Una escena de «El Pabellón de las Peonías»
Una escena de «El Pabellón de las Peonías»
TEATRO

El sueño es la vida

Se traduce al español la obra cumbre de la dramaturgia china. Su autor, Tang Xianzu, es comparado con Shakespeare y Cervantes

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Uno, en su ignorancia, mira hacia los confines literarios chinos con la fascinación de quien se asoma a otro planeta y busca correspondencias o filiaciones que lo ayuden a encontrar un punto de apoyo donde reposar su deslumbramiento. En el caso de Tang Xianzu (1550-1616) se produce una conjunción cósmica, llamémosla así, que propicia el parangón: murió en el mismo año que lo hicieron William Shakespeare y Miguel de Cervantes, y su nombre se codea con el de estos dos gigantes. Fue Xianzu un funcionario que vivió a finales de la dinastía Ming (1389-1644) y tuvo una carrera salpicada de dificultades durante la que fue componiendo sus poemas y obras teatrales. Ya pasada la treintena, consiguió aprobar el examen imperial una vez fallecido el gran secretario Zhang Juzheng, a causa de cuya ojeriza nuestro hombre fue repetidamente postergado. Ocupó diversos cargos menores y una crítica política le llevó al exilio.

Tras ser rehabilitado, ejerció como magistrado en Suichang entre 1593 y 1598, periodo durante el que escribió la pieza fundamental del teatro chino, El Pabellón de las Peonías o Historia del alma que regresó, antes de dejar su trayectoria administrativa y volver a su Linchuan natal para cuidar a sus padres y dedicarse por entero a la escritura. La edición conjunta de sus piezas teatrales, escritas todas por esas mismas fechas, a excepción de la primera, Historia de la horquilla púrpura, que data de 1577, tiene un título que rezuma esencias orientales, Los cuatro sueños del Pabellón de la Camelia de Jade de Linchuan, y da idea del refinado y barroco estilo de Tang Xianzu, propulsor de una forma teatral que recibe el nombre de chuanqi, literalmente, «transmisión de lo extraordinario», según aclara la traductora. Todos estos datos los ofrece la gran sinóloga Alicia Relinque Eleta en la introducción de este libro maravilloso, cuya proeza de traducir por vez primera al español ha culminado con brillantez. Conviene aclarar que el teatro chino era teatro musical, por lo que Relinque diferencia de las parte habladas las arias sucesivas con un sangrado y letra cursiva e incluyendo «entre corchetes ‘el aire musical’ en que se entonan».

Un gran fresco social

El Pabellón de las Peonías es también una historia compleja y arrebatada en la que se trenzan las tres grandes fuerzas temáticas que marcan su respiración: los sueños, la muerte y el amor. Por la obra, que alterna momentos de encendido lirismo con otros de rotunda densidad dramática o carácter humorístico, desfilan guerreros, magistrados, personajes pintorescos, deidades, monjes... Un gran fresco social que revela la estructura jerárquica de la sociedad china, las rígidas relaciones familiares y la transgresión que suponía la libre pasión amorosa.