«Retrato de Fernando Pessoa» (1964), de José de Almada Negreiros. Foto: MUSEU CALOUSTE GULBENKIAN
«Retrato de Fernando Pessoa» (1964), de José de Almada Negreiros. Foto: MUSEU CALOUSTE GULBENKIAN
LA URRACA

Lo «visceral» y «gamberro» como cualidades literarias

Se da gran valor a la capacidad de las palabras para cortar, hendir, taladrar, golpear... pero la literatura es más grande que todo eso

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Existe ya una nueva jerga, una nueva retórica, un nuevo código, pidgin o lingo, para definir la excelencia literaria. Comencemos por el término «gamberro», quizá el mejor calificativo que se le puede poner hoy en día a un libro, a un autor o a un estilo. «Es un libro muy gamberro», nos dicen con una gran sonrisa. «Es un poeta muy gamberro». ¡Sin duda, es lo mejor que puede ser un poeta! También se celebra mucho que los autores sean «viscerales» y «políticamente incorrectos». En general, la lectura de un buen libro debe dejarnos «incómodos». También debe producir «desasosiego». Creo que esto proviene, en parte del Libro del desasosiego de Pessoa, aunque siempre he pensado que la nueva retórica debería despreciar este maravilloso libro teosófico. Sea como sea, Pessoa siempre gusta.

Lo peor que puede ser un autor es «romántico», «sentimental», «recargado» o «retórico» (sic), y lo mejor es que sea «visceral», «gamberro», «revulsivo», «ácido», y también una especie de boxeador de la prosa: que escriba frases «como puñetazos», libros que sean «como un directo a la mandíbula», o bien «como un derechazo a la conciencia del lector», afirmar que la lectura de un libro «te deja K.O.», etc. Se valoran también las «frases como cuchillos» o las que «taladran el cerebro», el estilo «punzante», la «precisión quirúrgica», etc. Se da gran valor a la capacidad de las palabras para cortar, hendir, taladrar, golpear, machacar, etc.

Se valora mucho que los libros sean «transgresores», que inviten a la «insurrección», que contentan «provocaciones» y que sean como «bofetadas» al sistema. A mí, la verdad es que toda esta retórica me parece tonta y vacía. Creo que sería imposible encontrar a un escritor de mérito de cualquier época que no sea «transgresor». Creo, también, que los verdaderos transgresores no funcionan en grupos organizados ni adoptan jergas colegiadas. Por lo demás, ni lo «visceral» ni lo «gamberro», ni lo «revulsivo» son cualidades literarias en sí mismas. Es más grande que todo eso.