Don Winslow
Don Winslow - RAFA ALBARRÁN
ENTREVISTA

Don Winslow: «Es ridículo pensar que un muro detendrá el tráfico de drogas, y Trump lo sabe»

El escritor norteamericano acaba de concluir su monumental Trilogía del Cártel con «La frontera». En esta entrevista nos habla de esa guerra interminable en el límite entre México y EE.UU. y reivindica la literatura comercial

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Dicen los críticos que reniegan de los escritores de best sellers que leer una novela de Don Winslow es como engullir una hamburguesa. Habría que añadir que la hamburguesa es de carne de vacuno de primera calidad y va acompañada de patatas fritas crujientes, un refresco y un brownie como postre. Winslow no es Proust, ni pretende serlo, no sirve literatura «deconstruida», pero sus libros aumentan los niveles de serotonina a una legión de lectores. Tampoco es Tolstói, Dostoievski, Dickens ni ninguno de los grandes autores de folletones del siglo XIX, aunque él mismo reconoce que bebe en esas fuentes. Nacido en Nueva York en 1953, acaba de concluir su trilogía de la droga, una tarea gigantesca que comenzó con El poder del perro (2005), continuó con El cártel (2015) y culmina con La frontera (HarperCollins, 2019), una novela de casi mil páginas marca de la casa: ágil, épica, trágica, adictiva, llena de cliffhangers y dosis de ultraviolencia porque, según dice el autor, así es la realidad que describe. En la lucha contra los cárteles de la droga -esa guerra de décadas con miles de muertos- ya no hay frontera ni muro que valgan entre México y Estados Unidos.

Winslow vive en Julian, pequeña población del condado de San Diego, California, conocida por su tarta de manzana (desde 1949 se celebra un festival anual) y por su vinculación a la fiebre del oro que brotó a mediados del siglo XIX. Un lugar tranquilo, ideal para enfrentarse a los folios en blanco.

¿Cómo se siente después de terminar esta trilogía desmesurada?

Un poco menguado. He pasado un tercio de mi vida trabajando en este proyecto, así que me siento un poco extraño y vacío al final del largo camino recorrido.

Ha realizado un intenso trabajo de investigación entrevistando a testigos y viajando por los territorios de sus novelas. ¿Le ha ayudado su experiencia previa como periodista y detective privado?

Hasta cierto punto. Creo que mi experiencia como investigador me ayudó a hablar con la gente, examinar documentos -algo que hago mucho- y leer de forma crítica. Más allá de eso, no realmente.

Durante este tiempo hemos seguido las andanzas de Art Keller, el atormentado agente de la DEA, su lucha contra los cárteles, su sufrimiento, sus pérdidas. Una especie de Sísifo que se enfrenta a un mal que percibe como indestructible. ¿Ha evolucionado Don Winslow en paralelo a su personaje?

Sí, sin ninguna duda. Comencé a trabajar en esta saga en 1989 sin saber nada sobre el tráfico de drogas. Estaba casi aprendiendo con Keller. Ambos empezamos siendo muy idealistas, unos auténticos creyentes, y éramos jóvenes. A lo largo de los años, mientras escribía, me hice más cínico, como Keller, que ya no cree tanto en la verdad y no es tan joven.

Describe las atrocidades que cometen los traficantes de forma muy explícita. ¿Le resultó difícil escribir sobre esta violencia salvaje?

Sí, desde varias perspectivas. La primera, por supuesto, es que es un material al que es difícil enfrentarse, difícil de ver, de analizar y de leer a un nivel psicológico. Por otra parte, me preocupaba cruzar la línea entre la escritura realista y el sensacionalismo, un error que es sencillo cometer. Cuando empecé estos tres libros esperaba que hubiese violencia, pero nunca que alcanzase el nivel al que llegó en El cártel. Los acontecimientos adquirieron un nivel de sadismo que ninguno de nosotros podría imaginar en sus peores pesadillas. Creo que eso marcó la diferencia en la manera en que enfoco las cosas y la manera en que mi personaje Art Keller lo hace.

La guerra contra las drogas ha causado miles de muertos a lo largo de medio siglo. Ha provocado tantas víctimas como una guerra civil. ¿Cree que la opinión pública, en general, es consciente de ello?

