Grecia, en pleno éxtasis - Reuters
Eurovisión

«Do it for your country». Estas son las bazas de los 26 países finalistas de Eurovisión 2017

Del mono italiano, a la luna austriaca, los cañones rumanos o la soledad del portugués. Todo vale para hacerse con el primer puesto esta noche. Un recorrido irónico por las propuestas contra las que compite Manel Navarro

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  1. Israel

    El cantante israelí «con mangas» y a lo loco
    El cantante israelí «con mangas» y a lo loco - Reuters

    «I feel alive». Imri.

    Israel ha llegado a Eurovisión para normalizaros a todos, amigos heterosexuales, tal como Eliad Cohen, uno de sus compatriotas, se propuso hacer con el colectivo homosexual en Supervivientes 2017. Porque para más « Imri»(nombre de su cantante) se montará en la final una fiesta «heteropatriarcal inversa» de lo más resultona. Vamos, que Israel está pidiendo a gritos (nunca mejor dicho) un World Pride como el que celebrará Madrid de este verano sobre el escenario de Eurovisión. Sonrisas Profident, brazos musculados, camisetas sin mangas, estilismos que repiten todos los estereotipos del colectivo gay… Hasta los falsetes, en los que se descubre que reinas, reinas, los israelíes solo tienen una: Dana Internacional. ¿Pero qué sería del Festival de Eurovisión sin los ventiladores, los sonidos folk o los coristas de este país del Mediterráneo Oriental?

  2. Polonia

    Polonia y sus pájaros en la cabeza
    Polonia y sus pájaros en la cabeza - EFE

    «Flashlight». Kasia Mos.

    No. La cantante polaca no es Cayetana Guillén Cuervo con nuevo pasaporte. Y eso que nuestra Caye sabe hacer de todo: de cortarse los dedos a preparar paellas para doce. Ella es Kasia Mos, una chica con la falda muy corta y una canción muy larga. Es más, si en lugar de venir del Este, Mos –compositora de su tema junto a Pete Baringger y Richard Bonde Truumeel– fuera latina, se habría marcado en la primera semifinal un Sabrina Salerno televisivo en la era de las aplicaciones virtuales para ligar. Pero ella es más bien estática. Como su violinista. Nacida en una familia de músicos, toca el violonchelo y el piano, aunque terminó decantándose por el jazz. En Eurovisión se lo han llenado todo de palomas que van de un lado para otro. Esperemos que no se lo pongan todo perdido de excrementos, aunque sea en forma de «glitchs».

  3. Bielorrusia

    Bielorrusia en plan Amish siglo XXI
    Bielorrusia en plan Amish siglo XXI - Reuters

    «Historyja majho zyccia». NaviBand.

    Los Luna y Artemis de «Sailor Moon» se cansan de proteger a la chiquilla y se presentan por Bielorrusia, el país con un mantel por bandera. Ellos, muy listos, se traen ya los ventiladores de casa, esos mismos que a otras divas en esta preselección no les sirvieron para nada (la Suiza, de hecho, se tuvo que bajar de una escalera para que le llegara un poco de aire). Ellos se los colocan a un barco, y allí se plantan en el escenario para desarrollar este tema ecologista que interpretan en su propia lengua, de forma que no les está entendiendo ni el Cristo de los Faroles. Pero ellos se lo pasan bien. Con sus grititos étinicos, de esos que se suelen ir de las mano,s y sus ritmos indi y folks que tantas alegrías dieron a muchos en los noventa. Pero, ¿quién no se lo va a pasar bien con una guitarra con arreglos de macramé (él) y moñetes en la cabeza (ella) a la manera del Matías de First Dates? ¡Ese hombre está siempre feliz! Debe de ser porque es el presidente del club de fans de esta banda tan singular

  4. Austria

    El austriaco en la luna de Kiev, que no de Valencia
    El austriaco en la luna de Kiev, que no de Valencia - AFP

    «Running on air». Nathan Trent.

