«King for a Day» y «Ella es un arcoíris», de la muestra en Madrid
«King for a Day» y «Ella es un arcoíris», de la muestra en Madrid
ARTE

El valor añadido de Óscar Mariné

El diseñador Óscar Mariné regresa a una galería, la de Blanca Berlín, como pintor y cartelista. Y se hace de nuevo la magia

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El diseño, declara Óscar Mariné (Madrid, 1951), «es un valor añadido» y, sin duda, él ha sabido añadir mucho en sus trabajos con músicos, cineastas, arquitectos o todo tipo de marcas.

Distinguido en 2010 con el Premio Nacional de Diseño, ha realizado proyectos referenciales. De toda su larga trayectoria podrían, a vuelapluma, destacarse la sencillez y belleza del diseño para los vinos y aceite de «Los Aljibes», la generación de la «marca» para Matadero con tipografía stencil; trabajos para Swatch; la publicación de los primeros veinte años del Instituto Cervantes; elementos para el estudio Foster & Partners, el logotipo de la librería de cine 8 ½; la campaña de comunicación del Ballet Nacional de España; el branding para Camper; portadas de discos para Bruce Springsteen, Siniestro Total, Andrés Calamaro o Brian Eno; la museografía para la exposición El Greco organizada en 2009 por el SEACEX que se inauguró en México; el comisariado del pabellón de la ONU en la Expo de Zaragoza (2008); la creación de pañuelos y piezas de joyería para Loewe; la labor que ha realizado como director artístico de la revista Photo International Magazine editada por Ivory Press...

Pero, sin duda, los trabajos de diseño más populares de Mariné son los carteles que ha realizado para películas de directores como Agustín Díaz Yanes, Álex de la Iglesia, Vicente Aranda, Julio Medem, Daniel Calparsoro, Manuel Gómez Pereira y, por encima de todo, la imagen de la película Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar.

En 2017, el Museo de la Universidad de Navarra presentó la exposición Óscar Mariné Big Bang en la que se podía apreciar su peculiar estética lúdica en la estela de pop, pero que también alza el vuelo en La Movida Madrileña; la revista Madrid Me Mata, que dirigió a mediados de los ochenta, fue un campo de pruebas brillante para este diseñador que quería, al tiempo, atrapar el ritmo de la calle y añadir un toque sutil de elegancia a la dinámica del do it yourself.

Un anuncio de neón

Hace cuatro años presentaba en la galería La Caja NegraPainted Words, un juego visual tipográfico en el que sedimentaba su pasión por el jazz y el rock, pero también la capacidad hipnótica que puede tener un anuncio de neón. Mariné venía a decir que después de tantos años de dedicarse al diseño había encontrado un interés enorme en la pintura «para equilibrar».

Ahora, King for a Day, en la galería Blanca Berlín, nos ofrece la posibilidad de aproximarnos a las imágenes de este «diseñador emocional», que confiesa que generacionalmente tiene mucho que ver con los artistas underground o del «off» de las galerías, cercanos al cómic o al grafiti. En sus cuadros aparecen figuras que ocupan todo el espacio con sus cabezas, como si quisieran seducirnos con esos grandes ojos, por ejemplo, en Ella es un arcoíris. Los tonos intensos y el trazo firme se despliegan desde una mirada en la que encuentro un fondo de ternura, como es ese perro (Diamond dog) que es apenas un esbozo. En el cartel de la película El día de la bestia se nos hacía saber que se acercaba el fin del mundo. En cierta medida, Mariné, con la vocación de un cuentacuentos y la sofisticación de un perfumista, nos ha ofrecido marcas, imágenes, diseños, cuadros y «valores añadidos» para comprender una época extraña y, no cabe duda, apasionante.