No. Es posible que la gente sea más consciente de lo que solía serlo, pero no tanto como debería. Me temo que todavía existe mucha ignorancia, y los escritores como yo intentamos remediarlo.

«Millones de lectores invierten su tiempo y dinero en ‘‘best sellers’’. ¿Comercialismo? Pues yo creo que Stephen King merece el Nobel»

Es una guerra sin fin para Estados Unidos. ¿Qué cree que se está haciendo mal?

Mire, llevamos librando esta guerra desde hace cincuenta años, y nada ha cambiado. Si acaso, las cosas han empeorado. Estamos abordando este problema desde una perspectiva equivocada, desde el punto de vista de la oferta, y así nunca lo resolveremos. Tenemos que abordarlo desde el punto de vista de la demanda. Mientras la gente quiera estas drogas, siempre habrá individuos listos para vendérselas. Nunca podremos controlar el tráfico y el contrabando, físicamente es imposible. Hasta que no lo consideremos un problema de salud pública y empecemos a plantearnos preguntas difíciles sobre por qué queremos estas drogas y dediquemos más recursos al tratamiento y a la prevención, no vamos a resolver nada.

¿Qué opina de la actual política de Donald Trump con respecto a la frontera con México?

Es errónea. Se basa en suposiciones de hechos falsos. La inmigración en la frontera sur, en la mayoría de las zonas, está en mínimos con respecto a los últimos diez años. Y la inmensa mayoría de las personas que vienen no son delincuentes, es gente que intenta buscar una vida mejor o que huye de la violencia. La causa de esa violencia se explica, en gran parte, por la demanda de drogas estadounidense y, seamos sinceros, europea. La idea de que el muro propuesto por Trump detendrá el tráfico de drogas es ridícula, y él lo sabe. Su propio Gobierno le dice que el 90 por 100 de las drogas que pasan a través de la frontera lo hacen por puntos legales, vienen en camiones y coches que cruzan en un volumen increíble. Por tanto, un muro no servirá para parar eso. Su agencia antidrogas se lo dice, y más recientemente, en el juicio del Chapo Guzmán, un extraficante de alto nivel ha declarado lo mismo.

Muro fronterizo que separa México y Estados Unidos en Tijuana
Muro fronterizo que separa México y Estados Unidos en Tijuana - Álvaro Ybarra Zavala

Hace un mes el presidente de México, López Obrador, ha manifestado que ya no hay guerra contra la droga. Esas palabras provocaron una gran polémica, pues algunas personas le acusan de querer hacer borrón y cuenta nueva, dejar atrás el pasado. ¿Qué opina sobre esto?

México tiene que cuidarse, y creo que lo hará. Pero la idea trágica y errónea en todo esto es que el problema de las drogas es mexicano, y no lo es. Es un problema estadounidense y europeo que se ha impuesto a México por la gran demanda de drogas. Habría que añadir que la manera en que el país centroamericano ha enfocado la cuestión a lo largo de los años no ha funcionado y es el momento de intentar algo distinto.

Usted defiende que solo con la legalización de las drogas se puede acabar con el narcotráfico. ¿Puede explicarlo?

Por supuesto. El problema del tráfico de drogas es la ilegalidad. Cuando conviertes cualquier producto, drogas, no sé, los vaqueros, en ilegal, significa que, por definición, solo los delincuentes pueden dedicarse a ese comercio. Cuando solo pueden dedicarse a eso los delincuentes, pierdes el acceso al estado de derecho. Cuando eso ocurre, el único recurso es la violencia, y los más violentos llegan a la cima. Y como las drogas son ilegales, convertimos en multimillonarios a sociópatas. La estrategia consistiría en eliminar los beneficios de las drogas. Así, acabamos con las organizaciones criminales y podemos gestionarlo como un problema de salud pública. Al criminalizar el asunto también gastamos valiosos recursos en prohibiciones, cárceles, tribunales, policías... En Estados Unidos supone una inversión de 88.000 millones de dólares al año. Esos recursos podrían dedicarse mucho mejor a tratamientos, educación y desarrollo económico, con lo que se podría abordar de raíz el problema.

«No se debe idealizar a los narcos. Muchos de estos tipos son matones y asesinos»

¿Qué piensa de la situación actual en Venezuela, donde el régimen de Maduro se apoya en el tráfico de drogas?