    El intérprete de Austria, el joven Nathan Trent, está este año literalmente «en la luna». Y es que a su delegación no se le ha ocurrido mejor cosa que montarle una falla del satélite terrestre en fase de cuarto menguante. Rematada en espejuelos, la suya es la actuación más «cuqui» de esta edición del Festival, que, como no podía ser de otra manera, llenará sus fondos de nubes de algodón. El problema es que el muchacho, estando ya «tan arriba» se bien más arriba todavía y se le va la canción en cuanto mete diafragma. Aún así, su aspecto de no haber roto en su vida y su estilismo de comenzar a repartir queso Philadelphia en cualquier momento lo convierten en un sujeto totalmente inofensivo. Incluso para ganar la final. Porque el voto nórdico estará finalmente repartido entre todos los vecinos

  5. Armenia

    Armenia y su coleta anti-montenegrinos
    Armenia y su coleta anti-montenegrinos - EFE

    «Fly with me». Artsvik.

    En el duelo de trenzas en el que convirtieron la primera semifinal el montenegrino Slavko Kalezic y la armenia Artsvik (él, más estiloso que ella meneándola, todo hay que decirlo), sólo podía quedar uno. Y la balanza terminó decantándose por esta segunda. Una delegación que a punto estuvo también de quedarse fuera por los caprichos de tinte político de Ucrania, sin que la sangre llegara al río como en el caso de Rusia. La joven talento pasa a la final y, si allí no gana, al menos se asegura algunas ventas, habida cuenta del gran muestrario de bisutería que se gasta en el escenario, ella y sus chicas. Sobre el mismo tira de acordes étnicos y pop, tal y como se merece todo anuncio de Herbal Essences, mientras se recupera el humo que no acabó con el piano de los finlandeses (aunque sí con ellos), y la pirotecnia de la mitad de los contendientes. Se cumple de nuevo la máxima de que, cuanto más al Este nos movemos en el mapa, la capacidad de ser hortera de un país aumenta y es totalmente proporcional a su calidad vocal.

  6. Holanda

    Holanda, o el regreso de las Embrujadas
    Holanda, o el regreso de las Embrujadas - Reuters

    «Lights and Shadows». O3GNE.

    Vuelven las Wilson Phillips. Vuelven las Destiny’s Child en versión aria. Vuelven las Embrujadas en forma de trío holandés para Eurovisión 2017. Y lo hacen para lanzarle al mundo un mensaje de paz como el de la Coca Cola. Allí donde las ven, estos tres especímenes son hermanas (dos de ellas, mellizas) y si les suenan sus caras es porque ustedes son muy, pero que muy eurofans (de los que comen de todo), y se toparon con ellas en un Eurojunior en 2007 (reparen ahora lo estupendas que están las mozas –también la que se viste con un mono– y lo mayores que estamos nosotros). Ganadoras de La Voz 2014 en su país (estas chicas lo hacen todo juntas), lo que se les agradece es que, ante tanto alicaimiento y atonía en la primera semifinal y tanto tono por las nubes en la segunda, vinieran a poner armonía y entonación en su «Lights and Shadows». Porque aquí ha habido solistas incapaces de empastar su voz con su propia voz.

  7. Moldavia

    Tres novias para tres cruceristas, en Moldavia
    Tres novias para tres cruceristas, en Moldavia - Reuters

    «Hey Mamma!». Sun Stroke Project.

    Un trío sí, otro (el de los presentadores no vale, que son dos y un becario). Vendido por los comentaristas españoles en la primera semifinal como «grupo liderado por un cantante de orquesta de cruceros». Uno escucha eso y le tiemblan las canillas por lo que se le sobreviene. Y entonces aparecen tres sujetos, dignos herederos de la Orquesta Topolino, acompañados de tres «miembras» que ocultan algo. El desenlace es menos previsible que el final de una peli porno (recuerden que empezamos con un trío. Y un «saxo», añado ahora, que no deja de dar por.. saco), aunque aquí el asunto sí que acaba en boda. No intenten desentrañar los pasos del bailecito que se marcan los sujetos. Más que nada, porque acabarán enfermos con el efecto multiplicador de los componentes de la banda en los fondos del escenario. Como el asunto va de trinidades, tres años llevaba este país sin llegar a una final. Sus representantes actuales participaron en el festival en 2010 junto a Olia Tira y el tema «Run Away». Desde entonces, han madurado algo, pero poco

  8. Hungría

    Tensión sexual no resuelta en la delegación húngara
    Tensión sexual no resuelta en la delegación húngara - Reuters

    «Origo». Joci Pápai.

