humilde y a lo 'maquínico'. En este último caso irrumpen las instalaciones de Javier Map y la de Natalia Domínguez, con su fuente de bebida energética, irónica mirada a la cultura techno que, con el repiqueteo del líquido al caer, evoca sonoramente Granada.
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