Desconozco ese tema, y no quiero hacer comentarios sin conocimiento de causa.

Los narcotraficantes son percibidos casi como «héroes del pueblo» en algunas novelas o en series de televisión que han adquirido mucha popularidad en los últimos años.

No he visto ninguna de esas series a las que se refiere, por lo que no sería justo que hiciese comentarios al respecto. En términos generales, creo que ese estilo de vida puede verse de una manera un tanto romántica y sensacionalista. Sin duda, es muy rica visualmente, por lo que se presta a ser llevada a la televisión y al cine. Es peligroso idealizar a personajes como el Chapo Guzmán, al que han convertido en cierto modo en una celebridad y al que algunos llaman «Robin Hood» y ese tipo de cosas. Lo cierto es que muchos de estos tipos son matones y asesinos, y hay que describirlos así. Una vez dicho esto, también como escritor me preocupa no caer en la tentación de convertirlos en héroes, y espero no hacerlo nunca.

Algunos críticos descalifican los «best sellers» porque los consideran un simple producto comercial. Sin embargo, hay voces que reclaman el reconocimiento para autores como usted, John Le Carré o Stephen King, por ejemplo. Incluso se pide el Nobel para King. ¿Sería disparatado que esto ocurriera?

Nunca me habían hecho esta pregunta. Estoy seguro de que no lo voy a ganar yo [ríe]. No creo que las ventas estén relacionadas necesariamente con la calidad. Stephen King es un escritor maravilloso que ha escrito libros maravillosos. Y pienso lo mismo de Le Carré. A veces eso se considera comercialismo, cuando en realidad millones de lectores han votado positivamente con su dinero y, lo que es más importante, con su tiempo, a favor de esos escritores. No tengo una bola de cristal sobre el Premio Nobel. Pero si Stephen King lo gana, creo que sería merecido.

Parece que para escribir sus novelas bebe en la tradición de algunos grandes escritores del siglo XIX, en el folletín de Dickens o Tolstói. ¿Estoy en lo cierto? ¿Cuáles son sus escritores de referencia?

Obviamente no voy a compararme con Dickens o Tolstói, pero es cierto que los consulto. Antes de escribir El cártel volví a leer Guerra y paz y Ana Karenina porque creo que es bueno comprobar cómo extraordinarios escritores han manejado temas importantes en sus libros clásicos. Del mismo modo regresé a Charles Dickens, a Oliver Twist y Grandes esperanzas, para prepararme para La frontera, porque también iba a escribir sobre un niño y quería ver cómo lo manejaba el novelista inglés. Hay muchas influencias en mi literatura, empezando probablemente por Shakespeare, al que leía ávidamente en mi infancia. Hay tantos escritores que es casi imposible nombrarlos a todos. En mi propio género, el thriller y la novela negra, evidentemente tengo que citar a Raymond Chandler, James Ellroy, Elmore Leonard...

Es un autor de mucho en éxito en España. ¿Le gusta nuestro país?

Sí. Muchísimo. No he ido tanto como me gustaría. Solo he estado realmente en Madrid y Barcelona, y me encantan las dos. Cogí el tren una vez de Barcelona a Madrid y me pasé todo el tiempo mirando por la ventanilla y diciendo «quiero ir a ahí, y ahí, y ahí». Me encantaría volver, me invitan muy a menudo. Ojalá tuviese más tiempo y pudiese ver más. Es un país muy bonito y la gente es maravillosa.

Ridley Scott va a producir una serie de televisión basada en su trilogía del cártel. ¿Va a participar en ella?

Participaré, sin duda. Ya me reunido con los productores y guionistas, y he mantenido largas conversaciones sobre cómo debería ser la serie, aunque también es importante cómo no debería ser. He leído los guiones y seguiré hablando con estos tipos. Los responsables de FX, que es el canal que la va a hacer, son viejos amigos, nos conocemos desde hace 20 años, por lo que tenemos una comunicación muy fluida y sincera.

¿Cuál va a ser su próximo proyecto?

No se lo voy a decir.

¿Descansar, empezar otra trilogía...?

Lo que sí le puedo decir es que no será una novela sobre drogas.