    De tanto pedir Lorna en su día un papi, papi, papi chulo, el que ha llegado a la final de Eurovisión desde la segunda semi ha sido el húngaro Joci Pápai. Y aunque aparece sobre el escenario vestido de charro, en realidad sus orígenes son más bien gitanos (¡y en el festival nos quiere farrucos!). De hecho, a él se sube con un tambor y una especie de zíngara que hace mucho aspaviento y con la que mantiene una especie de tensión sexual no resuelta que, como no podía ser de otra manera, no acaba en beso (eso se paga), sino en bailecito agarrao. Pápai, que iba para jugador de baloncesto y se quedó en exitoso cantante en su país, se rodea también de una violinista que es lo más moderno de su actuación, que no el rap que se acaba marcando, en cuya letra se incluye la palabra «samurai». Así están las cosas: bravísimas, que diría Vicky Larraz

  9. Italia

    El italiano, haciendo el mono
    El italiano, haciendo el mono - Reuters

    «Occidentalis Karma». Francesco Gabbani.

    En el país de los ciegos, el mono es el rey. Porque a nadie se le escapa que esta edición de Eurovisión ucraniana es de perfil bajo, en la que un gran escenario en forma de nave nodriza que se llena a base de powerpoints de colores y fondos del Windows no esconde una realización justita y unas apuestas musicales de consumo rápido. Y hablando de consumo, Gabbani, ganador de San Remo, se pone en mode zen con unos chorreones de cinismo y deja a Occidente –y a toda Europa, por extensión– a la altura del betún. Lo que se merece esta edición ucraniana del festival. Embutido en su traje y con la raya del pelo perfecta, este chico martini al que el cuerpo, con sus espasmos, le va a revoluciones distintas que su voz y su cabeza, nos lanza un mantra «multi-culti» con orangután incluido y jota aragonesa «alla amatriciana». ¡Ese coro, en el que de vez en cuando uno se despista, nos demuestra que necesitamos una edición del festival latina pero ya, venga de Italia o de Portugal! Así que sólo nos queda decir una cosa (bueno, dos): «Namasté!, Allez!»

  10. Dinamarca

    Cinco lobitos daneses
    Cinco lobitos daneses - Reuters

    «Where I am». Anja Nissen.

    Otra australiana en Eurovisión. Y como se ponga de acuerdo toda la isla, nos invaden, que aquello es muy grande. Anja Nissen, en riguroso colorado, es una especie de hermana guapa de Cristina Tárrega que se ha sumado a la moda eurovisiva de este año de llevar los coros pregrabados. Lo que no le ha quedado tan claro es que lo del «mannequin challenge» era solo para la «cartolina» (que diría la Cinquetti) de presentación, mostrándose demasiado estática en el escenario, hasta que le da un ramalazo y cae de rodillas, suponemos que implorando el televoto. Por lo demás, lo más característico de su «puesta en escena» es el espacio entre sus dos dientes «paletos», donde podría sujetar el micrófono sin miedo a que este se le cayera. Su canción es tan aburrida, que uno se termina fijando en esas cosas

  11. Portugal

    Sobral va «sobrao» por Portugal
    Sobral va «sobrao» por Portugal - Reuters

    «Amar Pelos Dois». Salvador Sobral.

    Si el club de fans de la escena de la cena romántica de «La dama y el vagabundo» se convierte en el ForoCoches de Eurovisión 2017 y le revientan la final al cantante italiano, Salvador Sobral se podría convertir en el ganador de esta edición del festival. De hecho, ya es el vencedor moral. Ahora bien, con Sobral no sabemos si nos gusta la canción (perfecta para haberse alzado con el certamen en 1957), o nos supera el personaje. El portugués no deja de ser la repetición del modelo del débil humilde que se impone al soberbio acomodado y con el que tanto nos gusta identificarnos, aunque al final, en la vida real, siempre ganan los malos. Pero también es cierto que es el único cantante de toda este edición que se basta y se sobra en el escenario consigo mismo, que no necesita de fuegos de artificio ni fondos más o menos acartonados. Y la grandeza de su manera de cantar es que parece que lo hiciera solo, encerrado en su habitación. Portugal no podía haber buscado mejor combinación para su vuelta al certamen tras su ausencia en 2016

  12. Azerbayán

    La cantante azerbayana, a los pies de los caballos
    La cantante azerbayana, a los pies de los caballos - AFP

    «Skeletons». Dijah.

