Detalle de uno de los vinilos de la serie «Es Pain», de Carlos Aires
Detalle de uno de los vinilos de la serie «Es Pain», de Carlos Aires
LIBROS

¡Viva la música! Mejor Keith Jarrett que Karl Marx

Detrás del repunte del libro de argumento musical tal vez se esconda un cambio de paradigma. He aquí un mapa para orientarse entre novedades y títulos menos recientes

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Después de unos años de relativo olvido, la música regresa a las mesas de novedades de las librerías con una fuerza y abundancia inusitadas. ¿A qué se debe este renovado interés por el arte musical?

Es posible que la música sea consustancial al hombre, pero a lo largo de los siglos ha tenido siempre poderosos enemigos. Uno de ellos ha sido la religión. Algunas versiones literalistas del islam la rechazan y prohíben porque en el Corán nada se dice de ella, y San Agustín, que escribió un tratado «Sobre la música», la consideraba pecaminosa y sensual. También la filosofía la ha mirado con desconfianza, cuando no con desprecio, por su carácter no racional, es decir, por el hecho de que se mueve en un ámbito que es ajeno a las palabras.

El odio a la música es una de las características definitorias del llamado «pensamiento de la modernidad», basado en una adoración ciega y monolítica del racionalismo ilustrado, con su obsesión por la utilidad y la pedagogía, y la aversión general de nuestros intelectuales al romanticismo se basa, sobre todo, en la importancia que tuvo la música en ese movimiento. La música se les hace sospechosa de irracionalismo y le atribuyen horrores dionisíacos, crueldades y matanzas. La estulticia de este tipo de discursos siempre nos deja boquiabiertos.

El renovado interés por la música que percibimos a nuestro alrededor es una de las pocas señales que podemos discernir de una evolución dentro del campo del conocimiento y de un verdadero deseo de salir del círculo vicioso de las ideas del siglo XIX que, bien adentrados en el siglo XXI, siguen siendo la referencia casi absoluta del discurso intelectual.

Estamos viviendo una tremenda crisis del humanismo. Las ideas y las teorías antiguas ya no nos sirven, pero las ideas nuevas se encuentran con la resistencia feroz de una modernidad enquistada en un materialismo literalista que, al querer enfrentarse con el discurso reaccionario de las religiones convencionales, acaba por convertirse también en una fuerza reaccionaria. No sabemos a dónde volvernos. La visión plana del pragmatismo científico, con su miedo a la imaginación y la belleza, y las amenazas y penitencias de las religiones, con su temor a la naturaleza y a la vida, nos aturden por igual. Necesitamos otros caminos, otros maestros. ¿Por qué no el camino de la música? Marx ya no nos sirve, ¿por qué no buscar la inspiración en Morton Feldman o en Keith Jarrett?

El renovado interés por la música es la señal de una evolución en el campo del conocimiento

Esto era exactamente lo que se propuso Eugenio Trías en «El canto de las sirenas» (Galaxia Gutenberg): continuar la indagación filosófica estudiando no ya a los pensadores, sino a los compositores, no ya las ideas, sino la música. La tesis subyacente es que la música es también filosofía, y que tiene la capacidad de iluminarnos y de transformarnos y, por consiguiente, de transformar la sociedad en que vivimos. Las ideas de Platón, de Aristóteles, de Descartes, de Kant, cambiaron el mundo: las composiciones de Monteverdi, de Bach, de Mozart, de Beethoven, también lo hicieron.

Lenguaje autónomo

En «La música como pensamiento» (Acantilado), Mark Evan Bonds estudia ese momento que tanto molesta a algunos filósofos: la época (que no es otra que la de Beethoven) en la que la música empieza a considerarse un lenguaje autónomo y absoluto capaz de «expresar ideas» y alcanzar revelaciones comparables a las de la ciencia, la filosofía o la religión. Ya era este el tema de «La idea de la música absoluta»(Idea Books), un gran libro de Carl Dalhaus publicado en España en 1999. Al apartarse de la palabra por la fuerza creciente de la música instrumental, el puro lenguaje del sonido se impone como una forma diferente de hablar y de pensar.

