Ida Vitale recibe el Premio Cervantes
Ida Vitale recibe el Premio Cervantes
CINCO MINUTOS DE GLORIA

¿Y la cultura, para cuándo?

Ni una triste alusión de los políticos durante semanas de fatigosa campaña electoral

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Semana del Día del Libro. Semana del premio Cervantes. Semana de campaña que desemboca en elecciones que, parafraseando a Jorge Manrique, «son como los ríos que van a dar a la mar que es el morir». Semana que he escuchado hablar a unos, a otros y a los de más allá, aunque haya querido hacer oídos sordos. Debate va. Debate viene y por el camino todos se entretienen en que nadie les robe una cartera llena de folios en blanco. Pero, sobre todo, he escuchado a Ida Vitale, que con sus 95 años se ha cruzado el charco desde Uruguay -ahora reside en Montevideo, tras media vida en Austin- para recibir el premio Cervantes y se ha encontrado con una España sumida en el ombliguismo electoral. Ni uno solo de los candidatos se dignó a pisar el noble recinto del Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares para saludar a tan venerable poeta y entrañable mujer de mirada reposada y de vuelta de todo, menos de esa sensibilidad bien entendida, que se hace la tonta sin tener un pelo de tontería.

«Ida Vitale ha cruzado el charco y se ha encontrado una España sumida en el ombliguismo electoral»

También he escuchado al Rey Felipe VI durante su discurso cifrar la potencia de nuestra lengua en «577 millones de personas de distintos países y climas», como Ida Vitale. El valor del español suena a incalculable, mucho más poderoso que cualquier armada invencible con sus banderas al viento, pero como si oyeran llover nuestros políticos. Y llueve, «detrás de los cristales, llueve y llueve, sobre los chopos medio deshojados…» (cantaría Serrat en castellano). Ni una palabra, ni un gesto cariñoso, ni un guiño, ni una mención a la premiada (ni siquiera por cortesía de anfitrión bien educado), ni una triste alusión a la cultura, a los libros en su día cervantino, como si anduvieran sobrados de hojas de hierba y no de papel mojado.

Nos queda claro que a nuestros políticos no les renta una foto de campaña con la cultura. Nos queda claro que son incapaces de citar un libro como no sea el suyo o el de su adversario para echárselo en cara. Nos queda claro.