El escritor jienense Emilio Lara
El escritor jienense Emilio Lara - Pep Dalmau
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«Tiempos de esperanza», el ayer es el hoy y el mañana para Emilio Lara

Emilio Lara se ha alzado con el Premio Edhasa de Narrativas Históricas con esta novela que recrea, entremezclando realidad y leyenda, la llamada cruzada de los niños, acaecida en 1212

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Una cita de Benedetto Croce, «Toda historia es historia contemporánea», da paso a la última novela de Emilio Lara (Jaén, 1968), profesor y autor de dos obras de ambientación histórica muy distintas, «La cofradía de la Armada Invencible», que tuvo un éxito de público inusitado al publicarse en 2016 , y «El relojero de la Puerta del Sol», aparecida al año siguiente. De esta última tengo que decir que me causó una sorpresa enorme por la cantidad de recursos que Lara empleaba de una manera inteligente y eficaz, sí, pero que revelaba una inspiración luminosa en la estructura de la narración al combinar la vida de un relojero, que aprende en Londres el oficio y luego construye el reloj que nos acompaña desde hace decenios a los españoles que tomamos las uvas en Nochevieja, con una novela de corte dickensiano y, a la vez, un panorama histórico del Madrid de ese momento. «Tiempos de esperanza» se desarrolla en la época de la legendaria Cruzada de los Niños, de la que existen más de siete versiones.

Hay historiadores que dicen que ni siquiera existió, pero ha surgido toda una literatura en torno a ella, desde servir de paisaje a «El flautista de Hamelin», hasta ser motivo de inspiración de variadas obras, desde la ya clásica de Marcel Schwob hasta el polaco Jerzy Andrzejewski en «Las puertas del paraíso», pasando por la inquietante «Matadero cinco», de Kurt Vonnegut, que precisamente se subtitula «La cruzada de los niños», en clara alusión metafórica a la matanza de los pequeños y el bombardeo de Dresde, y llegando incluso en nuestra lengua al relato de Mario Vargas Llosa «El barco de los niños». Desde luego el tema es fascinante.

La leyenda más canónica

De las versiones existentes, Emilio Lara ha recurrido a la leyenda más canónica, la del pastorcillo Esteban de Cloyes que, cerca de Châteaudun, en el mes de junio de 1212, aseguró que portaba una carta de Jesucristo al rey de Francia. Se le unieron en el peregrinaje a la capital más de treinta mil personas y el monarca, cuando recibe la misiva, se toma a broma el mensaje. Pero Esteban, en un segundo intento, cuando Jesús se le presenta como a Juana de Arco y le dice que vaya él mismo a Jerusalén, reúne a más de 30.000 niños que terminan muriendo en el camino a Niza donde deben embarcar. Llegan allí, finalmente, unos 20.00 que terminan siendo vendidos en el viaje como esclavos

Parece ser que los niños no eran tales sino pobres que en la época la gente llamaba «pueri» y que los franciscanos mismo contribuyeron a ello porque ese estado era el de la santidad. Emilio Lara, de forma sagaz, opta por mezclar leyenda con realidad histórica y de esa manera el movimiento milenarista de los niños, la Cruzada de la Inocencia, se entrelaza con las revueltas del hambre que asolaban Europa en aquel entonces. Del otro lado, Muhánmad Al Nasir, el cuarto califa de la dinastía almohade, al que en España conocemos como Miramamolín, fue el gran derrotado en las Navas de Tolosa ese verano de 1212, batalla promovida por el Papa Inocencio III como Cruzada, que produjo un odio terrible y una sed de venganza en los musulmanes.

Chivos expiatorios

Emilio Lara combina con habilidad estos dos grandes acontecimientos entre cristianos y musulmanes introduciendo el tercer elemento en discordia, el de la población judía, doblemente sospechosa porque habitaba en las tierras de unos y otros y según fuera la cosa, se tomaban represalias contra ellos, acusándoles de los mayores males. Los chivos expiatorios. Antonio Lara se centra sobre todo en la Francia de Felipe II, pero no descuida el contraste que le ofrece la Sevilla de Miramamolín.

Con esta disparidad perfila una historia de nítidos personajes que representan a los protagonistas de aquellos tiempos terribles y fascinantes: Juan, el hijo de un noble de Castilla, al que se le unen por tierras francesas Pierre y Philippe y Raquel y Esther, dos judías que huyen del obligado antisemitismo, mientras por ahí aparece Francesco, clara alusión al de Asís, que se redime a través del amor.

Una novela perfectamente acabada, sutil, muy bien trabada, a la vez que un logrado fresco de la época.