Brays Efe y Belén Cuesta en «Paquita Salas»
Brays Efe y Belén Cuesta en «Paquita Salas»
PANTALLAS

«Westworld» y «Paquita Salas», segundas partes... ya se sabe

No todas las series soportan una continuación. Tampoco los creadores, ejecutivos y cadenas resisten cuando deben la tentación

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Un gran éxito no se cancela, aunque al final de la primera temporada mueran todos los protagonistas. Existe incluso la fórmula AHS, que consiste en resucitar a los actores, darles nuevos papeles y contar una historia distinta. Cuando sale bien («American Crime»), el resultado es de impacto, pero lo habitual es que la continuación sea un mero reclamo. «Fargo» es otro buen ejemplo de pájaros que resurgen de sus cenizas, cuando más chamuscados mejor.

Puede que el paradigma sea «Prison break», aquella serie en la que el protagonista entraba voluntariamente en una cárcel de seguridad para rescatar a su hermano, víctima de una conspiración. Wentworth Miller ingresaba en prisión todo su cuerpo tatuado con un enjambre de planos. Por supuesto, los hermanos lograban escapar, con algún acompañante de más, pero una vez en libertad al espectador se le amodorraba el interés. Tuvieron que atraparlos varias veces para que los fugitivos pudieran seguir escapándose en las seis temporadas que duró la serie, la última en Yemen.

«Almas de metal»

Viene todo esto a cuento porque se siguen estrenando segundas temporadas y no siempre cumplen las expectativas. El caso más «innecesario» es el de « Westworld», carísima producción de HBO que ya era el «remake» de una película de los años setenta. «Almas de metal» contaba la rebelión de los robots de un parque temático, donde los visitantes pueden jugar a «cowboys», acostarse con prostitutas sin corazón y pecar a sus anchas sin temor a las consecuencias.

La serie supo actualizar la idea, darle un trasfondo filosófico más profundo (y a veces cursi) y, pese al tedio de los capítulos centrales, mitigado por la música, acabar en todo lo alto con un final brillante, a la altura de la premisa inicial. Una vez descontrolados los androides, sin embargo, lo que ocurre en el segundo curso no soporta demasiados análisis, aunque el lujo y el reparto compensan las deficiencias.

Después de ver el regreso de « Paquita Salas», la sensación es parecida, aunque en este caso la historia no estaba tan enrocada y todavía puede remontar el vuelo. La frescura del descubrimiento se ha perdido, sin embargo. Sigue habiendo grandes momentos y ramalazos de brillantez, mal envueltos por unos guiones complacientes. El resultado todavía es disfrutable, ahora en Netflix, pero la sorpresa inicial ha dado paso a cierta rutina. Ya no hay enamoramiento. «Glow», en la misma plataforma, lleva similar camino. Son dos series muy femeninas y reivindicativas. Quizá les pase como a los partidos o políticos cuando se dejan algo en el camino, por lo general promesas, en el tránsito de la oposición al poder.