Mulatu Astatke grabó su primer disco en Manhattan, «Maskaram Setaba», en 1966
Mulatu Astatke grabó su primer disco en Manhattan, «Maskaram Setaba», en 1966 - Alexis Maryon
MÚSICA

«Todo el mundo vino al Ethio-jazz después de Mulatu Astatke, amigo»

El compositor y vibrafonista etíope, considerado uno de los músicos más importantes de la historia de África, creó un estilo a finales de los 60 con el que se ganó la admiración de figuras tan dispares como Duke Ellington y Kanye West

MadridActualizado:

Cuando Mulatu Astatke (Jimma, Etiopía, 1943) conoció a John Coltrane en Nueva York a principios de los 60, tan solo era un estudiante de jazz que apenas había sobrepasado los 20 años. «¡Oh, sí! Le admiraba mucho y tuve la oportunidad de hablar con él en el Birdland, un club donde conocí a otros grandes músicos de aquella época, como Bud Powell. Estuvo encantador y parecía muy interesado en África. Tenía ganas de hablar con un músico de allí, así que mantuvimos una bonita e interesante conversación sobre el jazz africano», cuenta el compositor etíope, que actúa en La Mar de Músicas de Cartagena (27 de julio).

Aquel no fue el único intercambio que tuvo con los Coltrane. Años después, ya muerto el saxofonista, tuvo la oportunidad de acompañar a su mujer, Alice, durante un viaje por Etiopía en el que la compositora quería descubrir la música espiritual de su país. Allí realizaron, incluso, alguna grabación conjunta que, por desgracia, se perdió. Él la califica de «histórica» y espera encontrarla algún día.

Pero Astatke no era un estudiante cualquiera. En 1958 se había convertido en el primer africano de la historia en ser aceptado en la prestigiosa Berklee College of Music de Boston. «Y el primero en conseguir un doctorado», subraya orgulloso. Pudo ir allí, es verdad, porque procedía de una familia con recursos, pero sin su enorme curiosidad por el jazz y el infinito respeto por sus raíces etíopes, jamás se habría convertido en uno de los compositores más importantes de la historia de de África.

«Flores rotas»

El director Jim Jarmusch tampoco se habría fijado en él ni le habría pedido permiso para utilizar su música para la banda sonora de « Flores rotas», la famosa comedia premiada en Cannes que protagonizó Bill Murray, en 2005, junto a estrellas como Jeffrey Wright, Julie Delpy, Jessica Lange, Sharon Stone, Tilda Swinton y Chloë Sevigny. Casi nada. «Recuerdo el día que vino a mi concierto en el festival Winter Gardens de New York. Yo no sabía quién era, pero lo trajeron al camerino con varios cedés míos que quería que le firmara. Más tarde ya me soltó que quería usarlos para su próxima película, lo que me vino muy bien, la verdad. Mucha gente escuchó mis composiciones gracias a que el filme se estrenó en todo el mundo. Siempre se lo agradeceré», asegura.

Multatu Astatke tiene 75 años
Multatu Astatke tiene 75 años - A. Maryon

Aquello amplió considerablemente su público en Europa y América. En su último concierto en Madrid hace un año, en el Centro Cultural de la Villa, la entradas volaron al instante. Un reconocimiento a gran escala que tardó demasiado tiempo en llegar, a diferencia de otros músicos africanos contemporáneos como Fela Kuti, no más importantes que él en lo que a aportaciones se refiere.

En su caso, todo empezó a finales de los 50, cuando se marchó al norte de Gales para matricularse en Ingeniería Aeronáutica y pronto se dio cuenta de que aquello no era lo suyo. Se trasladó entonces al Trinity College de Londres para estudiar clarinete, piano y armonía, donde descubrió su talento para ser admitido, poco después, en Berklee. Allí optó por el vibráfono y otros instrumentos de percusión. «No sufrí ningún choque cultural ni musical al llegar a Boston, porque no fui directamente desde Etiopía. En Londres ya me había relacionado con algunos músicos de jazz europeos muy buenos con los que toqué en clubes», recuerda. Uno de ellos fue el cantante Frank Holder, que había tenido su éxito junto a Nat King Cole en el Royal Albert Hall y que grabó después varios discos con George Martin, el «quinto Beatle».

Tras graduarse en Boston, se mudó a Nueva York con la idea de fusionar el jazz que había descubierto en aquellos revolucionarios años 60 en Estados Unidos, con las escalas pentatónicas de la música etíope. «En Berklee había estudiado mucho a Miles Davis, Count Basie, Duke Ellington y John Coltrane, pero los profesores insistían en que fuera yo mismo. Que no copiara a nadie a la hora de tocar, así que cogí aquel consejo y juré que haría una música nueva que tuviera en cuenta mis raíces y todo lo que había aprendido en Boston», explica Astatke. Así nació el Ethio-jazz, ese estilo hipnótico, exótico y lleno de ritmo con el que se ganó la admiración de leyendas como Duke Ellington –con quien giró en los años 70– y de artistas actuales cercanos al hip hop o al reggae como Nas, Damian Marley o Kanye West, que han utilizado samples de sus canciones en varias ocasiones.

Se trataba de una revolución similar a la que protagonizó simultáneamente en Nigeria el mencionado Fela Kuti, que flirteó con el Afro-rock y creó el Afrobeat. O el pianista Abdullah Ibrahim, también a caballo entre el exilio estadounidense y las tradiciones sonoras locales, que dio pie al nacimiento del Cape Jazz en Ciudad del Cabo. Y el trompetista Hugh Masekela, que se inventó esa especie de blues sudafricano entre Johannesburgo y Nueva York. Todos ellos pioneros que estaban mostrándole al mundo las direcciones que iba a tomar la música africana en las próximas décadas, cada unos con sus reivindicaciones, y que encontraron su reflejo en la lucha por los derechos civiles abanderaba en Estados Unidos por otros músicos afrodescendientes como Sonny Rollins.

El mérito de Astatke fue introducir instrumentos occidentales asociados al jazz, como el piano eléctrico, el contrabajo, el órgano Hammond, la guitarra con efectos como el fuzz o el wah wah y su propio vibráfono para crear música etíope. Y mezclarlos, a su vez, con instrumentos tradicionales de su país como el washint, el krar, el masenqo o el kebero.

Una osadía que le valió muchas críticas al regresar a su país poco antes de la dictadura de Mengistu, convencido de que era allí donde debía estar para desarrollar el Ethio-jazz a pesar de la censura. No hay que olvidar que la conservadora sociedad y el Gobierno etíopes, históricamente independientes de los colonizadores europeos, eran muy reticentes a permitir cualquier intromisión extranjera en su cultura. «Ahora tenemos muy buenos músicos e infinidad de instrumentos. No cabe duda de que Etiopía es uno de los países más ricos del mundo culturalmente hablando, pero al principio aquella fusión fue muy difícil. Nadie comprendía el Ethio-jazz cuando empecé con él hace cincuenta años. No había nadie a mi alrededor, estaba yo solo. Todo el mundo vino después de Mulatu, amigo», añade.

Astatke (al bongo), junto al grupo con el que actuará en el festival La Mar de Músicas
Astatke (al bongo), junto al grupo con el que actuará en el festival La Mar de Músicas - A. M.