Rufus Wainwright
Rufus Wainwright - ha recalado recientemente en Madrid
CINCO MINUTOS DE GLORIA

A secas, Rufus Wainwright

El cantante canadiense ha hecho de España su «casa»

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No es la primera vez que escribo sobre Rufus Wainwright. Subido a un escenario representa al hombre orquesta perfecto: canta, toca el piano, la guitarra y se disfraza de divo emplumado como si cada una de sus actuaciones fuera una ópera bufa barroca en su máximo apogeo. Y aquí estoy de nuevo porque ha pasado, una vez más, por España y he ido a verle y a aplaudirle hasta que me salía humo de las manos. El aforo del madrileño Teatro Apolo rebosaba de fervientes seguidores, pero es que hace menos de un año sucedía lo mismo en una actuación veraniega en las llamadas Noches del Botánico y hace dos, en el Teatro Real, donde estaban él solo y un piano sobre el escenario. A pelo, bajo esos focos de luminosidad cegadora, y como solo saben aguantar quienes tienen bemoles. A Rufus le gusta España tanto como a su admirado Leonard Cohen, a cuya hija llamó Lorca -adivinen a santo de qué y de quién.

«El hombre orquesta perfecto: canta, toca el piano... y se disfraza de divo emplumado»

Wainwright ha recalado en Madrid con la gira que celebra el 20 aniversario de su carrera. En la imagen de portada de «Poses», su segundo disco, parece un adolescente de andrógino perfil -le quedan por pasar la dolorosa muerte de su madre, Kate McGarrigle, y ciertos coqueteos con las drogas para cerrar esa herida que supura aún en cada concierto-. Ahora se planta ante nosotros como un hombre hecho y derecho que siempre que tiene público le suelta un bofetón a Trump y a su populismo de nuevo rico. Wainwright es canadiense y se puede permitir esos aires de superioridad en cuanto se quita el sombrero.

Arranca el concierto con un tema que dedica a Barcelona y a España. Picotea alguna palabra en castellano y chapurrea anécdotas sin fin sobre Cohen, sus padres… Se sienta al piano, coge la guitarra, gorgorito va, gorgorito viene. Y nos deja con el alma en un puño cuando de su garganta brota una de las más hermosas canciones de Joni Mitchell, «Both Sides Now». Hasta la vuelta Rufus, allí estaré para que me regales los oídos mientras cada día molestan más los gritos y ruidos de fondo.