El periodista y filósofo, Wolfram Eilenberger, durante su reciente visita a Madrid José Ramón Ladra
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Wolfram Eilenberger: «No quiero transmitir la idea de que para ser filósofo hay que ser un friqui»

Wolfram Eilenberger aborda en su último trabajo, «Tiempo de magos. La gran década de la filosofía 1918-1929» (Taurus), la vida y la obra de cuatro pensadores fundamentales del siglo XX: Heidegger, Benjamin, Wittgenstein y Cassirer

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Wolfram Eilenberger (Friburgo, Alemania, 1972) ha conseguido lo que parecía imposible: contar la vida de los cuatro filósofos fundamentales del siglo XX (Martin Heidegger, Walter Benjamin, Ludwig Wittgenstein y Ernst Cassirer) y, además, explicar por qué son importantes, pese a la complejidad de sus discursos. Nos sitúa en la década que va de 1919 a 1929, cuando Europa ha salido de la Primera Guerra Mundial y unos y otros se curan las heridas. Alemania y Austria están al borde del colapso económico y ellos -como los cuatro jinetes del apocalipsis filosófico- se encuentran en el epicentro del terremoto. Eilenberger cruza sus vidas, los acontecimientos más importantes de sus atribuladas existencias, con sus teorías y estudios. Sus grandezas y sus miserias, que no son pocas, dibujan el mapa del pensamiento europeo en los años previos a la Segunda Guerra Mundial.

«Tiempo de magos» es el título de su trabajo, recientemente aparecido en España. Curiosa esa relación entre magia y filosofía. ¿Le quiere quitar hierro e importancia al asunto? ¿Hacerlo menos árido y aburrido? ¿No le suena un poco irreverente?

La magia nada tiene que ver con la filosofía, para empezar, porque la filosofía está relacionada con la claridad, la transparencia y la sinceridad. Y la magia tiene que ver con los trucos, con hacer que las cosas parezcan lo que no son. Pero, por otra parte, estos cuatro héroes de mi último libro -Wittgenstein, Cassirer, Benjamin y Heidegger- gozaban de un don especial: transformaron nuestra visión del mundo, y esto se puede interpretar desde un componente mágico. Tras leer sus libros, el mundo se entiende de una manera diferente, porque así quisieron que fuera.

¿Se inspira en «La montaña mágica» de Thomas Mann?

-Este libro está ambientado en parte en un debate que se celebró en Davos. Y en ese pueblo de Suiza tiene lugar la historia de «La montaña mágica». Esta novela de Thomas Mann fue muy importante en la década de 1920. Y todos ellos leyeron esa novela, sin lugar a dudas.

Me resulta muy original que se refiera a Heidegger y compañía como héroes.

No me refiero a héroes....

No de cómic, sino de novela.

Creo que hay algo heroico en la forma en la que vivieron sus vidas, porque para ellos había una conexión muy estrecha entre las experiencias personales y sus textos y aportaciones filosóficas. Y, para mí, la filosofía está estrechamente relacionada con este concepto de la existencia.

«Ser filósofo no significa necesariamente ser una buena persona. A veces, son un poco villanos y malos»

¿Si habla de héroes, siguiendo el juego, alguno puede que fuera un villano?

Supongo que se refiere a Heidegger. Cuando hablo de la conexión tan estrecha entre la vida y la obra, vemos que a veces también es un poco oscura. Te puede llevar a lugares muy oscuros. En el caso de Heidegger está claro, y eso mismo ocurre con Benjamin. A veces son un poco villanos y malos. Pero no son términos contradictorios, porque ser filósofo no significa necesariamente ser buena persona; significa que uno tiene una forma determinada de entenderse a sí mismo, al mundo y a los demás.

¿Y el papel de Wittgenstein?

Wittgenstein probablemente es el más loco de todos.

En un ejercicio ridículo de erudición, se suele citar mucho a Wittgenstein y a Benjamin, pero casi nadie les ha leído, dada su complejidad.

No tendríamos la filosofía que tenemos hoy en día sin la obra de Wittgenstein. Creo que no podemos subestimar el poder y la influencia de sus pensamientos. Además, Wittgenstein era también una persona muy espiritual. Benjamin, Heidegger y Wittgenstein resultan fundamentales. No solamente eran influyentes para la filosofía, sino también para otros campos: la psicología, la psiquiatría, las ciencias sociales, las ciencias culturales...

De sus cuatro héroes de la filosofía, el que más curiosidad me ha despertado, porque no lo conocía, es Cassirer. ¿A qué se debe ese olvido de su legado?