Varios libros recientes parecen recoger este mismo tema ya desde los propios títulos: «Pensar con el alma» (Obelisco) de Richard Wolman; «Inteligencia musical» (Plataforma editorial) de Íñigo Pirfano; «Contar la música» (Galaxia Gutenberg), recopilación de artículos musicales de Jesús Ruiz Mantilla... En esta oleada deberíamos incluir también «La música de la memoria» (Galaxia Gutenberg), de Xavier Güell, una interesantísima «novela» donde Güell daba voz a los propios compositores, de Beethoven a Mahler, para explicar lo que dice su música.

Murakami y Ozawa

Las novedades se amontonan. Haruki Murakami dialoga con el director de orquesta Seiji Ozawa en «Absolutely on Music» (Alfred A. Knopf); Gary Tomlinson investiga el origen remoto de la música en «A Million Years of Music» (Zone Books). Acantilado publica ensayos y conferencias de grandes músicos y pensadores como Nicholas Harnoncourt («Diálogos sobre Mozart»), Alfred Brendel, Wilhelm Furtwängler («Sonido y palabra»), Glenn Gould...

Más allá de las novedades, quizá sea útil para el lector interesado apuntar aquí los títulos de algunos libros sobre música especialmente útiles o reveladores. Adelanto que no incluiré en esta lista intensamente personal nada de T. W. Adorno, cuyas obras completas están publicadas en Akal, y nada de Pierre Boulez: bastante daño han hecho ya esos dos pájaros.

Mi lista personal de libros maravillosos sobre música comenzaría con un librito muy breve de Joscelyn Godwin: «La cadena áurea de Orfeo. El resurgimiento de la música especulativa» (Siruela), al que deberíamos unir «La música de las esferas» (Atalanta), un estudio del pitagorismo, el tema central de la música occidental, y una apasionate antología de textos heterodoxos: Music, «Mysticism and Magic» (Arkana).

Fascinante erudición

En esta línea, con una fascinante erudición casi rayana en la locura (hay que verlo para creerlo), señalaremos el mejor libro de Ramón Andrés, su «Diccionario de música, mitología, magia y religión» (Acantilado) y también uno de los libros más extraordinarios y extraños jamás escritos sobre música: «El origen musical de los animales-símbolos» (Siruela), que el musicólogo Marius Schneider escribió en español y en España. En este apartado mencionaré también «The Music of Life» del músico indio Hazrat Inayan Khan, que era para Stockhausen uno de los libros más importantes jamás escritos sobre música.

El odio a la música es uno de los rasgos definitorios del llamado «pensamiento de la modernidad»

Entender el lenguaje de la música puede parecer algo muy arduo. «Emoción y significado en la música» (Alianza) de Leonard B. Meyer es uno de los mejores estudios que conozco sobre la forma en que nuestra mente percibe la música. También resulta apasionante «Canto metafísico» (Idea Books) de Gary Tomlinson, que pone el arte operístico en relación con las ideas filosóficas, desde Ficino hasta Kant o Nietzsche.

Otro libro imprescindible es «The Improvisation of Musical Dialogue. A Phenomenology of Music» (Cambridge) de Bruce Ellis Benson, una magnífica monografía sobre el concepto de «improvisación» que ilumina y amplía este término a menudo tan mal entendido. Y también «¿Hay música en el hombre?» (Alianza) del etnomusicólogo John Blacking, un librito que será un feliz antídoto contra los que repiten que «la música son matemáticas» y en el que Blacking explica que la música es un producto social y siempre el resultado de una serie de convenciones culturales. Añadamos aquí otra novedad: «Las culturas musicales. Lecturas de etnomusicología» (Trotta), con Francisco Cruces como editor. No existe mejor introducción a la siempre infamada música del siglo XX que «El ruido eterno» (Seix Barral) de Alex Ross, un libro que se lee como una novela. Mucho más esotérico es «Origen y presente» (Atalanta) de Jean Gebser, cuyo autor, otro alemán con fuertes vínculos con España, relaciona la música contemporánea con una nueva etapa en la evolución de la conciencia humana. «Silencio», de John Cage, no puede faltar en esta lista porque es, simplemente, uno de los libros más hermosos escritos nunca sobre la música. Y porque eso es lo que busca la música: alcanzar el silencio.