    Con su look noventero, Dijah pasó por el clonador de «Tu cara me suena”» y se transformó de corista azerbayana en 2016… a la nueva (¿nueva?) Wynona Ryder. Su «Skeletons» es de esas canciones que no están nada mal, pero que el país de turno decide poner en escena complicándose la existencia. A saber: una cantante que sufre agorafobia y se encierra en una caja con paredes de pizarra garabateadas, que un cuerpo de baile va desplegando hasta convertirla en un mueble polivalente de Ikea, mientras un señor se mantiene subido a una escalera con una cabeza de caballo sobre los hombros. Todo muy loco. Dicen que eso es porque la intérprete es un referente de la música experimental en su país. De eso y de la «performance» sin red. El caso es que desde 2008, Azerbayán no ha dejado de estar presente en todas las finales del festival

  13. Croacia

    Toda Croacia en un campo de girasoles
    Toda Croacia en un campo de girasoles - Reuters

    «My friend». Jacques Houdek.

    Lo de Croacia de este año está siendo investigado por todos los organismos internacionales, porque es para no dar crédito ninguno. Comencemos por el intérprete: si Paquirrín un buen día decidiera abandonar su zona de confort y arreglarse la baba, el resultado sería lo más parecido a Jacques Houdek (cuyo verdadero nombre es Zeljko, pero es que todo va de impostaciones aquí). El muchacho es otro de los ventrílocuos (o esquizos) de esta edición del festival, que ha dado para unos cuantos, de forma que interpreta a varias voces líricas, masculinas y femeninas, un tema que también sufre de multiculturalismo en sus letras y en los idiomas en los que se desarrolla. Lo suyo es como una batalla de «La Voz» (de la que suele ser jurado en su país) en la que sobre el ring están todos los miembros de Il Divo, pero donde sólo puede quedar uno. Asímismo, el cruce de mezclas continúa con su estilismo, en el que mezcla el chándal con la chupa de cuero. Para habernos «matao»

  14. Australia

    El australiano y su Instagram
    El australiano y su Instagram - Reuters

    «Don’t come easy». Isaiah.

    La generación «millennial» ha venido para quedarse. Porque Isaiah tiene solo 17 añitos, por lo que en su cabeza alberga más datos de los resultados de «X Factor» (programa que ganó en su país) que del siglo XX. Por eso el muchacho se descarga todo su instagram como fondo visual de su balada, para la que incomprensiblemente se sube al escenario vestido de enterrador. Y lo cierto es que su apuesta no necesita ni de esas imágenes (que acaban pareciendo vídeos de Bill Viola), ni de los fuegos artificiales que se gasta. Y aunque la de la primera semifinal no fue ni de lejos su mejor actuación, este australiano se ha propuesto enmendar la jugarreta que el televoto le hizo a su país el año pasado, cuando vio cómo se quedaba en la segunda posición. De eso trata su canción, de no tirar la toalla. Y dicen que a la tercera (que es el número de veces que Australia ha participado ya en Eurovisión) va la vencida

  15. Grecia

    Cuerpos escultóricos para la Afrodita griega
    Cuerpos escultóricos para la Afrodita griega - Reuters

    «This is love». Demy.

    Grecia sufre este año el efecto Telepizza: A falta de un tema interesante, la solución es poner sobre el escenario un montón de ingredientes: que si una cantante, Dimitra Papadea, de 23 años, que se parece físicamente a Ruth Lorenzo y que hasta le copia el efecto mojado del peinado. Que si un pedestal para subirse. Que si dos bailarines, a veces, culturistas, que tan pronto se ponen a hacer un «mayumaná» con el agua del suelo que a formar un corazón con los bracitos; que si la aparición de su imagen en los fondos virtuales… Todo ello para solapar una interpretación más bien limitadita de un tema que suena a ruta del Bakalao por momentos. Al menos, diremos en su favor que la muchacha no sale de la factoría de ningún programa de nuevos talentos. Todo eso se lo ha hecho ella sola

  16. España

    España, en la cresta de no se sabe bien qué ola
    España, en la cresta de no se sabe bien qué ola - Reuters

    «Do it for your lover». Manel Navarro.

    ¡Qué nos gusta un Eurodrama! Y nosotros este año lo vivimos desde el día uno. Porque lo que mal empieza, mal tendrá que acabar. Y eso que este 2017 parecía que Televisión Española se ponía las pilas, y se aliaba con los internautas en la preselección del candidato; pero todo acabó en el sumidero de una pseudo gala con un presunto jurado (nos confirman por el pinganillo que el destierro del programa «Cachitos de hierro y cromo» a septiembre no tiene nada que ver con esto), que acabó en un presunto tongo y la elección de un presunto cantante que hace los cortes de manga muy reales.

