«PA 1», óleo sobre lienzo de 1959
«PA 1», óleo sobre lienzo de 1959
ARTE

La solución colectiva de Equipo 57

La galería Guillermo de Osma acoge el trabajo de Equipo 57, pionero del arte geométrico en España, cuya labor estuvo marcada por el compromiso social

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En 1957 aparecieron en la escena artística española tres grupos abstractos. Uno de ellos, El Paso, configuró poéticas informalistas a través de la subjetividad y el gesto; los otros dos, Parpalló y Equipo 57, fueron el punto de arranque de la abstracción normativa en nuestro país. La actual cita en la galería Guillermo de Osma recupera óleos, gouaches y esculturas producidos por Equipo 57, cuya nómina oficial estuvo formada por Juan Cuenca, Ángel Duarte, José Duarte, Agustín Ibarrola y Juan Serrano. Se trata de una buena oportunidad para revisar un eslabón esencial y poco conocido del arte español, si bien el alcance de su propuesta siempre superó la dimensión del objeto: fueron sus conferencias, encuentros, debates y publicaciones las que vertebraron una actitud experimental inédita en el contexto nacional.

La producción pictórica de Equipo 57 se configuró a partir de áreas planas de color, separadas entre sí por bordes nítidos, que establecían juegos de intersecciones y desajustes. Su trabajo escultórico se basó en una investigación que aunaba los principios del constructivismo ruso con las indagaciones de Oteiza acerca del plano en movimiento. Pero, sobre todo, su discurso se posicionó al margen del individualismo practicado por la abstracción expresionista española; de tal manera, aunque sus obras las mate- rializara una sola mano, se discutían, se conceptualizaban y se firmaban como grupo.

El lenguaje de Equipo 57 excluyó la expresividad del individuo, buscó soluciones colectivas y apostó por la racionalización del hecho artístico. El resultado fue una propuesta tan radical como hermética que, si bien excluía referencias políticas explícitas, siempre anheló una dimensión transformadora. En su primer manifiesto, «Interactividad del espacio plástico», llevaron a cabo su declaración de principios no como creadores individuales de productos artísticos, sino como un grupo que trataba de incidir en el ámbito social. Y ante la conciencia de la incapacidad de la abstracción normativa para transformar la realidad, optaron por introducirla en la vida cotidiana a través de la arquitectura y el diseño.

Este último aspecto, que implicaba hacer operativo el arte a través de contextos no específicamente artísticos, fue una de sus apuestas más polémicas. Como señalara el historiador Valeriano Bozal, en un país económicamente subdesarrollado, con un diseño industrial apenas incipiente, estas aplicaciones prácticas resultaron meros objetos de galería. Pese a ello, lo cierto es que Equipo 57 fue capaz de interpelar las contradicciones que suponía la abstracción como agente de cambio social. Una cuestión que apenas tuvo eco en los círculos informalistas.

En el margen

En el proceso de tímida apertura del régimen iniciado a mediados de los cincuenta, el arte abstracto funcionó en dos direcciones: por un lado, representó el vehículo con el que los artistas pudieron reactivar una vanguardia colapsada desde la Guerra Civil; por otro, el régimen asumió su promoción con el objetivo de proyectar internacionalmente una imagen de normalidad y de modernidad.

Pero dicha estrategia alcanzó solo a los discursos informalistas, cuyo individualismo y vínculos con la tradición barroca nacional se amoldaban a los presupuestos ministeriales. Por el contrario, las apelaciones grupales, sociales y críticas de Equipo 57 provocaron que Luis González Robles, comisario del aparato estatal, frenara su expansión dentro y fuera de España. Desactivados desde el poder, algunos de sus miembros dieron un paso hacia la figuración dentro del grupo Estampa Popular, posiblemente en una búsqueda de la eficacia social del arte que la abstracción no les había permitido lograr.

Disuelto como grupo en 1962, la breve experiencia de Equipo 57 dejó una influencia notable en el arte cinético y en otras experiencias como la del Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid. Pero, sobre todo, ha legado una herencia que hoy podemos localizar en aspectos como la eficacia del trabajo artístico colectivo, la priorización de la dimensión teórica y la comprensión del arte como forma de conocimiento.