Andrea Camilleri (Porto Empedocle, Sicilia, 1925)
Andrea Camilleri (Porto Empedocle, Sicilia, 1925)
LIBROS

La vida sin nosotros de Salvo Montalbano

Llega la vigésimo octava investigación protagonizada por el comisario creado por el maestro Andrea Camilleri

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Cerramos los ojos y, al abrirlos, sin transición alguna nos encontramos en el porche de la casa de Montalbano en Marinella. Anochece y vuelve a ser septiembre. Se escucha el mar y nace dentro de nosotros una ilusión casi infantil por lo que Adelina, la asistenta del comisario, habrá dejado preparado en el horno para cenar. No hay en este ritual nada que tenga que ver con el crimen y, al mismo tiempo, todo tiene que ver con él, porque, de la misma manera en que si miramos atrás en los hechos de nuestras propias vidas descubriremos que decisiones en apariencia intrascendentes nos condujeron a situaciones definitivas, la trama policiaca de «La forma del agua», la novela de 1994 en la que Andrea Camilleri (Porto Empedocle, Sicilia, 1925) escribió sobre Salvo Montalbano por primera vez, fue el punto de partida no sólo de uno de los personajes más carismáticos del género negro, sino también de un universo entero.

Prueba de ello es «El carrusel de las confusiones», la vigésimo octava entrega de las investigaciones de Montalbano, escrita por un Camilleri nonagenario y con una peculiaridad: se trata de una de las pocas historias de la serie no inspirada en un suceso real y construida por completo desde la incombustible imaginación del autor siciliano que, en esta ocasión, inicia su relato con los secuestros de un par de treintañeras a las que un extraño individuo rapta con la ayuda del cloroformo para dejarlas en libertad pocas horas después, completamente ilesas.

A este suceso inexplicable, se suma el incendio de una tienda de electrodomésticos y la desaparición de su dueño, acostumbrado a vivir por encima de sus posibilidades; tres enigmas que, como los focos de los escenarios teatrales, se encienden de golpe e iluminan, para revivirla de nuevo, la ciudad de Vigàta, bendecida con tantas resurrecciones como delitos se cometan en ella.

La palabra de fuego

A pesar de la fiebre actual que suscitan los contenidos audiovisuales, no son muchas las ficciones televisivas o cinematográficas capaces de desafiar la longevidad de una generación de detectives literarios surgida en la década de los noventa del pasado siglo y hoy todavía en activo: hace unas semanas llegaban a las librerías «En el nombre del hijo», un nuevo título de Donna Leon protagonizado por el comisario Brunetti, que nació en 1992; y «Universidad para asesinos», en la que Petros Márkaris recupera a su personaje Kostas Jaritos, sobre el que no ha dejado de escribir desde 1995. Junto a ellos y coetáneos, la inspectora Petra Delicado, de Alicia Giménez Bartlett; el comisario Adamsberg, de Fred Vargas; el inspector Kurt Wallander, del fallecido Henning Mankell; el detective Mario Conde, de Leonardo Padura y, por supuesto, el comisario Salvo Montalbano, con un apellido que homenajea a Manuel Vázquez Montalbán, creador de Carvalho.

Camilleri creó en 1994 uno de los personajes más carismáticos del género negro

La primera consecuencia de una vida tan larga, aunque sea de mentira, es que, con su avance, se impone incorporar a las tribulaciones del protagonista el tema ineludible de los estragos de la vejez, algo que Camilleri ya tuvo en cuenta en «La pirámide de fango», novela que precede a «El carrusel de las confusiones», y que en «El carrusel…» retoma con un tono que roza lo poético y contrasta con el cínico sentido del humor que impera en la comisaría de Vigàta: «Experimentó una ligera punzada de tristeza al darse cuenta de que, en otros tiempos, se habría dado un buen baño sin pensárselo dos veces. Ahora ya no». Así se siente el comisario al regresar una noche a casa y encontrarse solo, todavía sin haber hablado con Livia, su eterna novia en la distancia, y habitando un mundo con la mafia en la sombra, que, paradójicamente, apenas cambia ante el lector, como si Mimì Augello, Giuseppe Fazio y el agente Catarella permanecieran inmutables y sólo Montalbano cargará con el peso de los años.

Una misión

La segunda consecuencia de correr una carrera de fondo en la literatura, si se hace bien (y Camilleri lo borda), implica superar una prueba de fuego y romper la barrera del libro para crear en la conciencia de los lectores la idea de que, más allá del papel, cuando la historia termina y nos quedamos unos segundos pensativos allí donde estemos, con la novela en el regazo, la vida de Salvo Montalbano continúa sin nosotros. Este fenómeno, al que ha contribuido sin duda en el caso de Montalbano la serie de la RAI protagonizada por Luca Zingaretti, diluye los límites entre ficción y realidad, y se consolida con cada nueva investigación del comisario.

Es por esto que, si bien «El carrusel de las confusiones» no es una de las entregas más brillantes de la colección, no tanto por su planteamiento como por su desenlace, posee cierto valor y cumple una misión: refuerza esa sensación de vida cotidiana en Vigàta y favorece el espejismo; la creencia de que, a pesar de que nosotros nos veamos obligados a abandonarla con cada final, la ciudad no desaparece.