    ¡Si hasta para grabar el vídeo promocional de «Do it for your lover» (nuestro regreso al español y al inglés de Benidorm), una canción que se supone a de transmitir «el buen rollo y la alegría de vivir españolas», se eligió el único día que Canarias se despertó nublado!

    El caso es que hasta Kiev hemos mandado a unos dignos representantes de la generación del Rubius, que más parece que están de Erasmus que defendiendo algo con fundamento. Manel Navarro, cuyo timbre recuerda a un Álex Ubago descafeinado, tiene más voluntad que pasión y técnica, y vocalmente representa a esa nueva categoría de la ESO de «aprobados con un cuatro». A lo que se suma su puesta en escena, con fondos entre el anuncio del Sunny y del Colacao (pero con grumitos), para el que don Hans Pannecoucke, el director de escena, se lo habrá llevado crudo en la estela de los creadores del «relaxing cup of café con leche».

    Sol, palmeras, playa, camionetas que bailan al son de Dora Exploradora, camisas hawaianas y tablas de surf, a las que se supone que los representantes españoles se suben por la magia de los efectos especiales. Que aproveche Manel la cresta de esta ola y se suba bien a ella porque, y aunque cueste decirlo, su nombre no será recordado más allá del próximo lunes. Ojalá nos equivoquemos. Y, como ocurrió con el Brexit o Trump, esperemos que las encuestas no den ni una, aunque todas, por el momento, nos sitúan al final de la tabla. (Nota final para los integrantes de «la otra España»: con Mirela no nos habría ido mejor. Y también coda para RTVE: es un suicidio ir en contra de los eurofans de tu propio país).

  17. Noruega

    Una buena factura de la luz para los noruegos
    Una buena factura de la luz para los noruegos - Reuters

    «Grab the moment». Jowst.

    Cuando Manolo el del Bombo no tiene trabajo entre Eurocopa y Mundial, subarrenda su tambor. Este año, los que se lo alquilan son los noruegos, que entre cantante y teclados, nos tienen locos con sus estilismos. Básicamente, porque si bien el segundo opta por una careta a lo Saw pero iluminada con leds, el primero va verbalizando a lo largo de su melodía que oye «voces en su cabeza». La combinación perfecta. Aquí se tira mucho de sintetizador, y los juegos de imagen muestran al intérprete haciéndose interferencias a sí mismo, mientras que, sobre el escenario de Kiev, termina cantando con un micrófono que es un fluorescente. ¿En qué bazar chino compran las delegaciones nacionales todos estos abalorios?

  18. Reino Unido

    Más espejos y más imploraciones desde el Reino Unido
    Más espejos y más imploraciones desde el Reino Unido - Reuters

    «Never Give Up On You». Lucie Jones.

    Teresa May manda de urgencia a Lucie Jones a Eurovisión (que es galesa y no inglesa, remarquemos), para que nos lance una balada de esas de encender el mecherito en el concierto de turno para recordarnos que, aunque ellos se hagan un Brexit, siguen queriendo ganar nuestras Champions, nuestras operaciones no cubiertas por su seguridad social y nuestras eurovisiones. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Y lo mejor para que eso surja efecto es una canción en la que nos remarcan que nunca nos dejarán, que hemos andado un montón juntos y tal, con un brilli brilli que convierte a las «gipsy queens» en aprendices de Swarovski y mucho efecto lumínico con planos especulares para dejarnos obnubilados. Su mejor baza es sumir en la oscuridad un escenario tan inmenso. Pero no se lleven a engaño: ese es el comienzo de la desconexión británica. O de la de Europa con el Reino Unido.

  19. Chipre

    Desafiando la gravedad en Chipre
    Desafiando la gravedad en Chipre - Reuters

    «Gravity». Hovig.

