Antonio Soler
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LIBROS

«Sur», un día en la vida de Antonio Soler

El escritor malagueño nos ofrece en «Sur» -ganadora del I Premio de Narrativa Juan Goytisolo- una novela coral donde se adivina el retrato de la que ciudad que le vio nacer

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Antonio Soler (Málaga, 1956) es poseedor de una voz única. Se dio a conocer, así, con un libro de relatos, «Extranjeros en la noche», (1992), donde se encontraba un cuento de feliz resolución, «La noche», en que se fijaron algunos críticos y gracias al cual se le otorgó esa condición extraña de renovador de un campo literario un tanto rígido y yermo. Esa calificación dio a Soler el raro privilegio, e inquietud, de saberse blanco de todas las miradas en su próxima entrega. Que hizo con «Modelo de pasión», galardonada con el Premio Andalucía de Novela, a la que siguieron narraciones de aquilata calidad como «Los héroes de la frontera», desde luego su célebre «Las bailarinas muertas», y, más tarde, títulos como «El camino de los ingleses» -Premio Nadal 2004-, «El sueño del caimán», o «El nombre que ahora digo», una de las mejores narraciones sobre nuestra Guerra Civil escritas por alguien que no vivió el conflicto, lo que ya es singular mérito.

Ahora Soler ha publicado la que considero una de sus mejores novelas, «Sur» - I Premio de Narrativa Alcobendas Juan Goytisolo-, que transcurre en una ciudad del sur de España y que acumula todo para ser una transposición libre pero veraz y reconocible de Málaga. La acción, si es que a esta historia resulta posible asignar este tópico, se desarrolla en 2016 y en un espacio de 18 horas, a falta de seis para que se cumpla con el canon de novelas de un día, caso de «Ulises», de Joyce; «Mrs. Dalloway», de Virginia Woolf o «Un día en la vida de Iván Denísovich», de Solzhenitsyn, con las que, seguro, se emparenta. A pesar de que Soler pertenece a la Orden de Caballeros de Finnegans, como Malcolm Otero Barral, editor, que aparece como personaje en «Sur».

Destacaría de esta novela su sentido del humor profundo, cálido, humano

Pero el autor de esta novela está más alejado de la estela joyciana de lo que cabría suponer y de tener que utilizar alguna referencia casi me atrevería a afirmar que existe en ella un desenfado y una manera de afrontar un crimen, en este caso la aparición del abogado Dionisio Grandes, en un descampado y con el cuerpo lleno de hormigas, que me recuerda a «El zafarrancho aquel de Via Merulana», de Carlo Emilio Gadda, una de las grandes novelas italianas del pasado siglo y que entre nosotros tuvo cierta consideración en los años sesenta. La novela de Gadda es deliberadamente macarrónica, extraña, confusa, hábil... «Sur» es clara, precisa, provista de un vocabulario casi patibulario y, desde luego, hábil también.

Tipos populares

Pero lo cierto es que el modo de abordar el paisanaje de la presunta Málaga y de la Roma de preguerra es muy parecido: se trata de esa afinidad en el retrato de tipos populares propio de sociedades similares y eso otorga a «Sur» una inusual cualidad que solo saben manejar escritores con curioso talento: dar vida a personajes cotidianos de una ciudad sin caer en el macilento modo de mirar del costumbrismo. Aquí Joyce sí es el maestro referencial.

Destacaría de esta novela su sentido del humor profundo, cálido, humano, y, por encima de todo, la maestría en plasmar estructuras literarias distintas, desde el flujo de conciencia a la tercera persona más convencional en apariencia. Y, desde luego, los tipos: que si la Loren, que si el Lucas, vecino de Eduardo Chamorro, que si el Dioni... Con esta profusión en la elaboración de distintos estilos, por ahí siempre la sombra de Joyce, Soler ha querido conseguir dar con el ritmo de una conurbación de un millón de habitantes, que es más o menos la población de Málaga y la Costa del Sol. La anécdota del cuerpo con hormigas que es descubierto en el amanecer de un día especialmente caluroso de agosto de 2016 tiene mucho que ver con la aparente falta de motivos de muchos crímenes.

Aunque todos sepamos que el protagonista de «El extranjero», de Albert Camus, mata al árabe porque tenía mucho calor. Esta metáfora caló hondo en Antonio Soler hasta el punto de hacer de ella el arranque de esta estupenda narración donde se quiere captar el pulso de una ciudad entreverando a muchos de sus habitantes. Joyce, Dos Passos... captaron ese espíritu. Para Soler fue un reto, también una obsesión. El resultado es esta espléndida novela.