Navarro-Valls con Juan Pablo II en un viaje
Navarro-Valls con Juan Pablo II en un viaje
LIBROS

El secreto de Joaquín Navarro-Valls

A punto de cumplirse dos años de su muerte, su hermano recopila testimonios sobre el que fuera portavoz del Vaticano

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Ni el pontificado de Juan Pablo II se entendería sin la magia de quien fue su portavoz, Joaquín Navarro-Valls, ni la personalidad de este periodista se comprendería sin la influencia que sobre él ejerció un papa que supo cautivar a las audiencias. El próximo mes de julio se cumplirán dos años del fallecimiento de quien fue médico psiquiatra, periodista y corresponsal de ABC en Roma y Oriente Próximo. Con su esfuerzo hizo posible que el Vaticano rompiera la inercia de entender que los medios son instrumentos que hay que utilizar para transmitir el mensaje y se metiera de lleno en la cultura que generan los principales intermediarios sociales. En varias ocasiones se cuenta en este libro que cuando Juan Pablo II invitó por primera vez a comer a quien era entonces presidente de los periodistas extranjeros en Roma, le preguntó qué es lo que necesitaba la Iglesia en el ámbito de los medios. El cartagenero le respondió sin dudar: «Una revolución».

Las dos orillas

Ahora, el jurista Rafael Navarro-Valls, hermano de Joaquín, ha tenido la osadía de recopilar una veintena de testimonios de personalidades que conocieron y trabajaron con Joaquín. Interlocutores de las «dos orillas» del margen de los medios y del de la iglesia y de la institución a la que pertenecía Navarro-Valls, el Opus Dei. En Italia, a cargo de Paolo Arullani y editada por Ares, apareció no hace mucho otra obra homenaje. En este volumen se recogen algunos de los testimonios allí publicados. El interés de este libro, en ausencia de unas memorias que nos hubiera legado el homenajeado, no solo está en la pluralidad de perspectiva nada afectadas con la que se nos presenta el perfil humano, profesional y cristiano de Joaquín Navarro-Valls.

Nunca se negaba a contestar una pregunta ni tuvo miedo a decir las cosas como son

Radica también en que de las colaboraciones se desprende una serie de claves sobre la comunicación institucional y, en particular, sobre la comunicación de la Iglesia. Claves que bien pudieran conformar el «secreto» de Navarro-Valls, de su forma aristocrática de entender las relaciones con los medios, de su comprensión antropológica de la comunicación y de su amor apasionado a la Iglesia. El método Navarro-Valls se basaba, entre otros, en los siguientes principios: como director de comunicación quería saberlo todo de su jefe, entender la razón de lo que el papa hacía o decía para poder comunicarlo; se empeñó en que la Santa Sede no debía presentarse como el adversario conservador, sino como una fuerza positiva para el cambio en el mundo; con esfuerzo, y no pocas incomprensiones, apostó por hacer sentir a la secretaría de Estado del Vaticano y a los funcionarios de la cosa y de la causa, que siempre los hay, que para una adecuada línea de gobierno había que tener en cuenta que las decisiones tanto disciplinares como doctrinales, incluso las pastorales, no se pueden tomar al margen de la comunicación.

Nunca se enojaba con los periodistas, ni se negaba a contestar una pregunta ni confundió evangelización con comunicación. Por último, jamás tuvo miedo a decir las cosas como son, a explicar lo más complejo, como que el papa tenía Parkinson. Lo importante para Navarro-Valls era no callarse el mensaje por complicado que fuera, sino presentarlo de forma atractiva.