De izquierda a derecha, las hermanas Cristina, Blanca y Beatriz Fernández y, de lado, Rocío de la Serna
De izquierda a derecha, las hermanas Cristina, Blanca y Beatriz Fernández y, de lado, Rocío de la Serna - M. RUIZ DE ARCAUTE
ARCO'19

Twin Gallery: Nunca son malos tiempos para el arte

La galería Twin Gallery, nacida durante la crisis, ha conseguido hacerse un hueco en el mercado con esfuerzo y esmero

MadridActualizado:

Se definen como «transparentes y honestas en el trato», amantes del «arte que tenga algo que decir» y, sobre todo, «ilusionadas» y entregadas a su proyecto. Y, a juzgar por los resultados, no parece que les haya ido mal por ahora. Desde que en 2012 pusieran en marcha Twin Gallery, una pequeña galería de arte contemporáneo ubicada en el centro de Madrid, Patricia, Blanca , Cristina y Rocío, sus propietarias, han logrado convertir su negocio en un próspero y floreciente establecimiento caracterizado por la ambición y el afán de progreso.

En una visita de ABC a la galería, las cuatro mujeres se complacen de que el esfuerzo invertido se haya traducido en una historia de éxito que avanza en buena dirección. Tras ir lentamente escalando en el mundo de las ferias, en febrero darán el gran salto al acudir por primera vez a ARCOmadrid.

Salir adelante

«Empezamos en el momento álgido de la crisis y aun así hemos salido adelante», apunta Beatriz Fernández, que, junto a sus dos hermanas, Blanca y Cristina, y Rocío de la Serna –una amiga de las tres– abrieron las puertas de Twin Gallery en un año marcado, entre muchos otros avatares, por el aumento del IVA cultural. «Por suerte, nosotras nos dimos a conocer rápido y fuimos elaborando nuestra propia agenda, pero no era un momento en el que hubiese mucho movimiento», señala De la Serna.

Procedentes del mundo del diseño, el periodismo y la publicidad, las cuatro mujeres (una de las señas de identidad de la galería) se propusieron forjar un espacio en el que dar cabida al arte de reflexión, «ese que tuviera algo que decir y que, al llegar, te hiciera mirar alrededor y pensar». Acababan de terminar la carrera y los estudios superiores les parecían demasiado caros para embarcarse en ellos. «No había trabajo y no queríamos gastar para estudiar un máster, algo para lo que, además de necesitar mucho dinero, había pocas plazas. Así que, antes de trabajar gratis para otra gente, preferimos montar algo nosotras mismas», explica Cristina.

«Falta que haya más educación, más coleccionismo, más gente joven implicada… Que el arte llegue a más público»

Empujadas por la situación, decidieron ir un paso más allá de la mera afición por el arte que compartían y remar contra viento y marea para abrir el negocio. Dos de ellas (Blanca y Beatriz) son gemelas, así que el nombre twin (gemelo, en inglés) «nos parecía acorde a nosotras, además de ser breve, sonoro y simbolizar el hermanamiento con el artista, que es uno de los pilares de nuestra filosofía de trabajo», aclara Beatriz, quien añade sin embargo que «el verdadero espíritu del nombre lo encarnan Cristina y Rocío, que son las que más tiempo invierten en la galería».

Lo cierto es que, para llegar donde están, la dedicación no ha sido precisamente exigua. Al no contar con conocimientos empresariales, el cuarteto ha ido aprendiendo a gestionar el volumen del establecimiento a medida que su crecimiento así lo ha permitido. «Todas queríamos ser parte de ello, pero una cosa es verlo desde fuera y otra muy diferente saber cómo hay que hacer las cosas. Esa parte de entender qué es el arte, cómo llevar al artista y cómo hacer que crezca a la vez la galería ha sido un aprendizaje constante. Hay muchísimas ramas de las que ocuparse y entre las cuatro funcionamos muy bien», explica Beatriz.

Autorrepresentación

En paralelo al desarrollo de su creación, las galeristas también han sido testigo del cambio de modelo experimentado en el mercado artístico. «Cuando empezamos era un momento de tránsito respecto a cómo se hacían las cosas», explica Blanca, que apunta a la influencia que internet y, especialmente, las redes sociales, han ejercido al permitir que ahora cualquier productor pueda optar por «representarse» a sí mismo. Sin embargo, eso no les preocupa tanto como la escasez de pedagogía cultural. «Falta que haya más educación, más coleccionismo, más gente joven implicada… Que llegue a más público, en definitiva. Lo ideal es que consumir y comprar arte fuese lo normal, y no algo para un nicho reducido», opina Cristina Fernández.