«El disfraz de Hermano, padre, hijo», de Manuel León Moreno
«El disfraz de Hermano, padre, hijo», de Manuel León Moreno
FRAGMENTOS DE UN DIARIO ÍNTIMO

Si los muertos nos acompañan. Diario de Semana Santa

Semana Santa en Barcelona. Ensayando una obra de teatro sobre la correspondencia entre Henri Miller y Anaïs Nin y a punto de poner el punto y final a «Cerrado en rojo. Estudio sobre el silencio», un documental autobiográfico sobre el duelo

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MARTES 11 DE ABRIL DE 2017. Y sí, debería entregar el guion definitivo del documental en menos de una semana. Lo dice un postit pegado a la pantalla del ordenador, la misma frase en rojo repetida cada lunes en mi agenda: «escribir nuevo texto docu». Así que esta mañana he vuelto a ponerme desde cero con la voz en off. El otro día por fin quedamos con Leo, que hará la banda sonora de la película. Es el único que la ha visto de momento. Me dijo que el tono en general era muy melodramático. Lo hizo con mucho tacto, cariño y con mucha razón también. Pero igualmente, me mató. Mi cabeza entró en un bucle terrible tratando de encontrar la forma de arreglar semejante desastre. Lo último que quiero es que la película sobre mi madre haga que la gente se revuelva incómoda en sus asientos porque no soportan mi voz relatando yo ya no sé el qué. Carlos me dijo que algún día tendría que asumir que la protagonista no era ella, sino yo. El arte oscila en un perfecto equilibrio entre el más puro egocentrismo y la mayor entrega que un ser humano puede hacerle a otro, la de su vulnerabilidad.

Cuando estaba a punto de tirarme por la ventana me ha escrito Andrés. Me dice que si nos tomamos una cerveza hoy. Le digo que sí. Después de quedar con Rubén por la tarde, para entregarle los nuevos offs (los que haya conseguido reescribir) para que remonte la película por trimillonésima vez, no tenía nada que hacer.

Andrés me ha llevado a cenar a El Xampanyet y se ha ofendido porque le he dicho que era un local para guiris. Aunque ya que ellos se están quedando con nuestras casas, quizás deberíamos reconquistar sus bares. Andrés es de Venezuela y lleva doce años aquí en Barcelona. Él es pura explosión y amor por la vida. Entre cerveza y cerveza me pregunta sobre el final de temporada de Mirta en espera, mi obra de teatro. Me encanta su acento. «Bergue, pingue, qué bueno, qué exito, qué bien, chama, quiero ir a verte». Desde que empecé con Mirta, esta frase, la de «quiero ir a verte», la he escuchado muchas veces. Pero hechos son amores, que decía mi madre.

MIÉRCOLES 12 DE ABRIL DE 2017. Tengo resaca. Andrés se ha estado enviando audios con sus colegas de Venezuela mientras yo recogía mis cosas. A Maduro le han lanzado objetos contundentes tras culminar el acto que conmemoraba el bicentenario de la batalla de San Félix en Puerto Ordaz. Me he tomado un café sin azúcar (porque Andrés no tenía en casa) y me he ido a coger el metro en la parada de Jaume I. Hoy ha hecho un día precioso de primavera barcelonesa. Una de las cosas que más feliz me hace de vivir en Barcelona es su primavera.

Mierda, me he dejado los pendientes en casa de Andrés.

SÁBADO 15 DE ABRIL DE 2017. El ensayo con Carlos ha sido maravilloso, cada vez estamos entrando más en Henry y Anaïs, pero se nos ha vuelto a romper la cama. Cama que es prácticamente toda la escenografía de la obra, aunque por lo menos en esta ocasión no ha caído encima de mi mano aplastándola como la otra vez. Nos hemos gastado ya quinientos euros en comprarla y repararla y parece que tendremos que invertir trescientos más. ¡A nosotros que en nuestra escuela nos instruyeron en el teatro pobre de Grotowski! Nos estamos planteando hacer un crowdfunding. Por muy bien que vaya la obra después, vamos a tardar un rato largo en recuperar la inversión, la sala se quedará el cincuenta por ciento de la taquilla y el Estado el 21 por 100 de IVA. Sí, ya, que lo van a bajar.