    No por mucho madrugar, amanece más temprano. Vamos, que no por ser el país que antes seleccionó a su candidato, Chipre se ha mostrado muy original. De hecho, su propuesta se inspira demasiado en alguna de las del año anterior. Sin ir más lejos, la de Rusia (el país defenestrado por Ucrania, pese a defender lo de la «celebración de la diversidad», siempre que esta no sea soviética). Para no hacerlo tan descarado, los cubos en los que se subía Sergey Lazarev son aquí virtuales. Ahora bien: Hovig demuestra ser un digno hijo de la ESO y confunde «gravedad» con «equilibrio». Suspenso en físicas, y en dibujo, por las líneas que va diseñando sobre el escenario con los pies. Un homenaje al Telesketch de los ochenta. El muchacho comparte algo con Pastora Soler, Edurne y Loreen: a Thomas G:son, el compositor de su tema. ¿Calidad Henkel?

  20. Rumanía

    Matando moscas a cañonazos: así es Rumanía
    Matando moscas a cañonazos: así es Rumanía - Reuters

    «Yodel it!». Ilinca y Alex.

    A Rumanía se le cruzan este año los cables y manda a una tirolesa a Eurovisión. Eso podría ser lo primero que se nos viniera a la cabeza, pero en realidad lo han hecho para hacernos un favor a todos los europeos, para que aprendamos de una vez por todas que ese canto agorgoritado que comparten los pueblos germanos se llama «yodel». Aunque a nosotros nos suene más a postre bajo en calorías («Yodel: tu yogurt»). Los soldaditos de juguete con los que arranca el tema (que no tiene desperdicio) ya nos prepara ante el clima bélico que se cierne sobre nuestras cabezas. Y eso que la canción va del buen rollo y de animarse cuando uno está «down». Pero Alex no puede por menos que meter en el escenario dos tanques y montarse sobre uno de ellos, por si no nos había quedado aún lo suficientemente claro lo bien que se las gasta el muchacho. ¿Volverán los 12 votos de España en la final a este país? Italia y Portugal ya han firmado una entente cordiale para que no sea así

  21. Alemanía

    Sobriedad germana sobre el escenario de Kiev
    Sobriedad germana sobre el escenario de Kiev - AFP

    «Perfect Life». Levina.

    La alemana Levina se hace un Barei a la inversa y comienza su actuación desde el suelo, descalza cual Remedios Amaya (esta chica no sabe lo que se hace). Una vez en pie, su estilismo apuesta por un peinado a lo Tania Llasera y un conjunto a medio terminar, espalda al aire, buen ejemplo de esa austeridad que su país intenta imponer en Europa. Porque austera es esta interpretación de un tema compuesto por los americanos Lindy Robbins, Dave Bassett y Lindsey Ray, que su cantante desarrolla con cara de «lo estamos pasando muuuuuuy bien», sin moverse ni un milímetro de la raya que le han macado en el escenario (esto ha debido de ser un consejo de la Merkel) y unos fondos grises que acabarían con la leyenda negra española para comenzar con la pardusca germana. A ella le salvan su buena voz y los golpes de violín

  22. Ucrania

    Ucrania da susto y hace ruido en su segundo festival de Eurovisión
    Ucrania da susto y hace ruido en su segundo festival de Eurovisión - EFE

    «Time». O Torwald.

    Ucrania se ha propuesto que este año en Eurovisión no se hable de música, sino de política, y eso es lo que vamos a hacer con su entrada. Porque este país no tendría que haber ganado la edición de 2016 con una lectura estricta de las normas de la UER en la mano, que habrían dejado fuera la candidatura de Jamala, que tanto hincapié hacía en los perniciosos efectos de la Segunda Guerra Mundial y sus zascas a Rusia en su «1944». Además, ¿cómo pudo ganar una canción imposible de bailar? ¿cómo venció algo que es imposible de recordar y tararear?

    Y de Crimea a Crimea, y tiro (y disparo a matar) porque me toca. El segundo acto de este vodevil llegó cuando el país anfitrión (un desastre en los meses previos organizando el festival) decidió vetar a la cantante rusa (que mira que había cantantes en Rusia, pero este país tuvo que elegir a Julia Samoylova, una «anexionista» de la península ucraniana y, para hacerlo todo más lacrimógeno que una foto de Putin a pecho descubierto dando flores a un niño, con atrofia muscular espinal. Seguro que en Ucrania no aman a los cachorros). Hasta Armenia ha estado a punto de sufrir este «venirse arriba» ucraniano. Pues allá se lo coman O. Torwald y su «Time», de la que solo destaca (y por no seguir hablando de música) el escultórico cabezón a lo Jaume Plensa con ojos faros que dan susto y que se sube la banda al escenario, pensamos que para decorar un poquito una entrada que es un espanto (y ruidosa), se mire por donde se mire

  23. Bélgica

    Manos arriba, esto es Bélgica
    Manos arriba, esto es Bélgica - Reuters

    «City Lights». Blanche.

