Un momento de la serie «Así nos ven»
Un momento de la serie «Así nos ven»
EPISODIOS PERDIDOS

«Así nos ven» y «Chernobyl», mentir por sistema

Dos miniseries recientes, «Así nos ven» y «Chernobyl», ponen en duda el papel del Estado en casos muy diferentes, aunque con un fondo compartido

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Dos de los títulos que más impacto han causado en la ficción reciente funcionan como denuncia del sistema, casi de cualquier sistema, aunque los separen algo más que matices. «Así nos ven» es una autocrítica feroz, mientras que «Chernoby»l es una visión casi comprensiva del «enemigo». El primer bloque se fustiga a sí mismo, o finge hacerlo, y el otro ha reaccionado ofendido. El manipulable espectador observa ambas estampas con el corazón encogido, indefenso ante posibles tergiversaciones. Que sean dos miniseries de impecable factura y que los guiones conmuevan con ayuda de interpretaciones soberbias no avala su veracidad. Hay que reconocerles la verosimilitud, como mínimo, que suele ser lo que más (e incluso lo único) que al final importa.

«Así nos ven». Es probable que el lector conozca ya la tremenda injusticia que sufrieron «los cinco de Central Park». Una falsa manada de adolescentes gamberros fueron acusados con oportunismo político y malas artes de violar y apalear a una joven. El caso fue tan mediático que un Donald Trump «prepresidencial» se gastó 85.000 dólares de la época en anuncios a toda página en «The New York Times» y otros tres diarios para pedir la pena de muerte contra los acusados.

Es difícil distanciarse, incluso a miles de kilómetros y treinta años después, pero un espectador pacífico ve hoy la miniserie de Ava DuVernay (cuatro capítulos en Netflix) y termina con ganas de buscar a la fiscal y cometer algún delito. ¿Cuenta la miniserie toda la verdad? Debemos conformarnos con las apariencias.

La fiscal del caso, Linda Fairstein (espléndida y odiosa Felicity Huffman en la pantalla, puede que más que la original) ha contraatacado con un artículo en «The Wall Street Journal» en el que asegura que la serie es una difamación llena de «distorsiones y falsedades». Admite que los muchachos no eran culpables de violación, pero critica su absolución final por otros delitos. DuVernay, con ventaja en el proceso paralelo, ha respondido en Twitter de forma escueta: «Esperado y típico».

«Chernobyl». La miniserie de Craig Mazin para HBO está en «todas» las conversaciones. La tragedia que cuenta es aún mayor, incomparablemente mayor, y sus tesis, avaladas por el libro de Svetlana Alexiévich, no parecen menos convincentes. Pese a todo, las cadenas rusas han reaccionado furibundas y una prepara incluso una versión en la que el accidente es provocado por un agente de la CIA infiltrado. Parece un disparate, pero Alexiévich llega a recoger el «rumor» de que la avería pudo ser causada por «una acción planificada de los servicios secretos occidentales para socavar el bloque socialista».

Libro y serie son excepcionales y se parecen en lo esencial, pese a las diferencias de lenguaje y tono. La televisión habla de «biorrobots» (personas enviadas al matadero ante la ineficacia de las máquinas, que soportaban aún peor la radiación) y el libro, más poético y descarnado, porque es más soportable leer que ver ciertas cosas, los llama «liquidadores». Ellos salvaron a Europa y «la vida misma», pero no a la Unión Soviética. La serie acierta, entre muchas cosas, en su pedagogía nada obvia. El científico explica al político y el público entiende algo complejísimo. Quizá le falta llegar a los corazones, contar que «también se amaba con más intensidad que antes».

«The Spanish Princess». No merece mayor recorrido esta serie estadounidense de Starz, que en España se puede ver en HBO. Lucía M. Cabanelas detalla en ABC Play los fallos de bulto. Puede que el «mejor» de todos sea ver a Isabel la Católica (Alicia Borrachero) luchar espada en mano contra el Rey de Granada y los infieles.