Sin duda, es el hijo olvidado de la filosofía del siglo XX, pero en su época también era el más famoso de los cuatro, porque era el más consolidado. Cassirer es el ejemplo perfecto de un filósofo que no fue bien considerado a lo largo de la historia. En su caso porque era judío. Tuvo que abandonar Alemania en 1932. Todos sus alumnos también tuvieron que abandonar Alemania y no regresaron después de la guerra. Todos sabemos que la filosofía alemana acabó dominada por la ideología nazi.

«Este libro no sólo habla de la década de 1920. Está escrito con un ojo puesto en el presente, que se parece mucho a 1920»

Según lo que usted cuenta, también fue el que llevó una vida más convencional.

Es un personaje cotidiano y más normal. Todos los demás tienen algo, algún rasgo en su personalidad, que les hace más especiales. Yo no quería transmitir la idea de que para ser filósofo hay que ser un friqui o una persona extraña. Cassirer también era filósofo y era alguien totalmente normal. Cassirer es el único que no intentó suicidarse, que no tuvo depresiones y que no tenía problemas con su sexualidad.

Efectivamente, pero ya sabe que a la posteridad le «pone» más el malditismo.

Para mí, es fascinante ver que hay una persona con unos dones como los que tiene él y que aún así puede vivir una vida normal. Además, era una persona amable. Es muy fácil ser retorcido cuando se es un genio, y canibalizar a la esposa, a los niños, al entorno. Pienso que es un poco injusto que a la gente le fascinen tanto Benjamin o Heidegger, que son personajes más extremos.

¿Entiendo que es menos sugerente novelar la vida de un hombre casado, fiel, incluso en los peores momentos, a su postura política: la República de Weimar?

Sí. Hay menos drama en su vida. Y, efectivamente, fue el único filósofo de los cuatro que estaba a favor de la República de Weimar. Wittgenstein no estaba a favor, Heidegger, tampoco y Benjamin, igualmente. Una de las debilidades de esta república radica en que no tuvo a su favor la élite intelectual alemana.

«Una de las debilidades de la República de Weimar radica en que no tuvo a su favor la élite intelectual alemana»

¿Su libro tiene una lectura actual? ¿Se puede leer en paralelo a nuestro tiempo?

Este libro no solamente habla de la década de 1920, sino que está escrito con un ojo puesto en el presente, porque nuestro tiempo se parece mucho a aquel 1920.

Entonces, ¿se imagina un duelo intelectual como el que se produjo entre Heidegger y Cassirer en Davos en 1929?

Posiblemente no de la misma forma, no con la misma intensidad por lo que representa actualmente la filosofía. El lugar que ocupa en la cultura ha cambiado un poco. Por una parte, es más amplio y, en cierto sentido, es mucho menos influyente. Para mí, es muy difícil pensar en dos filósofos que tuvieran la originalidad de Cassirer y Heidegger hoy en día. La situación cultural quizás es también más complicada ahora que entonces.

¿Y cuál es el aprendizaje que debemos sacar de su legado?

Uno de los conceptos más importantes de esta conferencia entre Heidegger y Cassirer fue el miedo. Creo que esto es algo de lo que deberíamos hablar cada vez más desde el punto de vista filosófico: cuál es la importancia y cuál es la consecuencia de la política del miedo en nuestro tiempo actual. Si analizamos actualmente la política del miedo, la pregunta es qué puede hacer la filosofía a este respecto.

¿De los cuatro, quién le ha resultado más afín y más antipático?

La gente siempre me pregunta a quién me llevaría a una isla desierta, a cuál de los cuatro....

¡Si es que se llevaría a uno...!

Son demasiado complicados como para vivir con ellos, excepto Cassirer. No hay duda de que me llevaría a mi esposa a una isla desierta. El concepto de genio es un concepto muy complejo. Todos son especiales y les admiro por razones diferentes, y también me dan miedo por razones diferentes.

¿Si Heidegger no hubiera ganado la «batalla» intelectual de aquel tiempo, la historia de Europa hubiera sido distinta?

No creo que ningún otro filósofo hubiese podido salvar a Alemania de lo que ocurrió, de su historia, porque había muchos otros factores, sobre todo económicos, que desempeñaron un papel fundamantel. No creo que Heidegger sea para nada responsable de lo que ocurrió en Alemania. Tampoco creo que Benjamin hubiese podido salvar a Alemania de lo que pasó en el siglo XX.