    Mira que Bélgica se lo ha currado en los últimos años, pero lo de este es de traca. La puesta en escena de su representante, la joven Blanch, en la primera semifinal parecía más bien una actuación de fin de curso, de las que no acaban nunca. Hasta a la chica se le hacía largo, que parecía que sollozaba y pedía la hora entre mohínes y muecas. Si la actuación de su compatriota Laura Tesoro en 2016 era todo luz, frescura y color, lo de la representante que han buscado para Kiev es puro estatismo, cuñadismo, negrura. Otra a la que no le beneficia nada pasar del estudio al directo. Porque, si bien en el disco Blanche tiene una voz que parece que se está recogiendo todo el rato el moquito, al natural interpreta por debajo de su tono, lo que redunda en la agonía del espectador

  24. Suecia

    Lenguaje de signos, el arma mortífera de Suecia
    Lenguaje de signos, el arma mortífera de Suecia - Reuters

    «I can’t go on». Robin Bengtsson.

    Que Robin Bengtsson haya superado el escollo de la primera semifinal sólo puede significar dos cosas: la primera, que el eurofán tiene a Suecia idealizada, dadas sus seis victorias en el festival (una más, la séptima, igualaría a este país con Irlanda, el que más veces lo ha ganado y que no vive desde luego sus mejores momentos, de nuevo desclasificado en 2017). Y la segunda, casi peor, que tiene unas tragaderas inmensas. Porque puede que su tema, «I can’t go on» (compuesto, entre otros por Robin Stjernberg, Suecia 2013), pueda ser hasta resultón en su versión de estudio, pero sobre el escenario es de vergüenza ajena. La cosa comienza curiosa, con el cantante en el «backstage» seguido por una cámara, pero según avanza, la cosa se complica y empeora: cintas transportadoras para los bailarines, poses de los mismos como si estuvieran en Pasarela Estocolmo, pseudo-lenguaje de signos… El cuerpo de baile (que representa todas las razas de Suecia) se atreve incluso a improvisar todo tipo de pases, incluido el de los piececitos de Barei de 2016. La española ya debería estar pensando en una demanda por plagio

  25. Bulgaria

    En Bulgaria no tienen miedo a cantar con niños
    En Bulgaria no tienen miedo a cantar con niños - Reuters

    «Beautiful Mess». Kristian Kostov.

    El siglo XXI será sexualmente ambiguo o no será. Y el representante búlgaro, Kristian Kostov, uno de los benjamines de esta edición, en la que parece que se celebrado jornada de puertas abiertas para los colegios, es el mejor ejemplo de ese lema «Celebrando la diversidad» que se gasta este año el festival... El mismo que se ha cargado a Rusia, por lo que de nada le va a servir al muchacho haber nacido en Moscú o haber tenido de padrino en «La Voz Kids» a Dilma Bilan. El caso es que este pequeño líder se planta en el escenario para conquistarlo con su apariencia manga y sus minipoderes holográficos, además de una voz poderosa con la que arropa una balada que se posiciona fuerte en las casas de apuestas. No teman por sus muñecas: no sufre ningún esguince. Es que para presumir, algunas veces, más que sufrir hay que ponerse cosas raras. ¡Y lluvia de perseidas para terminar!

  26. Francia

    París es siempre Francia y no al revés
    París es siempre Francia y no al revés - AFP

    «Requiem». Alma.

    A tenor de los ritmos casi árabes y el trajecito cóktail que se gasta para la noche la cantante, cabría suponer que Alma era más de Macron que de Le Pen. La verdad es que ella es una chica muy Ciudadanos. con menos gracia sobre el escenario que una gira de OT 5, a la que más que ganas de darle un achuchón como ella pide en francés y en inglés en este «Réquiem» (título que debió de elegirse poniendo Google en modo «random»), lo que transmite es necesidad de dejarle una limosnita. Mención aparte, sus decorados visuales, que comienzan con una oda a la basura espacial y acaba con un escenario rotatorio que produce epilepsia, con la torre Eiffel como base de operaciones. Decididamente, Francia, aunque pone todo su Alma, está desnortada tras el paso de Amir por Estocolmo el año pasado. Y eso que comparte compositor con él