Me ha escrito Pol para vernos hoy a las seis. Pol me desconcierta. Hace un mes que no nos vemos. Quedamos en el Mend’ls, sé que odia los sitios hipster, por eso me encanta llevarle a ellos. Le han servido la cerveza en un tarro y su cara ha sido un poema. Me había dicho que había quedado para cenar, pero al final se le ha anulado el plan y hemos cenado juntos. Paso del blanco al tinto. Viva la Semana Santa. Le he enseñado un pequeño vídeo del ensayo con Carlos que nos grabó Rubén el jueves. La imagen es brutal, un neón rojo al fondo, con Berlin By Overnight de Max Richter sonando y Carlos y yo uniendo nuestros perfiles en una coreografía improvisada pero ejecutada con perfecta simetría temporal. En verdad quiero que a Pol le dé celos.

Nos hemos puesto bastante espesos hablando de lo que ocurre entre nosotros. Le he dicho que necesitábamos ir a bailar, aunque no sabía muy bien adónde y de repente han aparecido unas amigas con un flyer de una fiesta de cumbia justo al lado. Milagro. Pol se anima y vamos.

Hemos salido a fumar y José, un amigo de estas amigas, me pregunta que en qué estoy ahora, que siente no haber venido a ver Mirta en espera. Le digo que no se apure, que si me enfadase con todos los que me dicen que van a ir a verme al teatro y no lo hacen tendría el hígado reventado. Le cuento que estamos haciendo una obra de teatro basada en la relación de Anaïs Nin y Henry Miller. «Ah, sí, Miller me suena, pero ella no sé quién es». Siempre igual, he oído lo mismo desde noviembre cuando comenzamos a ensayar. A ella no la conoce ni El Tato. De manera que le ha tocado escuchar un buen rato mi speech sobre el patriarcado y sobre cómo las mujeres han sido y siguen siendo invisibilizadas en el arte. A veces me agoto a mí misma con tanto discurso, pero me enciendo y tengo que soltarlo. Y es que además el propio Miller le dice a Nin que «Dado que eres una mujer y que el arte es masculino…». Mato.

Otra vez me he vuelto a emborrachar, parece que vivo en una Última cena constante. Es genial bailar con Pol, él es catalán pero a los siete años se fue a vivir a Puerto Rico. Cómo mueve las caderas, cómo me abraza y me lleva de un lado a otro. Le digo que se quede, pero no está de humor. Aunque por lo menos me ha besado apasionadamente antes de irse. Bona nit me escribe luego al wassap. Sin embargo, yo querría decirle Bon dia.

MARTES 18 DE ABRIL DE 2017. Se me ha escapado el V11, así que me he ido al Bracafé de enfrente a por un cortado para llevar, son las ocho y media de la mañana. Yo siempre he sido de madrugar, pero con los horarios del teatro me he tenido que acostumbrar a estar activa por la noche y ahora no me acuesto hasta las dos de la mañana de media cada día. Así que hoy he querido morir cuando ha sonado el despertador. Los chavales del instituto han estado muy dispersos hoy, me he dejado la voz tratando de explicarles qué es realmente comunicar. A veces me pregunto si habrá alguien entre ellos interesado de verdad en el teatro, ojalá pueda darme cuenta a tiempo.

Después he tenido ensayo con la compañía de improvisación, estamos trabajando el género musical estos días y el director quiere que lo pongamos ya en práctica este sábado en el Teatreneu. Luego he ido al gimnasio y casi no llego a la hora a recoger la escenografía de Mirta al Llantiol. He sacado las cosas de allí después de un año yendo cada martes. La gente me pregunta si la echo de menos. Y la verdad es que no, Mirta sigue conmigo, la llevo dentro, aunque quisiera, no hay adiós definitivo posible. Esto me hace pensar en mi madre, en si realmente es posible despedirse de la persona que te ha llevado en su interior. Casi sería como decirte adiós a ti misma.

JUEVES 20 DE ABRIL DE 2017. Y todavía no he conseguido acabar del todo los offs de la película. Me encantaría que fuese verdad que los muertos nos acompañan y nos guían. Si es así, mi madre tiene que estar hasta el moño de que no me aclare con el documental. Llevo cinco años con él. Cinco. Pero me he dado un descanso, siento que aún estoy demasiado enfadada.

Me he puesto a leer los «Diarios» de Anaïs. «Estar siempre dándome contra las paredes que me aprisionan ha sido el único elemento que me ha obligado a adentrarme en la sublimación». A este paso debería empezar a acolchar las mías.

Aunque, en realidad, mamá, yo solo espero que estés orgullosa de mí.