Instalación «Raytrace», de Benjamin Hubert, para Cosentino
Instalación «Raytrace», de Benjamin Hubert, para Cosentino
DISEÑO

La semana del diseño de Milán, en su callejón sin salida

Por segundo año consecutivo, el Salone del Mobile de Milán –y todos sus «eventos colaterales»– vuelven a incidir en una necesaria conciencia ecológica. La edición, en cualquier caso, no estuvo exenta de hallazgos y polémicas

MilánActualizado:

La inauguración del Salone del Mobile de Milán se simbolizaba este año con el corte de un lazo tricolor. La foto estaba en los periódicos y mostraba nada menos que a diez hombres encorbatados y elegidos para la ocasión. Como es natural, las redes ardieron, las mujeres enfurecidas por el modo en que fueron «olvidadas» crearon su propio hashtag #siamodipiu (somos más) para poner de relieve el agravio. Por fortuna, el alcalde de la ciudad, Beppe Sala, pidió debidas disculpas con gran respeto a esas mujeres que no estaban en la foto.

La cosa tiene su miga teniendo en cuenta que son legión las mujeres que instigan la buena práctica del diseño, desde autoras como Patricia Urquiola o Hella Jongerius, a productoras como Patrizia Moroso o galeristas como Rossana Orlandi o Nina Nilufar.

El medio ambiente en el punto de mira

Por lo demás, tanto en el Salone como en las exposiciones por la ciudad, se insistió esta edición en lo que ya comentamos el año pasado: tanto diseñadores como productores se toman en serio el asunto de la polución del planeta. Y, sin que se resuelva esta cultura del usar y tirar en la que estamos inmersos, sí hay grandes esfuerzos por encontrar tanto nuevos métodos de producción que simplifiquen y hagan posible el reciclaje y segunda vida de los muebles –por ejemplo, «Costume», de Stefan Diez para Magis–, como nuevos materiales que poco a poco sustituyan a los plásticos o que los reciclen con eficacia. Es el caso de la última silla «On and on», de Barber&Osgerby para Emeco, hecha de un particular plástico reciclado que a su vez se puede volver a reciclar indefinidamente.

Materiales nuevos salidos de los residuos de los hornos de las plantas de reciclaje, del reciclado del pelo humano, de los residuos de la leche, de las fibras del yute...

Son incontables las instalaciones que se encuentran por la ciudad en las que un diseñador nos muestra las características y posibilidades de un material. Así ocurre con la firma española Cosentino, para la que el diseñador Benjamin Hubert ha realizado «Raytrace», aprovechando la oportunidad para explorar el modo en que la luz viaja a través del agua y se refleja en el material en cuestión, el dekton.

Otro material que se puso de relieve fue el creado por el dúo Formafantasma para la firma Dzek, un proyecto llamado «Ex Cinere». Ellos investigaron las posibilidades de la lava volcánica en la producción de azulejos vidriados, con cinco tonos de color resultantes de la mezcla en distintas cantidades y densidades de este material.

Instalación «Ex Cinere», de Formafantasma, para Dzek
Instalación «Ex Cinere», de Formafantasma, para Dzek

La exposición «L’ultima cera» de Antón Álvarez, comisariada por Nicolas Bellavance-Lecompte, fue otro ejercicio en el que el diseñador explora el bronce, material con el que nunca ha trabajado, de una manera totalmente innovadora, utilizando su propia máquina «Extruder» para realizar unos elementos de cera que mas tarde llevará a fundición. El diseñador solo parcialmente tiene control sobre el resultado final, dando espacio a lo inesperado.

Lo nunca visto

También en Alcova, el sitio que desde el año pasado es el núcleo duro de la vanguardia, vimos una colección de proyectos del holandés New Material Award en la que la investigación en nuevos materiales era el tema principal. Materiales nuevos salidos de los residuos de los hornos de las plantas de reciclaje, del reciclado del pelo humano (ligero y con grandes propiedades aislantes), de los residuos de la leche, de las fibras del yute, de los productos electrónicos obsoletos, las algas, el compuesto de bambú e incluso de la sangre producida en los mataderos. Todo está sujeto a la posibilidad de producir materiales sostenibles que no agoten nuestros recursos naturales.

Se insistió esta edición en lo que ya comentamos el año pasado: tanto diseñadores como productores se toman en serio el asunto de la polución del planeta

Este año también tocaba Euroluce, dedicado a las novedades en iluminación. Con este motivo, la empresa Louis Poulsen presentó la lámpara de techo «OE Quasi», de Olafur Eliasson, un artista que domina la luz como medio y que, en esta ocasión, pudo trabajar con los sistemas de producción en masa propios de la industria. La lámpara tiene una estructura externa en aluminio que forma un icosaedro dentro de la que se encuentra un reflector de policarbonato en forma de dodecaedro, invirtiendo así, en un interesante trastoque de prioridades, la norma que sería la estructura por dentro. También el aluminio es reciclado en un 90 por ciento. Como ven, la industria responde al problema.